Entrevista con Mauricio Tinari, ingeniero Zootecnista, especialista en la cadena Agromonte
A partir del desarrollo del agromonte y la capacitación en comunidades de base, la formación agronómica termina haciendo un aporte fundamental para la mejora de la calidad de vida en la región.

 

Buenos Aires, sábado 24 de octubre (PR/26) .- Mauricio Tinari es ingeniero zootecnista, y egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y desde hace una década está radicado en la localidad chaqueña de Juan José Castelli, en la región conocida como El Impenetrable.

“Siempre pensé que trabajaría con pequeños productores, pero nunca imaginé que terminaría trabajando con comunidades indígenas”, confiesa Tinati en el marco de esta entrevista para el ciclo Cosecha Propia, de la facultad.

El eje de su trabajo con las comunidades es el agromonte, una técnica de producción que ya está dando resultados concretos, y gracias a la cual muchas familias han podido duplicar y hasta triplicar sus ingresos a través de la producción y comercialización de hortalizas agroecológicas.

¿Cómo fue que decidiste estudiar en la Universidad de Lomas de Zamora?
A diferencia de muchos otros estudiantes, tuve una vocación muy marcada desde muy chico. Desde los 10 u 11 años sabía que quería dedicarme al campo, que quería trabajar con pequeños productores, y a los 12 años empecé una escuela técnica, en el Instituto San José, donde el profesor Néstor Urretabizcaya, hoy decano de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNLZ, fue mi profesor en varias materias. Lo tuve a lo largo de 5 años, y cuando fui terminando mi formación secundaria como técnico agrónomo, tenía muy claro que quería seguir estudiando algo relacionado a esto, y empecé a estudiar Zootecnia.
Me llamaba mucho más la atención la producción animal, no me interesaban tanto los cultivos extensivos. La formación agronómica tenía mucha más formación en ese sentido, así que me volqué a la zootecnia. Soy nacido en Lavallol, así que estaba muy cerca de la facultad, iba en bici, me quedaba más cerca la universidad que el secundario, en realidad.

¿Y cómo fue tu paso por la universidad? ¿Te resultó fácil, más allá de que tenías esta vocación ya desde chico?
En comparación con el resto de los compañeros, yo tuve mucha más facilidad también, y pude meter la mayoría de las materias al principio. Después pasa esto, que uno anda caminando y se tiene que subir a un Fórmula 1 que le pasa por el costado, pero me pude adaptar bastante rápido.Pude avanzar, así hice la carrera en seis años, o seis años y medio, que fue un buen promedio.

¿Qué fue lo más importante de tu paso por la facultad?
Principalmente, los contactos con los profesores. Tuve muchas personas que me inspiraron como para tomar el camino que terminé eligiendo. Con el profesor Gustavo López hicimos varios viajes a distintos lugares, estábamos tratando de caracterizar la oveja criolla, y ahí es donde yo me empiezo a rozar un poco con estas otras realidades, que salían de todo el mundo del agronegocio en el que estaba más inserto, donde es más fácil también ingresar y hay más propuestas laborales. Ahí es donde empiezan a salir algunas de mis inquietudes sociales y a volcarme para ese lado para terminar mi formación.

¿Al final de la carrera tenías la idea de trabajar en agroecología o surgió después que te recibiste?
Desde la adolescencia que quería trabajar con pequeños productores, no pensé que iba hacerlo también con pueblos indígenas, cazadores-recolectores. Probablemente ni sabía que existía esta realidad.

Hoy vivís en Chaco ¿en qué localidad estás?
Vivo en Juan José Castelli, que es el noroeste del Chaco, es donde empieza la zona que se conoce como El Impenetrable, que tiene unas 4 millones de hectáreas.

Desde Buenos Aires y desde el desconocimiento, es como una zona quizás inhóspita y es difícil quizá desarrollar una carrera profesional ahí. ¿Cómo lo vivís desde tu lugar?
Cuando llegué a esta zona me pareció que había muchas cosas para hacer y muchas oportunidades. Estaba todo prácticamente por desarrollarse, y eso fue lo que más me llamó la atención y que me inspiró a decir bueno, me quedo acá como profesional y ya estoy hace unos diez años.
Por otro lado, había muy pocos profesionales y pasa que uno con alguna cosita que hace ya encuentra bastante trabajo y nichos donde apoyarse.

Explícanos brevemente de qué se trata el agromonte y cuál es el foco de tu trabajo actual.
En Buenos Aires uno de los últimos trabajos que había hecho, había desarrollado un emprendimiento de horticultura orgánica, y cuando vine para estos lados me contrataron, en principio, para desarrollar un proyecto de horticultura con comunidades wichí de la zona de El Impenetrable. Empezamos a desarrollar horticultura y lo que nos pasaba era que fallábamos sistemáticamente durante dos años por el tema de las inclemencias climáticas, desde el estrés térmico hasta la helada, después venía la sequía, o se inundaba. Es complejo el clima y una limitante bastante fuerte. Ahí es donde empezamos a ver que cada vez que queríamos desarrollar lo de la horticultura orgánica y fallábamos, el monte seguía en pie, seguía verde y seguía produciendo fruta. Entonces dijimos, ‘bueno, acá hay un conocimiento que tenemos que rescatar’.
Así empezó todo un trabajo de rescate desde cultural, con las comunidades hasta ver también qué especies se podían incorporar en conjunto con la huerta. Ahí es que fuimos desarrollando hace unos 10 años este sistema agromonte, que es también conocido como agricultura sintrópica o agrofloresta (en portugués), que ya existe en otros lugares. Está muy desarrollado para la zona húmeda, pero para la zona semiárida no tanto. En el Chaco hay muy pocas experiencias, así que empezamos a realizarlo y tuvo un grado de adopción de la técnica muy alta.

O sea, es una técnica de cultivo.
Sí, es una técnica de cultivo, uno trabaja en estratos y en la sucesión del tiempo. Tenés que sembrar en varios pisos y maximizar la productividad de tu espacio. Además, estos tipos de cultivos son mucho más resilientes al cambio climático, que vemos que cada vez afecta más en la productividad, principalmente en ambientes marginales.

¿Y tuvo una buena recepción por parte de los agricultores?
Sí, pero no son agricultores, sino comunidades cazadoras-recolectoras, y para muchas es su primera experiencia.

¿Es producción para subsistencia?
Bueno, la idea es que para que funcione el sistema tiene que haber un poco más que subsistencia, sería ya la venta de excedentes, que eso es lo que hace que la gente adopte completamente al sistema. Pero tenemos un grado de adopción muy alto y también de reproducción. Desde que empezamos el primer proyecto con 10 predios, ahora tenemos unos 300 predios produciendo en cuatro provincias distintas.
Si bien las superficies no son muy grandes, sí el beneficio económico de las personas y también indicadores tan importantes como la desnutrición infantil, que se mueven con estas pequeñas iniciativas.

¿En qué provincias están en este momento además de Chaco?
Trabajo en Formosa, Salta y Santiago del Estero, todo en la zona semiárida, en la región chaqueña.

Encuentran en esto una alternativa para zonas o climas que no son tan favorables como la agricultura extensiva.
Sí, exactamente. Y también de a poco lo que fue pasando es que otros productores más grandes se fueron interesando en esta técnica. Hace 15 días fui a dar una charla al Congreso de Aapresid y nos reunimos con seis productores de granos que tienen un montón de problemas también con el sistema de cultivo, que es el imperante, la agricultura extensiva como se viene haciendo. Si bien empezaron a cambiar algunas cosas como los cultivos verdes y demás, hay problemas que todavía no están pudiendo resolver y creemos que esta técnica del agromonte puede llegar a resolver una parte de estos problemas.
Así que vamos a empezar a hacer algunas chacras experimentales al norte de Santiago, con foco en la producción de soja y maíz pero tratar de hacerlo de manera agroecológica.

Mencionaste soja y maíz, ¿con qué otros cultivos están trabajando?
Soja y maíz es algo nuevo que estamos queriendo empezar con productores grandes de la región, pero con los pequeños productores son más especies hortícolas y frutales. Lo que mejor anda son los cítricos, pomelo y limón principalmente. También se hace palta y mango, algunas frutas exóticas como carambola, guanábana, porque el ambiente da para ese tipo de cultivos. Ahora estamos queriendo incorporar el café también, que anda muy bien en el sombreo. Hay una gran diversidad de especies pero el cultivo emblemático es el algarrobo, que se consume como harina de algarroba.

¿Es la base de la alimentación de esas comunidades?

Sí, y además es un alimento muy completo, tenemos bastante desarrollada la cadena, con unos molinos también que hacen una harina muy fina para venta a dietéticas.

A nivel de gestión ¿es una ONG o tienen apoyo del Estado?
Yo trabajo en una ONG, se llama Fundación Gran Chaco (https://gran-chaco.org/ y @fgranchaco en Instagram y TiktTok). La fundación se dedica a buscar financiación para estas asociaciones. Algunas llegan a través de la fundación y otra parte de las asociaciones de base con las que trabajamos. Hay muchas asociaciones de productores, de 30 a 40 familias que se juntan, se asocian, tienen su personería jurídica. Esos proyectos, obviamente, tienen una parte que es para herramientas e insumos y otra para asistencia técnica.

¿Apoyo estatal, de la Provincia o de la Nación, de algún organismo público?
Últimamente no hay apoyo ni de la Provincia ni de Nación, pero sí de la Unión Europea y de algunas áreas de responsabilidad social empresarial de empresas grandes que donan y también con eso pueden desgravar impuestos, además de programas de mentoreo. Pero hoy nuestra principal financiación es de la Unión Europea.

Cuando hablaste de buscar financiamiento pensaba en los organismos internacionales, son los que tienen el foco en este tipo de experiencias.
La situación geopolítica actual no está muy alineada con la cooperación internacional. De hecho, algunos proyectos se cayeron por el tema de la guerra. Es la situación que tenemos hoy en día y hay que ver cómo se sobrepasa.

¿Han podido medir algún tipo de impacto en el trabajo que ustedes hacen en la zona de El Impenetrable?


Sí, por supuesto, pudimos medir indicadores de aumento de ingresos. Las familias duplicaron o triplicaron sus ingresos, dependiendo de la familia. El ingreso principalmente era vía asignaciones o pensiones que la gente recibía del Estado, pero a través de la venta de verduras y de frutas lo pudo duplicar o triplicar, dependiendo del caso.
Y lo que hicimos son muchas líneas de base para medir el tema de las enfermedades que vienen del lado de la alimentación. Podemos hablar de la diabetes, por ejemplo, problemas de vesícula, que venían por el consumo excesivo de harina y grasa. Todavía no tenemos conclusiones, pero, obviamente, que, si uno empieza a incluir algunas verduras y frutas en su dieta, cambia la cuestión. Tenemos las medidas de cómo iniciamos y tendríamos que volver a medir en algunos años cuando esté más instalado el sistema.

Si estuvieras frente a chicos que están cursando hoy la carrera de Zootecnia en Agrarias de la UNLZ y pudieras recomendar a partir de tu experiencia y el trabajo que hacés hoy. ¿Qué ejes tomarías o por dónde lo aconsejarías?
Diría que no se queden, tal vez, con lo más fácil, que no agarren el primer laburo que encuentren, capaz que sí como para hacer experiencia, pero que si tienen ganas de formarse y hacer alguna cosa distinta, de desarrollar otros territorios, de ir a otros lugares, que hay posibilidad, que hay mucho trabajo afuera de Buenos Aires, fuera de las empresas. Les diría que abran un poco la cabeza en ese sentido y que se animen a tomar esos riesgos y a trabajar, que hay mucho para hacer, para desarrollar porque se necesitan muchos profesionales también en esta área.

Fuente: Lic. Sandra Capocchi
Primicias Rurales