Una iniciativa internacional de diez días ofrecerá formación a profesionales y educadores y reunirá perspectivas teológicas, pastorales y de quienes trabajan sobre el terreno en torno a la «paz desarmada y desarmante»
Roma, jueves 3 de septiembre (PR/26) – Una comunidad internacional de teólogos, constructores de paz, líderes pastorales y profesionales se reunirá en Roma los días 9 y 10 de septiembre para participar en Paz desarmada y desarmante: el cambio de paradigma emergente de la Iglesia hacia la noviolencia evangélica, que tendrá lugar en la Universidad Pontificia San Buenaventura (Seraphicum). Organizada por el Instituto Católico por la Noviolencia, un proyecto de Pax Christi International, la conferencia explorará enfoques teológicos, pastorales y estratégicos de la noviolencia, así como experiencias concretas de comunidades que afrontan situaciones de violencia y conflicto en todo el mundo.
Entre las voces destacadas de la conferencia estará el cardenal Charles Bo, de Myanmar, quien abordará mediante un video pregrabado la visión del papa León XIV sobre la «paz desarmada y desarmante»; María Stephan, destacada investigadora y profesional de la noviolencia estratégica y miembro del Consejo Asesor del Instituto Católico por la Noviolencia; el reverendo John Dear, autor y director fundador de The Beatitudes Center; y el cardenal Robert McElroy, quien reflexionará mediante un video pregrabado sobre las implicaciones de situar la noviolencia evangélica en un lugar más central de la enseñanza y la práctica católicas.
Constructores de paz que trabajan sobre el terreno en Colombia, Palestina, Sudán y Sudán del Sur, Kenia y otros contextos también compartirán experiencias concretas de construcción noviolenta de la paz y transformación de conflictos.
La conferencia forma parte de una iniciativa internacional de diez días que comenzará el 2 de septiembre con una formación intensiva para 40 participantes seleccionados, procedentes de distintos países, ámbitos ministeriales y contextos afectados por conflictos.
La formación proporcionará a líderes y educadores fundamentos teológicos, arraigo espiritual y herramientas prácticas para llevar la noviolencia evangélica a sus propias comunidades. La iniciativa aprovecha el impulso generado por la Conferencia sobre Noviolencia y Paz Justa de 2016 y busca promover el creciente compromiso católico con la noviolencia activa como camino hacia una paz justa y duradera.
«La noviolencia evangélica no es simplemente una idea que debe debatirse; es una forma de ver, de ser y de actuar en el mundo», afirmó Marie Dennis, codirectora del Instituto Católico por la Noviolencia. «Esta formación crea un espacio en el que personas procedentes de realidades muy diferentes pueden aprender unas de otras, profundizar en su arraigo espiritual y desarrollar formas prácticas de responder a la violencia sin reproducirla.»
La iniciativa de diez días concluirá el 11 de septiembre con una peregrinación espiritual a Asís, inspirada en San Francisco y Santa Clara, que invitará a los participantes a reflexionar sobre la llamada a la noviolencia evangélica.
Al reunir formación, reflexión teológica, noviolencia estratégica y experiencias de terreno, la iniciativa busca fortalecer una comunidad global capaz de poner en práctica la noviolencia evangélica. En un momento de proliferación de los conflictos armados y creciente polarización, se ofrece a la Iglesia una oportunidad para explorar más profundamente lo que significa construir la paz no desde la lógica de la guerra, sino mediante una noviolencia activa y transformadora.
Sobre el Instituto Católico por la Noviolencia
El Instituto Católico por la Noviolencia, fundado por la Iniciativa Católica por la Noviolencia de Pax Christi International en 2024 con base en Roma, está dedicado a promover la noviolencia como una enseñanza clave de la Iglesia Católica y entrenar a artesanos por la paz. Su misión es hacer la investigación, los recursos y las experiencias fundamentales de la noviolencia más accesibles a los líderes de la Iglesia, comunidades e instituciones globales, reduciendo así la violencia y profundizando el compromiso de la Iglesia con la noviolencia como práctica diaria. El Instituto Católico por la Noviolencia es un centro para el diálogo continuo sobre la noviolencia, particularmente en conexión con el proceso global sinodal. El instituto apunta a llevar experiencias de la noviolencia desde la periferia alrededor del mundo hacia el diálogo con investigadores, teólogos y líderes de la Iglesia.
Más información: www.paxchristi.net/catholic-institute-for-nonviolence
Sobre Pax Christi Internacional
Pax Christi Internacional es un movimiento católico a favor de la noviolencia, conformado por 120 organizaciones presentes en todo el mundo, que promueve la paz, el respeto de los derechos humanos, la justicia y la reconciliación. Basándose en la convicción de que la paz es posible y de que pueden romperse los círculos viciosos de la violencia y la injusticia, Pax Christi Internacional aborda las causas profundas y las consecuencias destructivas de los conflictos violentos y la guerra. Más información: www.paxchristi.net
Acerca de la Iniciativa Católica por la Noviolencia
La Iniciativa Católica por la Noviolencia es un proyecto de Pax Christi Internacional, que promueve la visión y la práctica de la noviolencia activa en el corazón de la Iglesia católica, y está comprometida a largo plazo con la vocación de sanar y reconciliar tanto a las personas como al planeta. Más información: www.paxchristi.net/cni-about-us
Nuestra Señora de los Remedios: historia, devoción y arraigo cultural. La advocación mariana de Nuestra Señora de los Remedios representa una de las expresiones de fe católica más extendidas en España y América, vinculada profundamente a la Orden Trinitaria, la misión evangelizadora y la protección de los fieles ante las necesidades espirituales y temporales.
Buenos Aires, martes 1 septiembre (PR/26) — Nuestra Señora de los Remedios es una advocación mariana de amplia difusión en España y América, vinculada especialmente a la Orden de la Santísima Trinidad, a la predicación misionera y a la fundación de santuarios, iglesias, capillas y localidades. El título expresa la confianza de los fieles en la intercesión maternal de la Virgen María, invocada como ayuda y protección en las necesidades espirituales y temporales. La advocación no corresponde a una única imagen universal, sino a numerosas representaciones locales con historias, fiestas e iconografías propias.
Imagen de la Ntra. Sra. de Los Remedios de Los Realejos, c. 1998. Original, MyName (Realejero) Gaspar Carballo Hdez, CC BY-SA 4.0📄
Origen, naturaleza y significado del título sagrado
El título no corresponde a una única aparición universal ni a una sola imagen con un origen histórico exclusivo, sino que agrupa una gran multiplicidad de devociones locales con tradiciones, fiestas e iconografías propias adaptadas a cada región.
La palabra remedios alude estrictamente a las ayudas que los creyentes solicitan a Dios por intercesión de la Virgen María, comprendida como madre y protectora pero siempre subordinada a la única mediación salvadora de Jesucristo.
Las variantes lingüísticas de la advocación incluyen denominaciones como Virgen de los Remedios, Santa María de los Remedios y Nuestra Señora del Remedio, adoptadas por distintas comunidades parroquiales, santuarios rurales y órdenes religiosas.
Expansión histórica a través de las órdenes religiosas
La difusión de la devoción encontró un vehículo fundamental en las familias religiosas, destacando de forma particular la Orden de la Santísima Trinidad, instituida originalmente para la redención de cautivos y promotora ferviente de la advocación.
Otras comunidades eclesiásticas como los agustinos, dominicos, franciscanos, mercedarios y jesuitas contribuyeron activamente a arraigar advocaciones marianas específicas durante los procesos de evangelización colonial.
Durante la conquista, los navegantes, funcionarios, sacerdotes y familias trasladaron los títulos marianos desde la península ibérica hacia el nuevo continente, configurando una extensa red de santuarios, ermitas, capillas y cofradías.
Santuarios destacados, patronazgos y reconocimientos pontificios
Entre los centros devocionales más importantes sobresale el santuario de Naucalpan, ubicado en la actual jurisdicción de Tlalnepantla, México, un epicentro histórico de peregrinación y vida espiritual.
La Santa Sede ha otorgado múltiples distinciones litúrgicas a lo largo del tiempo, destacando la coronación pontificia autorizada por el Papa Pablo VI y la confirmación oficial como Patrona celestial de la archidiócesis local.
Asimismo, el templo principal recibió la dignidad eclesiástica de basílica menor, consolidándose como un espacio neurálgico de formación sacerdotal, obras de caridad y asistencia espiritual permanente.
Iconografía tradicional y expresiones de religiosidad popular
La representación artística de la imagen varía notablemente según la época, encontrando esculturas de talla completa, imágenes de vestir, representaciones de pie o acompañadas por el Niño Jesús en los brazos.
Los atributos regios como la corona, el cetro, los mantos bordados y las joyas simbolizan la dignidad maternal de María y la profunda gratitud expresada por el pueblo fiel a través de las generaciones.
Las formas de culto popular se manifiestan anualmente mediante la realización de fiestas patronales, novenas solemnes, el rezo cotidiano del Santo Rosario, procesiones multitudinarias y romerías tradicionales.
Celebración litúrgica y vigencia cultural actual
La festividad litúrgica central de Nuestra Señora de los Remedios se celebra solemnemente todos los años el 1 de septiembre, congregando a multitudes de fieles en sus múltiples templos.
La presencia de esta advocación mantiene un valor cultural e histórico incalculable, conservando viva la memoria del patrimonio artístico, la arquitectura religiosa y la identidad de las comunidades hispanoamericanas.
El Papa León XIV el domingo 30 de agosto de 2026, durante el rezo del Ángelus en Castel Gandolfo. Crédito: Vatican Media.
El Papa León XIV expresó su cercanía y oración por las víctimas de la masacre en Haití y de las graves inundaciones en Nepal y el Tíbet durante el Ángelus.
Por David Ramos
Ciudad del Vaticano (PR/26) — El Papa León XIV tuvo palabras de cercanía y manifestó su oración por el fin de la violencia en Haití y por las víctimas de “la terrible inundación” que afecta a Nepal y el Tíbet.
En sus palabras posteriores al rezo del Ángelus en Castel Gandolfo, este 30 de agosto de 2026, el Santo Padre dijo que “nos llegan desde Haití noticias dramáticas sobre la grave masacre perpetrada en Kenscoff, en la que han perdido la vida numerosas personas, mientras que otras han sido secuestradas”.
“Expreso mi solidaridad y la oración con las víctimas y sus familiares, y pido que se libere sin demora a todos los rehenes”, dijo, al tiempo que dirigió “un sincero llamamiento a todos los responsables para que se comprometan de forma concreta a garantizar la seguridad de la población y a poner fin a toda forma de violencia”.
Durante la noche del 23 al 24 de agosto, hombres armados atacaron la localidad montañosa de Kenscoff, cercana a Puerto Príncipe, la capital de Haití. De acuerdo con Naciones Unidas, al menos 47 personas murieron, entre ellas cinco niños, y docenas fueron secuestradas.
Associated Press informó el 29 de agosto que seis niños y siete mujeres fueron liberados, pero quedarían decenas en poder de los criminales.
A continuación, el Papa aseguró sus “oraciones a los afectados por la terrible inundación que se ha producido en Nepal y el Tíbet”.
“Recemos por quienes han perdido la vida, por los heridos y los desaparecidos, por las familias y por los equipos de rescate. Que los gestos de solidaridad contribuyan a aliviar el sufrimiento y a llevar la ayuda necesaria a la población”, alentó.
Las inundaciones repentinas, provocadas el 26 de agosto por el colapso de un glaciar en la frontera entre Nepal y el Tíbet, han dejado al menos 750 muertos y más de 3.000 desaparecidos, según recoge la agencia Reuters, que cita a autoridades locales.
León pidió también seguir “rezando por la paz”, y expresó su deseo de “que aumenten en el mundo aquellos que, con valentía, parten y reparten el pan de la paz, superando las divisiones, promoviendo la justicia y practicando el perdón, por el bien de todos”.
¿Sabías que existe una «Virgen de las gallinas»? En Italia, María es venerada bajo este nombre. Todo comenzó con una advertencia que ella misma hizo a un sacristán
Buenos Aires, lunes 31 agosto (PR/26) — «Virgen de las Gallinas». Suena casi a broma, pero durante siglos, la Virgen María de Pagani, cerca de Salerno, ha sido venerada con este nombre. Además, no se trata de una invención popular. Se basa en una leyenda transmitida de generación en generación, así como en un santuario que aún atrae a peregrinos de toda Italia.
Un sueño que nadie se tomó en serio
La leyenda nos remonta al siglo XIV. En el pueblo de Tramonti, enclavado en las montañas sobre Pagani, se alzaba una pequeña iglesia con un icono de Nuestra Señora del Monte Carmelo sosteniendo al Niño Jesús. Con el paso de los años, la iglesia se fue deteriorando progresivamente.
Una noche, María se apareció al sacristán. Según el relato, ella dijo:
«Hijo, dile al sacerdote que renueve esta casa de Dios. Si no, me iré a algún sitio donde las gallinas me quieran».
El sacristán transmitió fielmente este mensaje. Hoy es difícil saber si no le creyeron o si simplemente se quedó sin dinero ni recursos. Una cosa es segura: la iglesia continuó deteriorándose.
Poco después, una violenta inundación azotó la zona. El agua arrasó con todo a su paso, incluyendo un icono de madera de la Virgen María. La imagen desapareció y, durante mucho tiempo, nadie supo qué le había sucedido.
Las gallinas mostraron dónde estaba escondido el cuadro de la Virgen
Varios siglos después, en el siglo XVI, el Domingo Blanco —el primer domingo después de Pascua— los habitantes de Pagani notaron algo inusual.
Un grupo de gallinas arañaba obstinadamente un mismo lugar. Las aves se negaban a marcharse, regresando una y otra vez al mismo trozo de tierra, picoteándolo con extraordinaria ferocidad. Los transeúntes, intrigados, decidieron investigar qué había llamado su atención.
Al comenzar las excavaciones, desenterraron un panel de madera que representaba a la Virgen María con el Niño. Según la tradición local, se trataba de la pintura que una inundación había arrastrado desde la iglesia de Tramonti años atrás.
Para los residentes, esto no fue una simple coincidencia. Interpretaron el suceso como el cumplimiento de unas palabras que, según se decía, María le había dicho al sacristán muchas generaciones atrás.
La curación que cambió la historia
El icono redescubierto fue colocado en la iglesia de San Félix en Pagani. Parecía que permanecería allí para siempre. Sin embargo, en 1609, ocurrió algo que cambió el rumbo de la historia.
Según la tradición del santuario, un hombre paralítico supuestamente vio a la Virgen María en un sueño. Ella le dijo que estaba curado y que podía dejar de usar sus muletas. Cuando se puso de pie por sí solo, la noticia se extendió rápidamente por toda la zona.
Este suceso es mencionado por el obispo Simone Lunadoro de Nocera en un documento de 1610. Escribe que la imagen se hizo famosa por sus numerosas gracias, y multitudes de fieles comenzaron a llegar al pequeño oratorio, dejando ofrendas. Por ello, se decidió construir una iglesia mucho más grande en el lugar donde, según la leyenda, unas gallinas encontraron el icono.
Según los relatos, la decisión del obispo fue confirmada por nuevas curaciones extraordinarias, y el santuario recién construido se convirtió rápidamente en uno de los lugares de peregrinación más importantes de esta región.
¿De dónde proviene el nombre «Madonna de las Gallinas»?
Aunque el nombre pueda resultar sorprendente, en la pintura en sí no aparecen gallinas. Se trata de una representación clásica de Nuestra Señora del Carmen y el Niño. El título inusual se inspiró en el recuerdo de un acontecimiento que los lugareños consideraban milagroso.
Con el tiempo, surgieron otras historias asociadas a este lugar. Una de ellas cuenta la historia de una mujer que donó una gallina al santuario, pero que luego cambió de opinión y quiso llevársela a casa. Sin embargo, se dice que el ave escapó y regresó a la iglesia por sí sola. Existen muchas historias similares en la tradición local, por lo que, con el tiempo, la ofrenda de aves de corral se convirtió en un elemento característico del culto.
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Tres días de celebración a la Virgen
A día de hoy, el acontecimiento más importante en Pagani sigue siendo la fiesta de la Virgen de las Gallinas, que se celebra desde el viernes hasta el Domingo Blanco.
Una procesión recorre las calles de la ciudad, pero el icono que se porta no es un icono milagroso, sino una estatua de madera del siglo XVIII de Nuestra Señora del Monte Carmelo. La imagen permanece en el altar del santuario durante todo el recorrido.
Antiguamente, los fieles ofrecían pollos, palomas, pavos y patos en la carroza procesional como ofrendas votivas. Hoy en día, la costumbre tiene principalmente un significado simbólico, pero la festividad ha conservado su carácter único. Durante tres días y tres noches, Pagani resuena con el ritmo de la tradicional tammurriata, música folclórica campaní interpretada al son de grandes tambores.
Las celebraciones concluyen al amanecer del lunes. Los músicos se acercan a la estatua de la Virgen, colocan sus instrumentos a sus pies y salen de la iglesia sin darle la espalda. Los acompaña el himno Madonna della Grazia, que se canta desde hace generaciones al finalizar la celebración.
Ignazio Venosti, CC BY-SA 4.0, via Wikimedia Commons
Es difícil discernir cuánto de esta historia es leyenda y cuánto es realidad; simplemente es algo que jamás podrá verificarse. Lo que sí es seguro, sin embargo, es que durante siglos los habitantes de Pagani han conservado meticulosamente la memoria de los acontecimientos que dieron origen a su santuario.
Y el título de «Virgen de las Gallinas», aunque inicialmente provoque una sonrisa, resulta ser una de las denominaciones marianas más características y recordadas de Italia.
El padre Gustavo Jamut reflexiona sobre el último mensaje de la Virgen advirtiendo que la paz está en peligro y comienza en un corazón dispuesto a sanar los rencores familiares. Frente a la superficialidad espiritual, el sacerdote llama a regresar a la oración constante y al perdón como única certeza de verdadera concordia.
Mensaje de la Reina de la Paz en Medjugorje el 25 de agosto 2026 para el mundo:
«Queridos hijos: hoy los invito: regresen a Dios, regresen a la oración, para que se conviertan en portadores de paz. Hijitos, oren por la paz que está en peligro; que nuevamente la oración fluya de sus corazones y de sus familias, para que con alegría puedan sentir la voz de Jesús en sus corazones: “¡La paz esté con ustedes!” Hijitos, sean portadores de paz y de oración por todos aquellos que no oran. Yo estoy con ustedes y oro por ustedes ante mi Hijo Jesús. Gracias por haber respondido a mi llamado».
Buenos Aires, domingo 30 agosto (PR/26) — La paz comienza en un corazón sano. El llamado que la Santísima Virgen nos hace este 25 de agosto de 2026 nos confronta con una urgente realidad: la paz está en peligro. Sin embargo, antes de mirar las grandes tensiones del mundo, María dirige nuestra mirada hacia el primer altar y la primera trinchera: el hogar y la propia comunidad cristiana.
Hoy en día, muchas de nuestras familias y comunidades viven fracturadas. Arrastramos heridas no sanadas del pasado, resentimientos silenciosos y distancias que parecen insuperables. Muchas veces nos acostumbramos a una superficialidad espiritual, cumpliendo con rutinas exteriores mientras el corazón permanece rígido, falto de una verdadera conversión. Pretendemos dar una paz que nosotros mismos no poseemos porque no hemos dejado que la gracia de Dios baje a lo profundo de nuestras debilidades.
María nos recuerda la única medicina eficaz: regresar a Dios y a la oración. A partir de esto, tres puntos que me parecen esenciales:
1. Sanar desde adentro: La oración no es un simple refugio formal, sino el espacio donde permitimos que la voz de Jesús resuene con fuerza: “¡La paz esté con ustedes!”. Solo cuando nos dejamos reconciliar por Él, las heridas profundas empiezan a cicatrizar.
2. Orar en familia: Que la oración vuelva a fluir en los hogares permite derribar el orgullo, sanar asperezas entre hermanos y transformar la convivencia. Satanás encuentra grandes barreras espirituales defensivas cuando los integrantes de una familia oran juntos y aprenden a perdonar.
3. Ser portadores de paz: María nos pide ser intercesores por quienes aún no oran o viven desorientados. No podemos limitarnos a una fe superficial; se nos invita a contagiar la alegría del Encuentro. Cuando hace treinta años sentí de poner a la comunidad que fundé el nombre de “Comunidad Evangelizadora Mensajeros de la Paz”, fue precisamente por este motivo: quienes se congregan a orar necesitan sanar las heridas de las etapas de la vida y liberarse de las amarguras y de las frustraciones, a fin de poder evangelizar llevando la paz a todos. De no ser así se puede llevar el rotulo de un grupo o comunidad, pero no entrar en esta corriente de gracia sanadora y evangelizadora.
La paz no es un estado emocional
Otro elemento que debemos tener en cuenta es que la auténtica paz no es un estado emocional, sino una certeza espiritual. Es frecuente confundir la paz con la ausencia de problemas o con una tranquilidad puramente emocional. Sin embargo, la paz verdadera trasciende las fluctuaciones de los sentimientos. Es un don del Espíritu Santo que hay que pedir incesantemente. Y es también una presencia real que habita en el alma incluso en medio de las tribulaciones, tentaciones y luchas cotidianas de la vida.
La paz en medio del combate: Se puede atravesar la enfermedad, la estrechez económica o el dolor por la traición de alguien con el corazón en paz si se está anclado en Dios. La paz de Jesús no elimina las tormentas de la vida, sino que nos sostiene mientras las atravesamos. Si perseveramos llegarán en el momento justo nuevas bendiciones. Esto no quiere decir que no habrá dolor, pero será un dolor sereno que Dios y María se irán llevando con su ternura.
El fluir desde la oración hacia los demás: Medjugorje es una fuente de la cual fluye la paz para millones de personas en todo el mundo. Para que la paz de Jesús y de María, también fluya desde tu corazón hacia la familia y la comunidad, es indispensable hacer espacio a la oración diaria, y al discernimiento de los pensamientos y emociones que se mueven en nuestro mundo interior. Los buenos para aceptarlos (son inspiraciones del Señor y sus ángeles), los malos o dañinos para rechazarlos (son sutiles tentataciones).
Cuando la oración deja de ser un mero cumplido formal y se convierte en un encuentro vivo con Cristo, el corazón se ablanda; de forma natural, las palabras, los gestos y las respuestas ante las diferencias se vuelven pacíficos, comprensivos y misericordiosos.
La realidad es que muchos cristianos que sonríen con sus labios no pueden ocultar que no tienen paz. Y en algunos casos esto se origina por la envidia y el rencor que no es tratado. El resentimiento actúa como una barrera que bloquea el flujo del Espíritu Santo. Un corazón resentido destruye las relaciones comunitarias y familiares a través del filtro de la amargura y la sospecha, haciendo imposible que la paz fluya. La pregunta que debemos hacernos es, cómo tratar y sanar a estas almas:
Con la gracia de la Confesión y el Perdón: La Reina de la paz frecuentemente nos habla de la importancia de la confesión. Sanar las heridas causadas por el rencor requiere la decisión voluntaria de perdonar a otros y también de pedir perdón a quien se hizo daño, apoyándose en la gracia del sacramento de la reconciliación. Recordemos que el perdón no es una emoción, sino un acto de la voluntad.
Con la oración constante de sanación e intercesión: María pide expresamente “oren por la paz” y “sean portadores de oración por todos aquellos que no oran”. A las almas atrapadas en la envidia o la amargura no se las sana con confrontación superficial o juicios, sino rodeándolas de oración paciente, afecto sincero y testimonio de caridad. Como nos recuerda la Madre, no estamos solos en este camino: ella nos acompaña y presenta cada una de nuestras intenciones ante su Hijo Jesús. Hoy es el momento de responder a su llamado, abrir la puerta a la conversión sincera y convertirnos en verdaderos instrumentos de sanación y paz en medio de nuestro entorno.
Oración por la paz y la sanación del corazón
Señor Jesús, Príncipe de Paz, nos acercamos hoy a ti reconociendo nuestras flaquezas y la necesidad de tu gracia. Entramos en tu presencia con las heridas de nuestras familias y comunidades: la amargura, los silencios que distancian, el rencor que aprisiona y la tentación de vivir una fe superficial. Reconocemos que la verdadera paz no es una emoción pasajera ni la ausencia de tormentas, sino la certeza inquebrantable de que tú habitas en nosotros. Lava nuestros corazones de toda envidia, resentimiento o soberbia que bloquee la acción de tu Espíritu Santo. Concede a nuestras almas la valentía para perdonar, la humildad para decir la verdad, buscar la reconciliación y la constancia para perseverar en la oración diaria. Que de nuestros hogares y comunidades eclesiales vuelva a fluir una oración sincera que transforme el dolor en esperanza y el orgullo en misericordia.
María, Madre nuestra y Reina de la Paz, gracias por no abandonarnos y por presentar nuestras intenciones ante tu Hijo Jesús. Recibe nuestro compromiso de responder a tu llamado: queremos ser portadores de luz y de oración, especialmente por aquellos que aún no oran o no conocen el amor de Dios. Acógenos bajo tu manto maternal y enséñanos a custodiar la paz que Jesús nos regala, para que la alegría de su resurrección ilumine cada rincón de nuestras vidas. Amén.
El arzobispo de Arequipa, Perú, Mons. Javier del Río, defendió la figura de Santa Rosa de Lima al señalar que su vida de penitencia y caridad debe comprenderse desde su profunda intimidad con el Señor.
Imagen de Santa Rosa de Lima en la Basílica del Santísimo Rosario del Convento de Santo Domingo, en la capital del Perú. Crédito: EWTN Noticias.
Por Walter Sánchez Silva
Lima, Perú, domingo 30 agosto (PR/26) — El Arzobispo de Arequipa (Perú), Mons. Javier del Río, aseguró que Santa Rosa de Lima (1586-1617) no era una “desequilibrada”, como alegan algunos, sino una “joven feliz” que se dejó encender por el fuego del amor de Dios y que quiso participar en los sufrimientos del Señor.
El prelado salió así al paso de quienes no comprenden la vida de penitencia y mortificación de la primera santa de América, cuya fiesta el Perú y otros países latinoamericanos celebran este domingo 30 de agosto.
“Mucho se ha escrito sobre esta joven limeña que murió a los 31 años. Se ha destacado sobre todo su vida de penitencia, alabada por muchos pero también criticada por algunos que la han juzgado de modo anacrónico, es decir con una mentalidad propia de nuestra época y sin tener en cuenta su fe, el tiempo y las circunstancias en que ella vivió y el sentido trascendente de sus actos”, señala el arzobispo en su mensaje titulado Santa Rosa de Lima y compartido con ACI Prensa este viernes 28 de agosto.
En su mensaje, el prelado refiere que “no han faltado, incluso, quienes sólo han visto en Rosa a una mujer mentalmente desequilibrada. La verdad, en cambio, es que ella fue una elegida de Dios desde su más tierna infancia y, por tanto, sólo se la puede comprender desde esa gratuita elección divina y desde las gracias que el mismo Dios le brindó y ella supo acoger”.
En efecto, continúa Mons. Del Río, “quien conoce bien la vida de Santa Rosa sabe que lo primero que se dio en ella no fue la inclinación a mortificar su cuerpo sino el encuentro personal con el amor misericordioso de Dios manifestado en Cristo crucificado”.
“El mismo Jesucristo —resaltó— la atrajo hacia Él, la fue ‘enamorando’ revelándole progresivamente el infinito amor que tenía por ella y que tiene por toda la humanidad…y ella se dejó encender en ese amor”.
El Arzobispo de Arequipa recuerda luego el desposorio místico de Santa Rosa de Lima, en 1617, cuando el mismo Jesús le dijo: “Rosa, sé tú mi esposa”. “Así, como una esposa se une a su esposo y se hacen una sola carne (Gn 2,24; Mt 19,5-6), Santa Rosa se dejó hacer una sola carne con su Amado hasta el punto de querer participar en los sufrimientos de su pasión y muerte en la cruz”, indicó el prelado.
La vida de Santa Rosa estuvo marcada por la oración intensa —pasando a veces noches en vela— el ayuno y distintas prácticas de mortificación, como el uso de una especie de corona de “espinas” o de una cadena de hierro ceñida a la cintura, como explica el P. José Marco Burga Ludeña, en un artículo titulado La penitencia amorosa de Santa Rosa de Lima: si Dios fue su centro, no hubo en ella descentramiento, en el que precisa que la de Rosa de Santa María fue una “penitencia sana” y no “masoquismo”.
Santa Rosa fue una joven feliz
En su artículo, Mons. Del Río destaca que, así como Santa Rosa “participó en esos sufrimientos, participó también en los consuelos, hasta llegar a decir: «¡Oh, si los mortales supieran lo grande que es la gracia, lo bella, lo noble y preciosa que es, cuántas riquezas esconde en su interior, cuántos tesoros, cuánta felicidad!»”.
“Sí, Santa Rosa de Lima fue una joven feliz porque se entregó, sin cálculos, a Dios y a los hombres. Encendida por el fuego del amor divino, quiso llevarlo a los demás”, subrayó el prelado.
“Ayudaba a los indigentes con los bienes materiales que podía conseguir, y buscaba por las calles de Lima a los enfermos abandonados, para llevarlos a su casa, cuidarlos y curarlos con la ayuda del ‘Doctorcito’, como llamaba a Jesús”, prosiguió el Arzobispo.
Su amor, sin embargo, “no se limitaba a los pobres, sino que era universal; por eso ansiaba la salvación de todos y, como dijo San Juan Pablo II, con «su ardiente palabra…fue también una intrépida evangelizadora»”, indicó el prelado, recordando lo dicho por el Papa polaco en el ángelus del 6 de septiembre de 1992.
La santa, resaltó el arzobispo peruano, “hablaba a todos de Dios y animaba a los sacerdotes a partir incluso a lugares lejanos para anunciar el Evangelio a quienes todavía no lo conocían”.
En síntesis, concluyó Mons. Del Río, “en Santa Rosa de Lima vemos con nitidez las tres dimensiones de la vida cristiana: la intimidad con el Señor, de la cual brota la solicitud por los pobres y el celo por la salvación del mundo entero”.
“Que Dios nos conceda vivir así, cada uno desde el estado de vida al que Él lo ha llamado”, expresó.