Oct 25, 2026 | Actualidad, Desarrollo Humano, Espiritualidad, Medjugorje
La Virgen María alerta sobre el avance del odio y las guerras, e invita a ser instrumentos de oración y amor. Un llamado urgente a interceder con fuerza por la paz en el mundo y en cada corazón.El mensaje de hoy traducido a varios idiomas.
Mensaje de la Virgen María Reina de la Paz del 25 de octubre de 2026, desde Medjugorje, Bosnia Herzegovina. Con aprobación eclesiástica
“¡Queridos hijos! El fuego del odio y de las guerras se está propagando en los corazones de las personas que no desean la paz, sino sus propios y mezquinos intereses. Por eso, hijitos, sean oración y mis manos extendidas de amor y de paz para todos aquellos que están lejos de mi Corazón materno. Oren más y con más fuerza por la paz que Dios les desea dar, pero ustedes no la quieren. Estoy con ustedes y oro para que la paz prevalezca y reine en cada corazón. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!”
(Con aprobación eclesiástica)
Message 25 October 2026
“Dear children! A fire of hatred and wars is spreading in the hearts of people who do not want peace but their own weak interests. That is why, little children, you be prayer and my extended hands of love and peace for all those who are far from my motherly heart. Pray more strongly and more for the peace that God desires to give you, but you do not want it. I am with you and I am praying that peace may prevail and reign in every heart. Thank you for having responded to my call.” (With Ecclesiastical approval)
Mesaggio 25 ottobre 2026
«Cari figli! Il fuoco dell’odio e delle guerre si diffonde nei cuori umani che non vogliono la pace ma i propri poveri interessi. Perciò voi, figlioli, siate preghiera e le mie mani tese d’amore e di pace per tutti coloro che sono lontani dal mio cuore materno. Pregate più intensamente e di più per la pace che Dio desidera darvi e che voi non volete. Sono con voi e prego affinché la pace prevalga e regni in ogni cuore. Grazie per aver risposto alla mia chiamata.» (Con approvazione ecclesiastica).

Botschaft 25 Oktober 2026
«Liebe Kinder! Das Feuer des Hasses und der Kriege breitet sich in den Herzen der Menschen aus, die keinen Frieden wollen, sondern ihre eigenen schwachen Interessen. Deshalb, meine lieben Kinder, seid ihr Gebet und meine ausgestreckten Hände der Liebe und des Friedens für all jene, die fern von meinem mütterlichen Herzen sind. Betet stärker und mehr für den Frieden, den Gott euch geben möchte, den ihr aber nicht wollt. Ich bin mit euch und bete, dass der Friede in jedem Herzen siegt und herrscht. Danke, dass ihr meinem Ruf gefolgt seid.» (Mit kirchlicher Erlaubnis)
Message 25 octobre 2026
«Chers enfants, Le feu de la haine et des guerres se répand dans le cœur des hommes qui ne veulent pas la paix, mais leurs propres faibles intérêts. C’est pourquoi vous, petits enfants, soyez prière et mes mains d’amour et de paix tendues vers tous ceux qui sont loin de mon cœur maternel. Priez plus fortement et davantage pour la paix que Dieu désire vous donner et que vous ne voulez pas. Je suis avec vous et je prie pour que la paix prévale et règne dans chaque cœur. Merci d’avoir répondu à mon appel.» (Avec approbation ecclésiastique)
Poruka 25 listopad 2026
„Draga djeco! Vatra mržnje i ratova širi se u srcima ljudi koji ne žele mir, nego svoje slabe interese. Zato vi, dječice, budite molitva i moje ispružene ruke ljubavi i mira za sve one koji su daleko od moga majčinskoga srca. Molite jače i više za mir koji vam Bog želi dati, a vi ga ne želite. S vama sam i molim da mir prevlada i zavlada u svakom srcu. Hvala vam što ste se odazvali mome pozivu.“ (S crkvenim odobrenjem)
Primicias Rurales
Fuente: Rosas para la Gospa
Oct 24, 2026 | Actualidad, Desarrollo Humano, Espiritualidad, Santo del Día
San Antonio María Claret y Clará, célebre obispo y fundador de los Misioneros Claretianos, dedicó su existencia entera al anuncio del Evangelio. Su intensa trayectoria abarcó la predicación en España y Cuba, la renovación cultural desde El Escorial y la difusión masiva de la lectura espiritual.
Buenos Aires, sábado 24 octubre (PR/26) — Infancia, vocación e inmersión en la industria textil. Antonio Claret nació en la localidad barcelonesa de Sallent el 23 de diciembre de 1807, siendo el quinto de once hijos del matrimonio integrado por Juan Claret y Josefa Clará.
Tras ser bautizado el día de Navidad, las complicaciones de salud de su madre hicieron que fuera puesto al cuidado de una nodriza en Santa María de Oló. Durante una noche en que permaneció en la casa paterna, la vivienda de la nodriza colapsó y provocó la muerte de todos sus ocupantes, un hecho trágico que el futuro santo siempre interpretó como una señal providencial de salvación.
La infancia del pequeño Antonio transcurrió entre el constante sonido de los telares de madera de su padre, demostrando desde temprana edad una inteligencia despejada y una honda piedad. A los cinco años, el niño se impactaba profundamente al reflexionar durante la noche sobre la eternidad y las penas eternas, un pensamiento recurrente que más tarde, al convertirse en arzobispo, señalaría como el motor principal de su inagotable celo por la conversión de los pecadores.

Durante los años transcurridos entre 1808 y 1814, el ambiente cotidiano estuvo marcado por el paso constante de las tropas napoleónicas y la efervescencia de la Guerra de la Independencia Española, en la cual incluso el clero local participó activamente. A la par del contexto social y la promulgación de la Constitución de 1812, Antonio crecía cultivando una devoción especial hacia la Eucaristía y la Santísima Virgen, rezando el rosario diariamente y frecuentando la ermita de Fusimaña junto a su hermana Rosa.
Durante su adolescencia trabajó activamente en el taller textil de su progenitor, alcanzando un notable dominio de la disciplina antes de trasladarse a Barcelona para perfeccionarse en la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja. Su constancia y talento le permitieron superar en belleza la calidad de las telas extranjeras, motivando a un grupo de empresarios a proponerle la fundación de una compañía propia financiada en su totalidad.
A pesar de la atractiva propuesta económica, Antonio rechazó el ofrecimiento tras reflexionar sobre la fugacidad de los bienes terrenales y verse sacudido por diversos eventos providenciales, entre ellos el haber salvado su vida milagrosamente al ser arrastrado por una gran ola marina. Profundamente impactado por la pasaje evangélico que cuestiona el valor de ganar el mundo si se pierde el alma, decidió abandonar la industria textil, consultar a los oratorianos de San Felipe Neri y encaminarse decididamente hacia el sacerdocio, ingresando al seminario con 21 años de edad.
Formación sacerdotal, vida misionera y la fundación en Vic
En el seminario de Vic, Antonio se formó como estudiante externo mientras trabajaba como fámulo del mayordomo del palacio episcopal, destacándose por su piedad, aplicación y su amistad con Jaime Balmes. Aunque intentó en dos ocasiones ingresar a la cartuja de Montealegre, diversos imprevistos como una violenta tormenta de verano le hicieron comprender que la voluntad divina no estaba en el claustro contemplativo.
Durante una fuerte enfermedad superó una dura tentación contra la pureza mediante una visión de la Virgen María, quien le prometió una corona celestial si triunfaba sobre las imágenes obsesivas.
El 13 de junio de 1835, a la edad de 27 años, recibió la ordenación sacerdotal de manos del obispo de Solsona, Fray Juan José de Tejada, celebrando su primera misa en Sallent el 21 de junio. Su primer destino parroquial coincidió con el recrudecimiento de las guerras carlistas en España, la supresión de institutos religiosos y la quema de conventos impulsada por sectores anticlericales. Frente al clima de hostilidad y desorden político, demostró una caridad inagotable con sus feligreses, aunque la estrechez de la parroquia no bastaba para satisfacer sus ansias de evangeliación universal.
Impulsado por el deseo de predicar el Evangelio a los infieles, viajó a pie y sin recursos económicos hacia Roma en septiembre de 1839 para ponerse a disposición de Propaganda Fide. Tras realizar los ejercicios espirituales e ingresar temporalmente como novicio en la Compañía de Jesús, una aguda dolencia en su pierna derecha le indicó que su verdadero destino misionero se encontraba en España, abandonando el noviciado por recomendación del P. Roothaan.
Al regresar a su patria fue destinado temporalmente a Viladrau, provincia de Gerona, donde ejerció como regente parroquial e incluso debió desempeñarse como médico ante la carencia de profesionales de salud en los alrededores.

En julio de 1841 obtuvo de Roma el título formal de Misionero Apostólico, iniciando un período de incansables recorridos a pie por los pueblos y ciudades de la geografía catalana. Sus predicaciones abarrotaron las catedrales de Solsona, Gerona, Tarragona, Lérida y Barcelona, logrando innumerables conversiones acompañadas por hechos prodigiosos, discernimiento de conciencias y superación de calumnias.
Paralelamente a las misiones populares y la formación espiritual brindada a religiosas como Santa Joaquina Vedruna, impulsó activamente el apostolado de la prensa publicando obras de inmensa difusión como el Camino Recto en 1843. En 1847 cofundó la Librería Religiosa junto a José Caixal y Antonio Palau, creó la Archicofradía del Corazón de María y organizó la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María para la difusión del libro católico.
Imposibilitado de continuar las misiones en Cataluña debido a la rebelión armada de 1847, se trasladó en 1848 a las Islas Canarias junto al obispo Buenaventura Codina, predicando intensamente durante 15 meses en Gran Canaria y Lanzarote. Tras su regreso a la península, el 16 de julio de 1849 fundó en una celda del seminario de Vic la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María junto a cinco sacerdotes cofundadores.
Acción pastoral en la archidiócesis de Santiago de Cuba
A pesar de su reciente fundación congregacional, el 4 de octubre de 1849 fue nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba, siendo consagrado en la catedral de Vic el 6 de octubre de 1850 bajo el lema episcopal Charitas Christi urget nos. Durante los seis años que permaneció al frente de la diócesis antillana, desplegó una insuperable actividad misionera combatiendo incansablemente el racismo, la injusticia social y los abusos cometidos contra los trabajadores de las haciendas.
Con un marcado sentido práctico e inventivo, impulsó instituciones religiosas y sociales en todas las parroquias, promovió la creación de escuelas técnicas y agrícolas, y estableció las Cajas de Ahorros por toda la isla. Realizó cuatro visitas pastorales completas a la diócesis viajando a pie o a caballo, al tiempo que cofundó junto a la Madre Antonia París la Congregación de Religiosas de María Inmaculada en agosto de 1855.

En una aprición la Santísima Virgen le puso el Niño Jesús en brazos
Su compromiso con la justicia y la dignidad humana provocó la hostilidad de poderosos enemigos, la cual culminó en un grave atentado sufrido en Holguín, donde resultó seriamente herido en la cara por un sicario a sueldo. A pesar de las lesiones sufridas, solicitó el perdón para su agresor y continuó su labor eclesiástica hasta que el 18 de marzo de 1857 un despacho urgente le ordenó regresar a la península por disposición de la corona.
Labor en la corte de Madrid, El Escorial y apostolado editorial
De regreso en Madrid, aceptó desempeñarse como confesor de la Reina Isabel II bajo la estricta condición de no residir en palacio, mantenerse al margen de la política partidaria y conservar plena libertad para la predicación. Durante los once años transcurridos en la corte mantuvo un ritmo incesante de misiones populares, dirección espiritual a santas de la época como Santa Micaela del Santísimo Sacramento y recorridos itinerantes por las provincias españolas.
Entre 1859 y 1868 asumió la Presidencia del Real Monasterio de El Escorial, logrando una notable restauración material del edificio, sus jardines, altares y laboratorios, al tiempo que generaba un importante superávit económico. En el plano educativo fundó en el recinto una Universidad eclesiástica con estudios avanzados de humanidades, ciencias naturales, teología, patrística y lenguas orientales como el caldeo, hebreo y árabe.
Convencido del poder de la imprenta para el bien de las almas, redactó unas 96 obras propias y distribuyó de manera gratuita millones de ejemplares de libros, opúsculos y hojas sueltas. En 1858 fundó la Academia de San Miguel para agrupar a intelectuales, artistas y periodistas en el apostolado católico, impulsando además el establecimiento de más de un centenar de bibliotecas populares tanto en España como en Cuba.
En el plano de la vida interior, experimentó elevados estados místicos y la gracia extraordinaria de la conservación de las especies sacramentales en su pecho de manera continua desde el 26 de agosto de 1861. Asimismo, debió soportar una feroz campaña de difamación pública que buscaba desacreditar su labor pastoral mediante calumnias políticas y personales.
Su permanente oposición al reconocimiento oficial del Reino de Italia y la consiguiente incautación de los Estados Pontificios lo llevaron a alejarse temporalmente de la corte en 1865 para trasladarse a Roma, regresando posteriormente a Madrid únicamente por mandato expreso del Papa Pío IX.

El exilio en Francia, la participación conciliar y la gloria de los altares
El estallido de la revolución de septiembre de 1868 provocó el destronamiento de Isabel II y el inmediato exilio de la familia real y su confesor hacia territorio francés. Tras separarse definitivamente de la reina en marzo de 1869, viajó a Roma para participar activamente como Padre del Concilio Vaticano I, donde defendió con ardor la definición del dogma de la infalibilidad pontificia.
Con la salud severamente quebrantada y perseguido incluso en el exilio, debió abandonar la comunidad claretiana de Prades para refugiarse en el monasterio cisterciense de Fontfroide, cerca de Narbona. En dicho recinto cenobítico, tras sufrir un derrame cerebral y recibir los últimos sacramentos, entregó su alma a Dios la mañana del 24 de octubre de 1870, a los 62 años de edad.
Sus restos mortales fueron trasladados a la ciudad de Vic en 1897, siendo beatificado por el Papa Pío XI el 25 de febrero de 1934 y proclamado Santo por el Papa Pío XII el 7 de mayo de 1950.
Oración a Jesucristo
Haz, Señor, que ardamos en caridad
y encendamos un fuego de amor por donde pasemos;
qué deseemos eficazmente
y procuremos por todos los medios
contagiar a todos de tu amor.
Qué nada ni nadie nos arredre, Señor.
Qué nos gocemos en las privaciones.
Qué abordemos los trabajos,
qué abracemos los sacrificios.
Qué nos complazcamos en las calumnias
y alegremos en los tormentos.
Señor, qué no pensemos sino como seguir e imitar a Jesucristo
en trabajar, sufrir y procurar siempre y únicamente la mayor gloria tuya y la salvación de las almas. Amén
(Escrita por S. Antonio Mª Claret)
Primicias Rurales
Fuente: Catholic . Net
Oct 24, 2026 | Actualidad, Espiritualidad, Santo del Día
Rafael inició sus estudios eclesiásticos en el seminario auxiliar de Cotija, en 1891; los interrumpió un año para dedicarse a las labores del campo y los continuó con más decisión en el seminario mayor de Zamora, para coronarlos con la ordenación sacerdotal en la catedral de Zamora, el 1.º de junio de 1901. Pronto fue nombrado misionero apostólico por Su Santidad León XIII.
Quinto Obispo de Veracruz
Buenos Aires, sábado 24 de octubre (PR/26) .- Monseñor Rafael Guízar y Valencia nació en Cotija, Michoacán, diócesis de Zamora, el 26 de abril de 1878. Fue el quinto de diez hermanos. Sus cristianos padres, que formaban una de las familias pudientes de la localidad, eran don Prudencio Guízar González y doña Natividad Valencia de Guízar, quienes brindaron a sus hijos, además de una sólida educación, un clarísimo testimonio de su vida cristiana. Estudió en su tierra natal las primeras letras. A los 9 años de edad perdió a su madre, y así empezó el dolor a fraguar el ánimo de quien sería más tarde un verdadero padre para tantos huérfanos espirituales.
El año de 1890, inició Rafael sus estudios en el colegio de San Estanislao, regentado por los padres jesuitas. Allí empezó a destacar la personalidad del que llegaría a ser un notable hombre de acción. A pesar de que sólo contaba con 12 años de edad, ya tenía una buena disposición al amor de Dios en grado heroico, una pureza de costumbres a toda prueba —fruto, sin duda, de su esmerada educación materna— y una notable reciedumbre de carácter, digna de su padre y de su ambiente michoacano, de donde surgió la magnífica planta de su vocación sacerdotal, que pronto habría de transformarse en un robusto árbol de santidad y celo por la salvación de los hombres.
Rafael inició sus estudios eclesiásticos en el seminario auxiliar de Cotija, en 1891; los interrumpió un año para dedicarse a las labores del campo y los continuó con más decisión en el seminario mayor de Zamora, para coronarlos con la ordenación sacerdotal en la catedral de Zamora, el 1.º de junio de 1901. Pronto fue nombrado misionero apostólico por Su Santidad León XIII.
En 1913, a pesar de su nombramiento como canónigo de la catedral de Zamora, lo encontramos misionando entre los soldados, en México, D. F., Puebla y Morelos. Pronto se inició la persecución contra el clero católico y el P. Guízar tuvo que salir desterrado a Estados Unidos, Guatemala y la isla de Cuba. En todas partes dejó una estela de admiración, por sus virtudes nada comunes y por su inquebrantable celo apostólico. Monseñor Enrique Pérez Serrantes, obispo de Camagüey, en Cuba, decía: «La gloria de Dios lo absorbía todo entero; a la salvación de las almas dedicaba todo el tiempo disponible; con el ejemplo y con la palabra iba encendiendo en estos amores a los sacerdotes de ambos cleros a quienes encontraba a su paso».
En agosto de 1919 fue elegido obispo de Veracruz por el papa Benedicto XV; el 30 de noviembre del mismo año recibió en La Habana, Cuba, la consagración episcopal, llegando a Veracruz el 3 de enero de 1920. Su labor pastoral fue obstaculizada por el ambiente anticlerical del gobierno oficial; a pesar de todo, no solamente atendió espiritual y materialmente a los damnificados del reciente terremoto ocurrido en su diócesis, sino que reconstruyó el seminario estableciéndolo en Jalapa, para trasladarlo después a México, D. F., cuando las tropas sectarias se apoderaron de los inmuebles de la Iglesia.
Al estallar nuevamente la persecución, bajo el gobierno del presidente Plutarco Elías Calles, por segunda vez fue obligado a salir de su diócesis; pasó de los Estados Unidos a Cuba, Guatemala y Colombia, y regresó al país en 1929. Al iniciar su visita pastoral a la diócesis, tan duramente probada, el gobernador de Veracruz, don Adalberto Tejeda, con su intransigencia y su espíritu jacobino, pretendió, de hecho, convertir toda la diócesis en un departamento religioso de su gobierno. Monseñor Guízar no podía transigir con aquellas injerencias del poder civil; los cultos se volvieron a suspender y el pastor volvió a salir desterrado de su diócesis, por tercera vez, para dirigirla, en medio de mil penalidades, desde la ciudad de México.
Durante seis años, el anciano pastor sufrió calladamente la repulsa de propios y extraños por defender, ante los hombres y ante la Iglesia, la dignidad humana pisoteada y los derechos de las conciencias vilmente escarnecidos por los poderes civiles. Siempre veló por esas conciencias y, de su seminario, salieron los hombres que atendieron las urgentes necesidades de la diócesis.
Quiso la divina providencia que aquel nuevo «Atanasio» regresara, en las postrimerías de su vida, en medio de sus feligreses, para cerrar con broche de amor la profunda entrega característica de su vida. Muy enfermo, organizó nuevas misiones hasta que la muerte lo detuvo en la ciudad de México, el 6 de junio de 1938. Su cadáver fue trasladado a Jalapa, Veracruz, donde se le dio sepultura. El 28 de mayo de 1950 se procedió a exhumar su cadáver, que fue encontrado incorrupto. Fue reinhumado en la catedral de Jalapa, Veracruz, en espera del juicio de nuestra madre la Iglesia católica sobre la heroicidad de sus virtudes.
Monseñor Guízar y Valencia fue beatificado en Roma por Su Santidad Juan Pablo II el 29 de enero de 1995, y canonizado por Su Santidad Benedicto XVI el 15 de octubre de 2006.
Oración para pedir la intercesión de San Rafael Guízar y Valencia
Oh Dios, que en san Rafael Guízar y Valencia nos ofreces un modelo de fidelidad al Evangelio y de pastor según el corazón de tu Hijo, concédenos por su intercesión vivir gozosos nuestra vida cristiana y obtener las gracias que te pedimos y tú bien sabes que necesitamos, para que así podamos servirte en nuestros hermanos mediante la entrega generosa en la vida de la Iglesia. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.
Primicias Rurales
Fuente: EWTN
Oct 24, 2026 | Actualidad, Espiritualidad, Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 1-9
En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.
Jesús respondió:
«¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera».
Y les dijo esta parábola:
«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
“Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?”.
Pero el viñador respondió:
“Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”».
Palabra del Señor