El Milagro del Sol de la Virgen en Fátima: Hoy a 109 años del prodigio celestial que conmovió al mundo

El Milagro del Sol de la Virgen en Fátima: Hoy a 109 años del prodigio celestial que conmovió al mundo

El 13 de octubre se conmemora el aniversario del extraordinario fenómeno solar en Portugal que selló la última aparición mariana en Fátima ante decenas de miles de testigos.

 

 

 

 

 

Buenos Aires, martes 13 octubre (PR/26) — Cada 13 de octubre la comunidad católica global conmemora el aniversario del denominado Milagro del Sol, un acontecimiento histórico y espiritual de enorme magnitud que marcó el cierre definitivo del ciclo de apariciones marianas en la localidad de Fátima, Portugal, durante el año 1917.

La secuencia de prodigios comenzó formalmente el 13 de mayo de 1917, fecha en la que tres pequeños pastores —Lucía dos Santos y sus primos Francisco Marto y Jacinta Marto— presenciaron la primera manifestación de la Virgen María en el paraje rural conocido como Cova da Iria.

Aquel ciclo mariano, de 6 apariciones, culminó en la sexta y última aparición del 13 de octubre de 1917, cuando una muchedumbre calculada entre 40.000 y 70.000 personas se congregó en el lugar bajo condiciones climáticas adversas, atrayendo a creyentes, científicos, periodistas y escépticos de diversas regiones.

La jornada del 13 de octubre y el desarrollo del fenómeno solar

 

 

       

 

La expectativa generalizada respondía a la promesa explícita de la Santísima Virgen a los tres pastorcitos, asegurándoles que en esa fecha realizaría un milagro público masivo con el propósito inequívoco de que toda la humanidad creyera en el mensaje celestial.

El clima de aquella jornada amaneció sumamente hostil, caracterizado por una lluvia torrencial continua que inundó los terrenos y dejó a la multitud completamente empapada mientras aguardaba la llegada del mediodía sin que se registraran novedades inmediatas.

En el momento cumbre, la niña Lucía dos Santos solicitó a la multitud que cerrara los paraguas y anunció a sus primos la presencia inminente de la Señora, momento en el cual la tormenta cesó abruptamente y el cielo se despejó por completo.

El mensaje de Nuestra Señora del Rosario y la danza del Sol

 

Al manifestarse, la Virgen María reveló su identidad como Vuestra Señora del Rosario y solicitó la edificación de una capilla en su honor, instando a los fieles a continuar con la recitación diaria del Santo Rosario por la paz.

Asimismo, la visión transmitió un mensaje de esperanza al anunciar el próximo fin de la Primera Guerra Mundial y el pronto retorno de los soldados a sus respectivos hogares, dejando una profunda impronta espiritual en los videntes.

Posteriormente, los miles de asistentes presenciaron cómo las densas nubes se abrían para dar paso al sol como un disco opaco, el cual comenzó a girar rápidamente sobre sí mismo emitiendo destellos y resplandores de luces multicolores.

Durante aproximadamente diez minutos, el astro rey ejecutó movimientos calificados como una danza solar en zigzag, dando la impresión visual de desprenderse del firmamento y abalanzarse hacia la superficie terrestre, provocando la conmoción de la multitud.

Al concluir el suceso, los presentes constataron con asombro que el suelo embarrado y sus ropas empapadas se encontraban completamente secas de forma instantánea, transformando el temor inicial en manifestaciones colectivas de fe y oración.

Reconocimiento oficial de la Iglesia católica y legado actual

 

El fenómeno tuvo un fuerte impacto mediático y social, siendo cubierto ampliamente por la prensa secular e ilustrada de la época, incluyendo detalladas crónicas y fotografías publicadas por diarios de gran circulación como el periódico portugués O Século.

Años más tarde, tras un riguroso proceso de investigación canónica, el 13 de octubre de 1930 el obispo José da Silva declaró las visiones de Fátima como dignas de crédito, aprobando oficialmente el culto diocesano a Nuestra Señora de Fátima.

En el sitio preciso de las manifestaciones, donde en 1920 se erigió una modesta capilla inicial, se levanta hoy el majestuoso Santuario de Fátima, uno de los centros de peregrinación mariana más concurridos e importantes del mundo entero.

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Confesión válida: ¿hay que contarle al sacerdote cada detalle del pecado?

Confesión válida: ¿hay que contarle al sacerdote cada detalle del pecado?

 

La confesión sacramental es insustituible para recibir el perdón de Dios, pero muchos fieles dudan: ¿hace falta narrar con minuciosidad la falta cometida? La respuesta de la Iglesia es más sencilla y tranquilizadora de lo que se cree.

 

 

 

Buenos Aires martes 13 octubre (PR/26)– La confesión es el sacramento que devuelve la vida espiritual que se pierde con el pecado grave o mortal. Pero surge una duda muy común: para que sea válida y Dios perdone todas las faltas, ¿hay que darle al sacerdote todos los detalles?

 

¿Por qué hay que decirle los pecados al sacerdote?

 

Antes de hablar de los detalles, conviene entender por qué los pecados se confiesan en voz alta. No es una invención humana: fue una orden directa de Jesús, tal como lo relata san Juan en el día de la Resurrección.

“Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’” (Jn 20, 22-23).

 

Recibid el Espíritu Santo» - La reposteria de las monjas

 

La pregunta cae por su propio peso: ¿de qué otro modo podría el confesor conocer los pecados del penitente? Es necesario que los escuche de viva voz de quien se acerca a reconciliarse.

El Catecismo de la Iglesia católica lo dice con claridad: “la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento” (CEC 1424).

 

¿Debe ser una confesión muy explícita?

 

Aquí está el corazón de la duda: ¿qué tan detallada tiene que ser la explicación? Para responder, volvamos al Catecismo, que establece lo siguiente:

“En la confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo (cf Ex 20,17; Mt 5,28), pues, a veces, estos pecados hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos (Concilio de Trento: DS 1680)” (CEC 1456).

Como se ve, el texto habla de enumerar todos los pecados mortales. No dice “explicar a profundidad cada pecado”. Se trata de ser completo y sincero, no de ofrecer un relato extenso.

El Código de Derecho Canónico va en la misma línea. En su canon 988 § 1 señala lo siguiente:

Código de Derecho Canónico - Wikipedia, la enciclopedia libre

“El fiel está obligado a confesar según su especie y número todos los pecados graves cometidos después del bautismo y aún no perdonados directamente por la potestad de las llaves de la Iglesia ni acusados en confesión individual, de los cuales tenga conciencia después de un examen diligente”.

 

Lo necesario para que el sacerdote imponga la penitencia

 

Hay que aclarar que el sacerdote puede hacerle algunas preguntas al fiel, con un fin muy concreto: poder imponer una penitencia adecuada. Así lo explica el Catecismo:

“La penitencia que el confesor impone debe tener en cuenta la situación personal del penitente y buscar su bien espiritual. Debe corresponder todo lo posible a la gravedad y a la naturaleza de los pecados cometidos”.

 

La Confesión: por qué es un sacramento liberador y terapéutico - Revista Misión

 

Por eso, al hacer tu examen de conciencia, piensa cuántas veces cometiste el pecado y en qué circunstancias ocurrió. No necesitas darle al sacerdote un recuento extenso de la historia.

Lo que realmente importa es tu arrepentimiento sincero. Las lágrimas que derrames por tu falta serán siempre el mejor indicador de que estás haciendo una buena confesión.

 

 

 

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Fuente: Aleteia
El arcángel Miguel, el guardián que Dios envió para proteger a santa Faustina

El arcángel Miguel, el guardián que Dios envió para proteger a santa Faustina

La apóstol de la Divina Misericordia relató que Dios mismo ordenó al arcángel Miguel que la cuidara de manera especial frente a los ataques del mal.

 

 

 

 

Buenos Aires martes 13 octubre (PR/26)– Son muchos los beatos y santos que, en su camino espiritual, han contado con la ayuda de los ángeles. Santa Faustina Kowalska, una de las mayores místicas de la Iglesia católica, no fue la excepción: tuvo un vínculo muy especial con el arcángel san Miguel.

 

María Faustina Kowalska - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

Nacida en Polonia en 1905, se hizo famosa por su Diario, donde recoge sus numerosas experiencias con Jesús Misericordioso. Por eso es venerada como la Apóstol de la Divina Misericordia, y fue beatificada en 1993 y canonizada en 2000 por el papa Juan Pablo II.

El nombre de sor María Faustina Kowalska está estrechamente ligado al apostolado de la Divina Misericordia, pero hay un rasgo de su camino espiritual del que se habla menos: la intervención de los ángeles en su vida.

 

Los ángeles, compañeros en las batallas más duras

 

En los relatos de su Diario aparecen importantes encuentros con seres celestiales que ayudaron a la santa polaca a alcanzar el éxito en el apostolado de la Divina Misericordia.

Sabemos que la presencia de los ángeles es una constante en la vida de todos. Participan en nuestros momentos de alegría, pero también, y sobre todo, cuando libramos nuestras batallas más duras.

 

 

El papa Gregorio Magno, honrado con el título de “Doctor Angelorum”, aclara el papel de los ángeles y los arcángeles en la vida de los seres humanos. Según nos explica, los ángeles del coro de los ángeles de la guarda son nuestros guías y tienen la tarea de encomendarnos misiones concretas.

Los arcángeles, por su parte, que son los más grandes de los ángeles, se encargan de las misiones más importantes. Lo resume así el propio san Gregorio: “Cuando se trata de hacer cosas maravillosas, es Miguel a quien se envía, para dar a conocer con sus acciones y con su nombre que nadie puede hacer aquellas cosas en las que solo Dios es eficaz”.

 

Un protector a la medida de su misión

 

Dada la grandeza de su misión, santa Faustina fue especialmente perseguida por los demonios. Por esa razón, el Creador ordenó al mayor de sus ángeles, el arcángel Miguel, que velara por ella de una manera muy especial.

Así lo cuenta ella misma en su Diario: “El día de San Miguel Arcángel, vi a este gran guía a mi lado. Me dijo estas palabras: ‘El Señor me ha encomendado que te cuide especialmente. Ten presente que el mal te odia, pero no temas. ¡Quién es como Dios!’ Y desapareció. Sin embargo, sigo sintiendo su presencia y su ayuda”.

 

Protegida por distintos coros celestiales

 

El Diario de santa Faustina revela episodios con su ángel de la guarda y con san Miguel. Cuenta que un día, al salir de una ceremonia en la que había estado ante la imagen de Jesús Misericordioso, la sorprendió una multitud de demonios que acudieron para repelerla y amenazarla. Ante ese enfrentamiento espiritual, pudo contar con la poderosa ayuda de su ángel custodio.

 

Al Ángel de la Guarda – Apostolicam

 

Ella lo narra así: “Al ver su terrible odio hacia mí, pedí ayuda al ángel de la guarda, e inmediatamente la figura clara y luminosa del ángel de la guarda apareció ante mí y me dijo: ‘No temas, esposa de mi Señor. Estos espíritus no pueden hacerte daño sin Su permiso’. Inmediatamente los espíritus malignos desaparecieron, y el fiel ángel de la guarda me acompañó visiblemente hasta el interior de la casa. Sus ojos eran modestos y apacibles, y un rayo de fuego brillaba en su frente”.

 

La Divina Misericordia, un misterio que asombra a los ángeles

 

El apostolado de santa Faustina fue, y sigue siendo, de suma importancia para la humanidad. Los ángeles cumplieron fielmente los designios de Dios para la protección y salvaguarda de María Faustina. Jesús le había pedido: “Hija mía, habla a todos de Mi inconcebible Misericordia. […] Mi Misericordia es tan grande que, a lo largo de toda la eternidad, ninguna mente, ni humana ni angelical, podrá sondear sus profundidades”.

Así lo confirma el angelólogo italiano, el obispo Marcello Stanzione, sobre la inexplicable misericordia de Dios hacia sus hijos más pecadores: “La admiración por la misericordia de Dios es un elemento común entre los hombres y los ángeles.

Podríamos afirmar que, mientras que en el hombre surge al ver cómo se derraman sobre él una misericordia ilimitada e inagotable a pesar de estar bajo el peso de sus pecados más monstruosos, por otro lado, el asombro de los ángeles radica en ver tanta misericordia para con nosotros, los pecadores, una misericordia casi inconcebible para quienes recuerdan la caída irreparable de sus hermanos angelicales”.

FELICI COME GLI ANGELI di don Marcello Stanzione - Abruzzo Popolare

Y continúa: “Algunos se preguntarán si no se mostró misericordia alguna hacia aquellos ángeles rebeldes. Recordemos esto: la misericordia desea un signo de arrepentimiento… pero en el caso de la ofensa causada por aquellos ángeles hay una profunda diferencia con respecto a la de los hombres. He aquí la respuesta: «Cuando reflexionaba sobre el pecado de los ángeles y su castigo inmediato, le pregunté a Jesús por qué los ángeles eran castigados inmediatamente después de pecar. Oí la voz: Por su profundo conocimiento de Dios. Ninguna persona en la tierra, por muy gran santo que sea, tiene tal conocimiento de Dios como lo tienen los ángeles»” (Diario 1332).

 

Ángeles y misericordia

 

Es posible que los ángeles no puedan concebir la Misericordia en su totalidad, pues se trata de un misterio que pertenece únicamente a Dios. Sin embargo, los santos ángeles anhelan nuestra salvación para dar gloria a Dios, y la única forma en que podemos salvarnos es mediante el arrepentimiento de nuestros pecados y la gracia que la Divina Misericordia nos concederá a cada uno en el momento final de nuestra muerte.

 

Así lo expresan estas palabras del Diario:

 

“Las entrañas de la Misericordia de Dios se abrieron para nosotros gracias a la vida de Jesús, tendido en la cruz; no debes dudar ni desesperarte, pecador, sino confiar en la misericordia, pues tú también puedes ser santo. Dos fuentes brotaron en forma de rayos del Corazón de Jesús, no para los ángeles, los querubines ni los serafines, sino para la salvación del pecador”.

 

 

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Fuente: es.aleteia.org
Hoy se conmemora San Eduardo III, el Confesor, rey justo y piadoso

Hoy se conmemora San Eduardo III, el Confesor, rey justo y piadoso

 

Cada 13 de octubre se conmemora a San Eduardo el Confesor, último rey anglosajón de la Casa de Wessex, recordado por su piedad, justicia y la construcción de la Abadía de Westminster. Canonizado en 1161, la Iglesia lo honra como patrono de los matrimonios difíciles y ejemplo de gobierno pacífico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires, martes 13 octubre (PR/26) —  El 13 de octubre se conmemora a San Eduardo el Confesor, último rey anglosajón de la Casa de Wessex y patrono de los matrimonios difíciles o separados. Su festividad de hoy marca el aniversario del traslado de sus reliquias a la Abadía de Westminster en 1163, destacándose por su vida virtuosa y su justicia como gobernante.

Después del abandono, las luchas y la opresión durante el reinado de los dos soberanos daneses, Harold Harefoot y Artacanuto, el pueblo inglés acogió con júbilo al representante de la antigua dinastía inglesa, San Eduardo el Confesor.

Las cualidades que merecieron a Eduardo ser venerado como santo, se referían más bien a su persona que a su administración como soberano pues era un hombre piadoso, amable y amante de la paz.

Eduardo era hijo de Eteredo y de la normanda Ema. Durante la época de la supremacía danesa, fue enviado a Normandía cuando tenía 10 años y regresó a su patria en 1042 cuando fue elegido rey.

A la edad de 42 años contrajo matrimonio con Edith, la hija del Conde Godwino, la mayor amenaza para su reino. La tradición sostiene que San Eduardo y su esposa guardaron perpetua continencia por amor a Dios y como un medio pra alcanzar la perfección.

A San Eduardo III (conocido históricamente como Eduardo el Confesor) se le otorgó el sobrenombre de «el Confesor» debido a su profunda piedad religiosa y su vida de devoción, características que lo diferenciaban de los santos que murieron como mártires.
En la tradición de la Iglesia católica, un «confesor» es un santo que sufrió persecución o demostró una fe heroica y ejemplar a lo largo de su vida, pero no murió martirizado por su fe.
El Papa Alejandro III lo canonizó formalmente en 1161 bajo este título, en gran parte para consolidar su legado como un rey justo, pacífico y sumamente piadoso.

 

 

La administración justa y equitativa de San Eduardo le hizo muy popular entre sus súbitos. La perfecta armonía que reinaba entre él y sus consejeros se convitió más tarde en el sueño dorado ya que durante el reinado de Eudardo, los barones normandos y los representantes del pueblo inglés ejercieron una profunda influencia en la legislación y el gobierno.

Uno de los actos más populares del reinado de San Eduardo fue la supresión del impuesto para el ejército; los impuestos recaudados de casa en casa en la época del santo fueron repartidos entre los pobres.

Durante el destierro en Normandía, San Eduardo había prometido ir en peregrinación al sepulcro de San Pedro en Roma, si Dios se dignaba poner término a las desventuras de su familia. Después de su ascenso al trono, convocó un concilio y manifestó públicamente la promesa con que se había ligado.

Sin embargo, la Asamblea le manifestó que con su partida se abriría el camino a las disensiones en el interior del país y los ataques de las potencias extranjeras. El rey decidió someter el asunto a juicio del Papa San León IX, quien le sugirió repartir el dinero que habría gastado en el viaje entre los pobres, y construir un monasterio en honor a San Pedro.

El último año de vida del santo se vio turbado por la tensión entre el Conde Tostig Godwinsson de Nortumbría y sus súbitos; finalmente el monarca tuvo que desterrar al conde. Falleció en 1065.

La canonización de San Eduardo tuvo lugar en 1161, y dos años después de que su cuerpo se mantenía incorrupto, fue trasladado por Santo Tomás Becket a una capilla del coro de la abadía de Westminster, de la cual San Eduardo fue su promotor, el 13 de octubre, fecha en que se celebra actualmente su fiesta.

 

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Fuente: ACI Prensa

 

“Espero en tus mandamientos”

“Espero en tus mandamientos”

Las lecturas de hoy nos invitan a vivir una fe auténtica nacida del corazón y guiada por la gracia, alejándonos de los cumplimientos vacíos y del ritualismo exterior que denunció Jesús ante los fariseos.

 

 

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 5, 1-6

 

Hermanos:
Para la libertad nos ha liberado Cristo.
Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud.
Mirad: yo, Pablo, os digo que, si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.
Y vuelvo a declarar que todo aquel que se circuncida está obligado a observar toda la ley.
Los que pretendéis ser justificados en el ámbito de la ley, habéis roto con Cristo, habéis salido del ámbito de la gracia.
Pues nosotros mantenemos la esperanza de la justicia por el Espíritu y desde la fe; porque en Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor.

 

Salmo de hoy

Salmo 118, 41. 43. 44. 45. 47. 48 R/. Señor, que me alcance tu favor

 

Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu promesa. R/.

No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. R/.

Cumpliré sin cesar tu ley,
por siempre jamás. R/.

Andaré por un camino ancho,
buscando tus mandatos. R/.

Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo. R/.

Levantaré mis manos hacia tus decretos,
que tanto amo, y recitaré tus mandatos. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 37-41

 

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.

Él entró y se puso a la mesa.

Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo:

«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».

 

Reflexión del Evangelio de hoy

“En Cristo nada valen la circuncisión o la incircuncisión, sino la fe que actúa por el amor”

 

¿De qué vale una fe que sea solo cumpli-miento? Esto es lo que plantea San Pablo a los gálatas cuando los cristianos provenientes del judaísmo les obligan a “cumplir” con la ley mosaica y circuncidarse. Toda fe que no sea libre, que no salve y no se convierta en amor es ajena al Evangelio de Cristo.

Esto que nos puede parecer tan obvio, sin embargo, sigue hoy ocurriendo en muchas religiones y también en el cristianismo. “Cumplir” es a veces sinónimo de mentir cuando mi fe se convierte en rito y no se traduce en obras y obras de amor. Si repasamos nuestra trayectoria de vida cristiana encontraremos, sin duda, junto a momentos inevitables de crisis, miedos, de dudas, de contradicciones, otros “desconcertantes” de envidias, rencores, odios…

Lo verdaderamente importante es ser conscientes de todo ello y saber que, aunque inmerecidamente, el Señor nunca nos abandona… Al revés: está con su Gracia siempre dispuesto a actuar en nuestro corazón, de donde nunca se va, a contagiarnos de su amor y respetando absolutamente nuestra libertad, una libertad que Él nos ganó sometiendo al mal y a la muerte.

 

“Dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo”

En el Evangelio Jesús nos insiste en que lo verdadero es lo “de dentro”, es decir, nuestro corazón, nuestra conciencia. Es allí donde soy verdaderamente yo y donde se produce el encuentro de fe definitivo con Cristo. El Sí libre y responsable de mi fe es para el Señor el mayor de los tesoros, un tesoro de amor que Él me anima a convertir en palabras y obras para con mis hermanos. Si esto es así, la limosna no es dar, sino darme. Si esto es así, confesar y arrepentirse es una conversión profunda de vida y comulgar es aceptar a Cristo y a los “otros cristos” en mi ser y actuar…

Solo desde la profundidad y riqueza de mi corazón entregado a Dios y a los demás tienen pleno sentido la liturgia, los sacramentos, las prácticas de piedad y caridad, la devoción a Nuestra Señora y los santos y el cuidar todo ello con pulcritud y esmero. Jesús critica fuertemente la falsedad de las prescripciones farisaicas como la que nos indica el Evangelio o cuando critican al Señor por curar en sábado o por denunciar los abusos del Templo de Jerusalén.

Desterremos, pues, nuestros -a veces- inevitables fariseísmos y busquemos el Reino de Dios con humildad y solidaridad con nuestros hermanos los hombres.

 

PARA LA MEDITACIÓN

«Por eso, es necesario dar «limosna de lo que hay dentro» para poder limpiarse. Es decir, dar limosna desde la propia miseria; desde ahí donde están nuestras propias heridas, las que hemos hecho. Así, damos a un pobre desde nuestra pobreza, atendemos a un enfermo desde nuestros dolores, y acogemos al pecador desde nuestros pecados. Porque cuando damos limosna desde ahí pedimos limosna también nosotros. Cuando ofrecemos todo desde dentro de la propia fragilidad estamos pidiendo la misma compasión que ofrecemos. Sólo entonces amamos con el mismo amor que no dimos, dejando que mane desde sus hontanares y corra límpido hacia fuera. Sólo si amamos con todo el amor que tenemos corre desde su misma fuente en Dios, que «hizo también lo de dentro», y alcanza al que con compasión quiera recibirlo.»

(Carlos Pérez Laporta. “Alfa y Omega”)

D. Carlos José Romero Mensaque O.P.

D. Carlos José Romero Mensaque O.P.
Fraternidad de Laicos Dominicos “Amigos de Dios” (Bormujos, Sevilla)
Formo parte del laicado dominicano desde 2006 motivado por el estudio y devoción al Santo Rosario y el ejemplo de dos frailes. Soy doctor en Historia y en Artes y Humanidades (Teología) y tengo estudios teológicos como profesor de Religión que continúo. Mi actividad como predicador se centra en el estudio de la Historia de la Orden, la catequesis parroquial y la dirección de un programa semanal sobre el Evangelio en YouTube.
Hoy es día de la Virgen del Pilar, Patrona de la hispanidad, Madre de la evangelización

Hoy es día de la Virgen del Pilar, Patrona de la hispanidad, Madre de la evangelización

Virgen del Pilar, 12 de octubre / ACI Prensa

Buenos Aires, lunes 12 octubre (PR/26) — Cada 12 de octubre se celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de la Virgen del Pilar. De acuerdo a una antigua tradición, el Apóstol Santiago llegó a la península Ibérica (España) para predicar el Evangelio; allí, mientras oraba, se le apareció la Virgen María, de pie, encima de un pilar o columna, en Zaragoza. Santa María vivía aún “en carne mortal”, por lo que se suele aludir a esta aparición como “la llegada de la Virgen”.

Aquel encuentro es el origen de una de las devociones más extendidas y hermosas que hay en la Iglesia católica: la advocación de Nuestra Señora del Pilar, símbolo de la hispanidad católica.

María, pilar sobre el que se sostiene la Iglesia

La historia sucedió así: alrededor del año 40 de la era cristiana, San Santiago Apóstol, en una noche de oración -un 2 de enero- a orillas del río Ebro, en Zaragoza, vio a la Madre de Jesús aparecer ante sus ojos, sobre una columna. Ella le pidió que se edifique en ese mismo lugar un templo dedicado a su santo nombre, y que el pilar sobre el que estaba parada sea colocado junto al altar.

«Este sitio permanecerá hasta el fin del mundo para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que imploren mi ayuda», le dijo la Virgen María a Santiago.

Después de la aparición, el apóstol y sus discípulos comenzaron la construcción del templo, en cuyo interior permanece la columna hasta hoy. Entonces, los españoles y foráneos que visitaban el lugar empezaron, poco a poco, a referirse a la imagen de la Virgen María colocada junto al altar como “Santa María del Pilar”. La edificación ha sido reconocida como el primer templo de la historia dedicado a María, la Madre de Dios.

Hoy resulta claro que el paso de los siglos atestigua cómo se ha venido cumpliendo lo prometido por la Madre de Dios al Apóstol Santiago: el Pilar permanece de pie, firme, hasta hoy. No ha habido guerra, ni invasión, ni ataque en la era moderna -como el de las bombas arrojadas durante la guerra civil española- que haya podido alterar el santo lugar.

 

América, bajo la protección de la Virgen del Pilar

 

El continente americano, evangelizado por misioneros españoles desde el siglo XVI, fue constituido como tal al amparo de la Madre de Dios; y hoy, en tiempos en los que debe renovarse el espíritu evangelizador, continúa desarrollándose en su identidad bajo el auspicio y protección de la Virgen del Pilar.

Ella fue la protectora de los valientes misioneros que llegaron a tierras americanas para anunciar a Cristo a quienes no lo conocían. En ese sentido, por su trascendencia histórica, el arribo de Cristóbal Colón por primera vez al Nuevo Continente, el 12 de octubre de 1492, ha sido señalado como el día de la Virgen del Pilar de Zaragoza, puesto que tanto el viaje de Colón como la gesta evangelizadora fueron puestos a los pies de la Virgen del Pilar, pidiendo su custodia y ofreciéndole sus frutos.

No fue casualidad que, en 1984, ad portas de la celebración del V Centenario de la Evangelización de América (1992), el Papa San Juan Pablo II reconoció a la Virgen del Pilar como “la Patrona de la Hispanidad”.

Hoy, quienes se reconocen hispanos alrededor del mundo se sienten agradecidos por el don mariano y por recibir una identidad que los invita de nuevo a anunciar a Jesús en un mundo que clama por el amor de Dios.

¡Feliz día de la Virgen del Pilar! ¡Por el Pilar nos vino la fe! ¡Feliz día de la hispanidad evangelizadora!

 

Más información:

 

La tradición de la Virgen del Pilar, tal como ha surgido de unos documentos del siglo XIII que se conservan en la catedral de Zaragoza, se remonta a la época inmediatamente posterior a la Ascensión de Jesucristo, cuando los apóstoles predicaban el Evangelio. Se dice que Santiago el Mayor había desembarcado en la Península por el puerto de Cartagena, lugar donde fundó la primera diócesis española, predicando desde entonces por diversos territorios del país. Los documentos dicen textualmente que Santiago, «llegó con sus nuevos discípulos a través de Galicia y de Castilla, hasta Aragón, donde está situada la ciudad de Zaragoza, en las riberas del Ebro.
Allí predicó Santiago muchos días y, entre los muchos convertidos eligió como acompañantes a ocho hombres, con los cuales trataba de día del reino de Dios, y por la noche, recorría las riberas para tomar algún descanso».
En la noche del 2 de enero del año 40, Santiago se encontraba con sus discípulos junto al río Ebro cuando «oyó voces de ángeles que cantaban Ave María, Gratia Plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol». La Santísima Virgen, que aún vivía en carne mortal, le pidió al Apóstol que se le construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que «permanecerá este sitio hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio».
Desapareció la Virgen y quedó ahí el pilar. El Apóstol Santiago y los ocho testigos del prodigio comenzaron inmediatamente a edificar una iglesia en aquel sitio y, antes de que estuviese terminada la Iglesia, Santiago ordenó presbítero a uno de sus discípulos para servicio de la misma, la consagró y le dio el título de Santa María del Pilar, antes de regresarse a Judea. Esta fue la primera iglesia dedicada en honor a la Virgen Santísima.
La devoción del pueblo por la Virgen del Pilar se halla tan arraigada entre los españoles y desde épocas tan remotas, que la Santa Sede permitió el establecimiento del Oficio del Pilar en el que se consigna la aparición de la Virgen del Pilar como «una antigua y piadosa creencia».
En 1438 se escribió un «Libro de Milagros» atribuidos a la Virgen del Pilar, que contribuyó al fomento de la devoción hasta el punto de que, el rey Fernando el Católico dijo: «creemos que ninguno de los católicos de occidente ignora que en la ciudad de Zaragoza hay un templo de admirable devoción sagrada y antiquísima, dedicado a la Santa y Purísima Virgen y Madre de Dios, Santa María del Pilar, que resplandece con innumerables y continuos milagros».
El Papa Clemente XII señaló la fecha del 12 de octubre para la festividad particular de la Virgen del Pilar, pero ya desde siglos antes, en todas las iglesias de España y entre los pueblos sujetos al rey católico, se celebraba la dicha de haber tenido a la Madre de Dios en su región cuando todavía vivía en carne mortal.
Tres rasgos peculiares que caracterizan a Ntra. Sra. del Pilar y la distinguen de otras advocaciones marianas. El primero es que se trata de una venida extraordinaria de la Virgen durante su vida mortal.
La segunda la constituye la Columna o Pilar que la misma Señora trajo para que sobre él se construyera la primera capilla que, de hecho, sería el primer templo mariano de toda la Cristiandad.
Y la tercera es la vinculación de la tradición pilarista con la tradición jacobea (Santiago de Compostela); por ello, Zaragoza y Compostela, el Pilar y Santiago, han constituido los ejes fundamentales en torno a los cuales ha girado durante siglos la espiritualidad de España.
La Basílica del Pilar, en Zaragoza, constituye en la actualidad uno de los santuarios marianos más importantes del mundo y recibe contínuas peregrinaciones.
Ante la Virgen han orado gentes de todas las razas, desde las más humildes, hasta los reyes y gobernantes más poderosos, e incluso pontífices, como San Juan Pablo II en dos oportunidades..
El grandioso templo neoclásico se levanta sobre el lugar de la aparición, conservándose la Columna de piedra que la Virgen dejó como testimonio, un Pilar que simboliza la idea de solidez del edificio-iglesia, el conducto que une el Cielo y la Tierra, a María como puerta de la salvación.
El día 12 de octubre de 1492 fue precisamente cuando las tres carabelas de Cristóbal Colón avistaban las desconocidas tierras de América, lo que ha motivado que la Virgen del Pilar haya sido proclamada como patrona de la Hispanidad, constituyendo el mejor símbolo de unión entre los pueblos del viejo y nuevo continente.
Su fiesta se celebra con gran fasto en todas las naciones de habla hispana y especialmente en la ciudad de Zaragoza, donde miles de personas venidas de todo el mundo realizan una multitudinaria ofrenda floral a la Virgen.
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Fuente: ACI Prensa