“¡Es verdad, el Señor ha resucitado!”

“¡Es verdad, el Señor ha resucitado!”

Papa León XIV: «Esta es la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado. Hermanos y hermanas, la resurrección de Cristo nos enseña que no hay historia tan marcada por el desengaño o el pecado que no pueda ser visitada por la esperanza».

Evangelio de hoy y lecturas

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

 

El día de Pentecostés Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:

«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.

A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él:

“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.

Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.

Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

 

Salmo

Salmo 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

 

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

 

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17-21

 

Queridos hermanos:

Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras de cada uno, comportaos con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35

 

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Reflexión

Los discípulos de Emaús caminaban tristes porque esperaban otro final, un Mesías que no conociera la cruz. A pesar de haber oído que la tumba está vacía, son incapaces de sonreír. Pero Jesús está a su lado y, con paciencia, les ayuda a comprender que el dolor no es la negación de la promesa, sino el modo en que Dios ha manifestado la medida de su amor (cf. Lc 24, 13-27). Cuando por fin se sientan a la mesa con Él y parten el pan, se les abren los ojos. Y se dan cuenta de que su corazón ya ardía, aunque no lo sabían (cf. Lc 24, 28-32). Esta es la mayor sorpresa: descubrir que bajo las cenizas del desencanto y del cansancio siempre hay un rescoldo vivo, a la espera de ser reavivado. Hermanos y hermanas, la resurrección de Cristo nos enseña que no hay historia tan marcada por el desengaño o el pecado que no pueda ser visitada por la esperanza. Ninguna caída es definitiva, ninguna noche es eterna, ninguna herida está destinada a permanecer abierta para siempre. Por distantes, perdidos o indignos que nos sintamos, no hay distancia que pueda apagar la fuerza infalible del amor de Dios. (Papa León XIV, Audiencia general, 8 de octubre de 2025)

“La ayuda sólo nos puede llegar del Resucitado”

“La ayuda sólo nos puede llegar del Resucitado”

La barca es símbolo eclesial. En la barca va la semilla de la futura iglesia, nuestra iglesia de hoy, que también es amenazada con frecuencia por la oscuridad del mal y la zozobra de las tormentas de este mundo.

 

 

 

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

 

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de
lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.

Los Doce convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto,
hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra».

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

 

Salmo de hoy

Salmo 32, 1-2. 4-5. 18-19 R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

 

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

 

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 16-21

 

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando.

Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.

Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».

Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

 

Evangelio de hoy en vídeo

Reflexión del Evangelio de hoy

Los discípulos en situación de dificultad

Las dos lecturas de hoy nos presentan a los discípulos en situación de dificultad. En la primera lectura se presenta uno de los primeros peligros que hubo en la “barca” de la iglesia primitiva: un conflicto de convivencia entre los cristianos provenientes del judaísmo y los provenientes de los gentiles; estos últimos protestan porque las personas más vulnerables de su comunidad, representadas por la viudas, corren el peligro de ser olvidadas.

La solución está guiada por el Espíritu en comunidad y bendecida por los apóstoles en oración: se crea el servicio a la comunidad, siete personas llenas de espíritu y sabiduría, entre los que destaca san Esteban (hombre lleno de fe y del Espíritu Santo). Comienza así una doble misión de la iglesia: extender la Palabra sin dejar de atender al necesitado. Y fue entonces cuando “incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe”.

«Yo soy; no tengáis miedo»

Los discípulos venían del monte donde acababan de presenciar, allá en lo alto, el milagro del pan compartido en la multiplicación de los panes y los peces. Y ahora deciden, siendo ya casi de noche y sin la compañía del maestro, descender al mar y cruzar. Bajan a un mar de dudas, a la noche y al peligro cierto de morir.

Cuando nos alejamos de Jesús nuestras vidas se vuelven oscuras. De noche, en el relato, el tranquilo lago de Tiberiades se convierte en un mar amenazante. Allí en Galilea, de vez en cuando los vientos enfilan por los valles que se abren al lago, y la brisa se convierte en un viento enfurecido que levanta olas de varios metros. El mar es entonces lugar de peligros, símbolo de las fuerzas del mal, incontrolable por el hombre, y la barca se vuelve un juguete a merced de las olas. Cuando no llevamos a Jesús en la barca de nuestras vidas navegamos a oscuras, desorientados, surgen grandes olas que nos llevan donde quieren. Y nos entra el miedo, agotados de remar pero sin avanzar nada.

Estas tormentas de nuestra vida son una prueba, un desafío a nuestra fe. Y por eso son también una oportunidad de crecimiento. En esas olas, empujadas por el viento del Espíritu, desaparece nuestra zona de confort. Nos reconocemos frágiles y vulnerables, necesitados de una ayuda superior.

El relato tiene un sentido pascual. Esa ayuda que necesitamos, solo puede venir de Cristo resucitado, el único que nos quita los miedos, nos salva de la esclavitud del pecado, nos devuelve a la vida, y nos hace libres. El Señor siempre va a nuestro encuentro. En el momento de mayor peligro se acerca a la barca; se nos acerca. El lago de Galilea mide de ancho unos 10 kms, y ellos habían remado 5; estaban lejos de todo, de noche, en medio del caos de las olas. Pero él viene a rescatarnos. El salmo de hoy hace referencia a este cuidado que tiene Dios de nosotros: Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte.

Y  ¡cómo cambia todo cuando el Señor se acerca! Se presenta ante nosotros, desaparecen las olas, y llega la calma y la serenidad. Y de repente estamos en tierra firme (“en seguida”, dice el texto). El mar deja de ser un mar, y vuelve a  ser un  amable y dulce lago. Tenemos aún miedo de dejarle entrar en nuestros corazones, pero Él nos tranquiliza. Sus palabras, solo dos frases, están llenas de vida. Nos dice lo mismo que dice Dios innumerables veces en las escrituras: no temáis. Y se presenta con el mismo nombre que Dios se da a sí mismo en el antiguo testamento: Soy yo. Con el poder de Dios, Jesús domina y calma las aguas. Camina por encima de ellas como un rey sobre una alfombra, como Señor de la creación.

Y la barca llega al “sitio a donde iban”. A pesar de las dificultades los proyectos de los discípulos fieles a Jesús siempre acaban bien.

La barca es símbolo eclesial. En la barca va la semilla de la futura iglesia, nuestra iglesia de hoy, que también es amenazada con frecuencia por la oscuridad del mal y la zozobra de las tormentas de este mundo.

De esta forma podemos cantar la alegría del salmo: Que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

 

 Centro de Predicación Bíblico Pastoral

Centro de Predicación Bíblico Pastoral
Convento de San Valentín de Berrio Ochoa (Villava)

Centro de Predicación Bíblico Pastoral de los Dominicos de Villava en Navarra, España

“ Dio gracias y repartió ”

“ Dio gracias y repartió ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15

 

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman estos?».

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.

Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?».

Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».

Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

 

Palabra del Señor
“ Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres ”

“ Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 31-36

 

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

Palabra del Señor
“ Los hombres prefirieron la tiniebla a la luz ”

“ Los hombres prefirieron la tiniebla a la luz ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-21

 

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Palabra del Señor
“ Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres ”

“ ¿Cómo es nuestra fe? ”

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 7b-15

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

Nicodemo le preguntó:
«¿Cómo puede suceder eso?».

Le contestó Jesús:
«¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.

Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

Palabra del Señor