Primo lejano de camellos y dromedarios, este majestuoso animal desafía el frío extremo y cumple un rol fundamental para mantener con vida el ecosistema patagónico.
Por Luciana Borges
Buenos Aires, lunes 2 noviembre (PR/26)– Quizás nunca hayas oído hablar de que Sudamérica tiene sus propios camélidos, una familia fascinante que incluye a los camellos y dromedarios.
Poblando una gran parte de la Patagonia chilena y argentina, y mezclándose con la vegetación ocre, se encuentra el guanaco (Lama guanicoe guanicoe), considerado el ungulado más grande de Sudamérica según la Wildlife Conservation Society (WCS), fundada en 1895 con sede en el Zoológico del Bronx.
Los otros parientes que habitan esta parte del continente son la vicuña, la llama y la alpaca, de acuerdo con Animal Diversity Web (ADW). Sin embargo, se cree que el guanaco es la especie más antigua y que las llamas fueron criadas a partir de él como animales de carga hace unos 6500 años, según señala la Enciclopedia Britannica.

Aunque la mayoría de las taxonomías separan a los guanacos y las llamas en especies distintas, otras autoridades las clasifican como subespecies de L. glama. Hoy en día, sus poblaciones superan el millón de adultos, convirtiéndolos en un icono imprescindible para el bioma local y la biodiversidad.
Guardianes de las llanuras amarillentas patagónicas
Estos animales suelen vivir unos 28 años y se organizan socialmente en pequeños grupos de hembras liderados firmemente por un macho. Su área de distribución geográfica abarca desde el norte de Perú hasta el extremo sur del continente americano, abarcando territorios en Perú, Bolivia, Argentina y Chile, llegando a habitar la isla Navarino.
Las poblaciones del norte pertenecen a la subespecie Lama guanicoe cacsilensis, mientras que el resto corresponde a Lama guanicoe guanicoe. Un dato curioso es que fueron introducidos en la isla Staats, en las islas Malvinas, durante la década de 1930, donde continúan viviendo hasta la actualidad.

El guanaco es pilar fundamental para la Patagonia. Sirve de presa clave para el puma andino, que deja restos consumidos luego por especies necrófagas como cóndores, caracaras, zorros y armadillos. Sus migraciones estacionales ayudan a la regeneración de pastizales y fijan carbono en los suelos.
La astuta estrategia para escapar del puma
Un ejemplar adulto mide unos 110 centímetros de altura y pesa cerca de 90 kilos, representando un festín ideal para los pumas patagónicos. Estos grandes felinos se enfocan principalmente en cazar a los individuos más jóvenes o a los que terminan separándose de la manada.
En el Parque Nacional Patagonia en Chile, situado en el remoto Valle Chacabuco de la provincia de Aysén, conviven unos 3000 guanacos con la depredación natural del puma, según destaca la fundación Rewilding Chile en sus esfuerzos de conservación.
Para sobrevivir, despliegan una táctica conocida como ver y huir. Un vigía mantiene contacto visual fijamente con el depredador hasta que se acerca demasiado; en ese instante emite un fuerte grito de alarma que permite a todo el grupo escapar con éxito del cazador.
Una armadura natural contra el viento y el frío extremo
Con un abrigo de tono marrón claro en el lomo y blanco en el vientre, el guanaco posee un pelaje denso de dos capas que resiste vientos superiores a los 60 km/h y temperaturas bajo cero que en olas polares han alcanzado los -20 °C.
En las crías, este suave pelaje constituye entre el 10 % y el 20 % de su lana, considerada un artículo de lujo dentro del mercado textil internacional por su altísima calidad y capacidad de aislamiento térmico frente a la intemperie.

Al ser una especie migratoria, recorren hasta 150 kilómetros entre invierno y verano. Esta constante movilidad no solo les asegura alimento y refugio, sino que impulsa la biodiversidad, la captura de carbono en los suelos y el combate al cambio climático.
Entre la amenaza de la extinción y la supervivencia
En los últimos dos siglos, la población histórica se desplomó de 20 millones a 2.5 millones de ejemplares, reduciendo su área de distribución al 40 % del territorio original debido a la caza, el ganado y el confinamiento por cercados.
Aunque la UICN lo lista como especie de menor preocupación a nivel global, en Perú, Paraguay y Bolivia se le declara formalmente en peligro de extinción, mientras que en Argentina y Chile su caza está regulada y su carne se comercializa bajo estrictas normas.

A estos peligros se suman los trágicos accidentes automovilísticos en las carreteras patagónicas, donde las manadas suelen acercarse a pastar a los bordes de la ruta, representando un riesgo constante tanto para los conductores como para la fauna silvestre.



















