Con 2.097.509 cabezas al 1° de octubre, los corrales de engorde alcanzaron un nivel inédito para este mes. Pero la novedad no es solo el récord: la estacionalidad pierde fuerza y el sistema parece ajustar sus tiempos de terminación.
Rosario miércoles 14 octubre (PR/26)– La dinámica de ingreso y egreso de animales de los feedlots suele ser bastante estacional. El pico de ingresos se concentra entre febrero y junio, según el ritmo con el que los campos hacen salir la invernada.
Durante ese período, los ingresos superan a los egresos y se configura una etapa de llenado de los corrales de engorde.
A partir de julio, en cambio, empieza a salir un mayor volumen de hacienda terminada, mientras que la oferta de hacienda liviana comienza a escasear. Naturalmente, los corrales tienden a vaciarse o, al menos, a reducir de manera significativa su nivel de ocupación.

Cómo se mide el vaivén de los corrales
El Índice de Reposición de Feedlots (IRF) mide la relación entre los ingresos y los egresos de animales durante un período determinado. Cuando el índice se ubica por debajo de 1, salen más animales de los que ingresan; un valor superior a 1 indica una situación de reposición o llenado.
Por eso, el segundo semestre suele mostrar índices inferiores a 1: es el momento en que empieza a predominar la salida de animales terminados. Sin embargo, este año septiembre mostró un comportamiento distinto al de los últimos años.
Septiembre cambió el libreto
De acuerdo con los datos de SENASA, durante septiembre los feedlots registraron ingresos por 358.767 animales, un 5% más que en el mes previo. Los egresos, en cambio, alcanzaron las 341.468 cabezas, un volumen 20% inferior al de agosto.
Como resultado, los feedlots incrementaron sus existencias durante el mes, con un IRF de 1,05, frente al 0,79 observado al cierre de agosto. El valor también se ubica por encima del de igual período del año pasado (0,83) y del promedio de los últimos cinco años (0,94).

Otra particularidad de este año es la menor estacionalidad de la curva de reposición. A diferencia del patrón promedio, en el que las etapas de llenado y vaciado aparecen mucho más marcadas, esta vez prácticamente no se observa una brecha tan definida entre ambas fases de la actividad de engorde.
En consecuencia, el número de animales encerrados, que marca niveles récord desde comienzos de año, mantuvo esa misma dinámica hasta la fecha. Impulsadas por la reposición de septiembre, las existencias al 1° de octubre alcanzaron las 2.097.509 cabezas: más que el mes previo y el nivel más elevado para un mes de octubre desde que se dispone de esta serie de registros.
¿Cambia la oferta o cambia el sistema?
Más allá del desvío respecto de su patrón estacional, cabe preguntarse si este nuevo movimiento de aparente “llenado” puede modificar temporalmente la oferta esperada hacia fin de año. O si, en realidad, lo que está cambiando es la propia dinámica de ingreso y permanencia de los animales dentro de los corrales.
Para responder qué puede suceder con la oferta de los próximos meses, primero hay que determinar cuál de los dos componentes de esta relación, ingresos o egresos, es el que realmente se está desviando de su comportamiento habitual.
Por el lado de los ingresos, lo habitual es un comportamiento marcadamente estacional, asociado a la salida de invernada liviana de los campos. Este año, sin embargo, la dinámica fue mucho más estable, sin un momento de fuerte concentración de ingresos a los corrales.

En los egresos, la curva estacional es menos pronunciada que la de los ingresos, precisamente porque el productor puede ajustar la intensidad y la duración del proceso de engorde. Aun así, desde la segunda mitad del año la oferta de animales terminados suele aumentar, y esta vez se observa una fuerte caída en el último mes, en claro contraste con lo habitual.
Probablemente, en este punto empiece a pesar la decisión de prolongar el período de engorde, con el objetivo de obtener animales más pesados y con un mayor nivel de terminación y engrasamiento final.
Un sistema flexible que reparte la oferta
Lo cierto es que, aun con una ocupación récord de los corrales, la cantidad de animales aportados por los feedlots durante el último mes se retrajo un 25% respecto de un año atrás.
Más allá de esta baja puntual, los datos sugieren que algo está cambiando en la dinámica del engorde. La convivencia entre el corral y el potrero configura un sistema productivo de gran flexibilidad, capaz de ajustar los tiempos de terminación y, de este modo, distribuir de manera más estable la oferta de hacienda a lo largo del año.



















