Sargazo en las playas afecta el turismo, pero ya se aprovecha en 6 productos, también agrícolas

Sargazo en las playas afecta el turismo, pero ya se aprovecha en 6 productos, también agrícolas

Pese a que el sargazo ha afectado el turismo en Quintana Roo con un récord histórico de más de 100 mil toneladas, emprendedores y empresas lo han aprovechado para crear productos sustentables en sectores como construcción, agricultura y cosmética.

 

 

 

México, sábado 5 septiembre (PRY26) — Pese a que el sargazo ha afectado el turismo, éste ha sido aprovechado para crear nuevos productos que ya se comercializan en los sectores de construcción, agrícola, cosmética, biogás, sandalias y lápices. No obstante, estas iniciativas enfrentan desafíos ambientales y sanitarios para convertir un residuo en materia prima y para crear un modelo de economía circular.

Grupo Dakatso creó “sargacreto”, un material para construir banquetas, vialidades, carreteras, bancas y arrecifes artificiales. Esta tecnología fue utilizada en el tramo 5 del Tren Maya. Para construir un bloque de sargacreto se necesitan entre 40 y 45 kilos de macroalga.

“Es un proyecto 100% sostenible y sustentable para mitigar los daños que hoy sufre el Caribe. El problema no es el sargazo, es no verlo como la oportunidad que realmente es”, señala Grupo Dakatso, según CNN.

 

 

También está el “sargablock”, que son bloques de construcción para casas, una iniciativa de Omar Vásquez, director de Blue-Green México, con la cual construye y dona viviendas para familias que lo necesitan en Puerto Morelos.

En la industria agrícola, Carbonwave creó un extracto agrícola derivado del sargazo reciclado al que denominó Sarga Agriscience para cultivos de frutas y verduras. El biogás también hace parte de estos productos.

 

 

El ingeniero Miguel Aké desarrolló Nopalimex, para lo que necesita limpiar el sargazo de sal, arena, microplásticos y metales pesados.

Los cosméticos, las sandalias y los lápices son otros de los emprendimientos que han surgido a partir de la macroalga. Por otro lado, está EcoColor, una microempresa que hace lápices y colores con sargazo y papel reciclado.

Así mismo, la compañía Carbonwave convierte el sargazo en productos como un emulsificante natural derivado del sargazo para cremas y productos de cuidado personal. Además, desarrolla cuero vegano y telas no tejidas.

Como lo informó REPORTUR.mx, Quintana Roo superó las 100 mil toneladas de sargazo con 104 mil hasta agosto, lo que se convierte en un récord histórico que ha afectado al turismo y los temas ambientales del estado.

Según Brandon Mex Martínez, director de Residuos de Manejo Especial del Gobierno de Quintana Roo, la recolección del sargazo, tanto en mar abierto como en las playas, ya suma 104 mil 700 toneladas.

Esto sucede en el estado de Quintana Roo, específicamente en las zonas de playas y en altamar del Caribe mexicano, ubicado en México.

 

 

El sargazo (Sargassum) es un género de macroalgas marinas pardas o de color café que flotan libremente en el océano y forman grandes colonias.  El aumento en la temperatura de los océanos acelera su crecimiento. Los fertilizantes y desechos arrojados al mar alimentan las algas y provocan que se multipliquen sin control. 

Daño turístico y ambiental: Dificultan el paso de la luz solar en el agua, afectan a los corales y impiden que las tortugas marinas aniden con normalidad.

 

 

 

Fuente: Reportur

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Después de 20 años en el INTA, Karina García decidió irse y empezar de nuevo

Después de 20 años en el INTA, Karina García decidió irse y empezar de nuevo

 

Trabajó dos décadas en la institución, primero en Rafaela y después en Barrow, especializada en el tratamiento de efluentes de tambo. Hoy asesora en forma independiente a productores lecheros, feedlots y granjas porcinas, y sigue ligada a la universidad como docente e investigadora.

 

 

 

 

 

 

Buenos Aires domingo 12 julio (PR/26)–Karina García tiene 44 años, dos hijos —Nahuel y Lautaro, de 8 y 6— y una pasión que la acompaña desde siempre: el folclore. “Escucho folclore y se me mueven las piernas solas. Me gusta porque lo siento como muy nuestro”, cuenta entre risas.

 

Nacida en Tres Arroyos, se formó como Licenciada en Tecnología Ambiental en la Facultad de Ciencias Exactas de la UNICEN, en Tandil. Ese título fue la puerta de entrada a un mundo que no conocía: el de los tambos.

 

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En 2006, todavía sin recibirse, llegó a INTA Rafaela para hacer una pasantía. Allí empezaba a trabajar en el tratamiento de efluentes de tambo, un tema que la entusiasmaba pero del que no sabía prácticamente nada.

 

“Cuando me hablaban de rodeo de punta o de rodeo de cola, no sabía nada”, recuerda. Tuvo que aprender el mundo de la lechería desde cero para poder, después, ocuparse de algo tan concreto como el manejo de los residuos líquidos.

 

De Rafaela a España, y de vuelta al tambo experimental

 

 

Terminada la pasantía, la llamaron de INTA Rafaela para contratarla. Así arrancó, hace veinte años, su tarea de asesoramiento a productores que empezaban a intensificar su producción y no sabían qué hacer con lagunas que se desbordaban.

 

En el medio se recibió y viajó a España con una beca de una fundación española para cursar una maestría en gestión integral del agua. Trabajó en biogás en la Universidad de Cádiz y en 2010 volvió a la Argentina.

 

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De regreso se dedicó de lleno a la investigación: evaluó sistemas de tratamiento de efluentes en el tambo experimental y en el tambo robot de INTA Rafaela, hasta que en 2020 se trasladó a INTA Barrow.

 

Mirando hacia atrás, define ese recorrido como un choque necesario con la realidad. “En la facultad aprendés siempre con un libro en donde 2 más 2 es 4”, dice. En el campo, en cambio, no hay dos tambos iguales.

 

Esa diferencia le enseñó a buscar el equilibrio entre lo ideal y lo posible, y sobre todo a pensar cada propuesta desde el lado del productor. Una mirada que, según cuenta, no siempre es fácil de sostener desde el ámbito académico.

 

Una decisión propia, en medio de un contexto complicado

 

A la consulta directa sobre por qué dejó el INTA, Karina no duda: “No me fueron. Me fui por elección y decisión propia”, aclara, aunque reconoce que el contexto institucional aceleró esa decisión.

 

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Sentía que había cumplido una etapa. Lo que más la motiva hoy es el asesoramiento directo a productores y empresas, un servicio para el que —dice— hay mucha demanda y pocos profesionales dedicados de lleno.

Compara esta decisión con los otros grandes saltos de su vida: irse a Rafaela sin conocer a nadie, o cruzar el océano con una beca sin saber qué iba a pasar. “Hoy creo que es momento de otro desafío personal”, resume.

No esconde que la crisis de la institución también pesó. “La situación de INTA lamentablemente está un poco complicada, así que sí, ese fue otro factor de decisión”, admite sin vueltas.

 

Tambos, feedlots y granjas porcinas: la demanda no para

 

Karina ya está trabajando de manera independiente con productores de sistemas lecheros, feedlots y granjas porcinas. Y remarca que la demanda en estos temas es alta, mientras que la oferta de especialistas sigue siendo escasa.

También sigue conectada a la universidad: acompaña tesistas como codirectora, participa de proyectos de investigación y dicta clases en especializaciones. Para ella, ese vínculo académico es un ida y vuelta que la sigue nutriendo.

 

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En el feedlot, explica, el desafío es similar al del tambo: mucha generación y acumulación de estiércol, con soluciones que en el mejor de los casos siempre pueden mejorarse pensando en el aprovechamiento de nutrientes.

Un dato que pocos conocen: alrededor del 70% de los nutrientes que consume un bovino —nitrógeno, fósforo, potasio— termina en el estiércol. Mal manejado, ese material no solo contamina, sino que se desperdicia.

 

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Por eso insiste en la idea de economía circular: reducir la generación de residuos y, al mismo tiempo, devolverlos al sistema productivo como enmienda para mejorar los suelos y reducir la compra de fertilizantes.

“Da mucha pena”: la nostalgia por un INTA que cambió

 

Cuando se le pregunta qué sintió al dejar la institución en medio de esta crisis, Karina elige la palabra nostalgia. “Da pena y da nostalgia de ver lo que era y de ver cómo está en este momento”, dice.

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Reconoce que el INTA fue la institución donde se formó, donde aprendió su oficio y donde conoció a productores, técnicos y colegas que marcaron su carrera. Por eso el contraste le duele especialmente.

Cuenta una anécdota reciente, en TodoLáctea, con un productor que fue pasante suyo años atrás: “Cuando yo estuve haciendo la pasantía con vos, era la época que el INTA repatriaba a un montón de investigadores. Y ahora estamos sufriendo el proceso contrario”, le dijo él.

 

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Karina prefiere quedarse con la parte que puede construir hacia adelante. Espera que quienes se fueron de la institución, como ella, puedan devolver al sector y al país todo el conocimiento acumulado durante años.

“Es como barajar y dar de nuevo”, resume sobre esta nueva etapa, capitalizando veinte años de aprendizaje y de contacto directo con productores, ahora desde otro lugar y con otro rol.

 

 

 

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Fuente: Darío Fariña, especial en San Francisco

 

 

Pacuca transforma la producción porcina: un caso modelo de economía circular en Argentina

Pacuca transforma la producción porcina: un caso modelo de economía circular en Argentina

La compañía convierte los efluentes de su criadero en energía eléctrica y biofertilizantes, en un sistema integrado que mejora la eficiencia, reduce emisiones y devuelve nutrientes al suelo. PROVIMI, aliado en nutrición y bienestar animal, destaca el impacto del proyecto.

 

Buenos Aires, miércoles 26 noviembre (PR/25) — En Roque Pérez, provincia de Buenos Aires, el criadero de cerdos PACUCA se consolidó como uno de los casos más innovadores de economía circular en el país: la compañía transforma los efluentes de su producción en biogás, genera energía eléctrica, obtiene biofertilizantes y devuelve nutrientes a la tierra en un ciclo productivo donde nada se pierde y todo se reutiliza.

Desde 2020, la planta PACUCA Bioenergía procesa diariamente alrededor de 400.000 litros de purines provenientes de unas 50.000 cabezas porcinas en ciclo completo.

A través de tres biodigestores y tecnología de origen alemán y español, los residuos se convierten en biogás que alimenta un grupo electrógeno capaz de generar 1 MW/hora de forma continua.

La producción abastece a más de 5.000 personas mediante el sistema interconectado nacional, superando los 8.000 MWh anuales.

Pero la energía es sólo una parte del círculo virtuoso: el proceso también produce biofertilizante líquido, utilizado en fertirriego, y sólidos compostados que se aplican en más de 300 hectáreas, mejorando la estructura del suelo y reduciendo el uso de insumos químicos.

El sistema evita emisiones que antes se liberaban desde lagunas de tratamiento, genera valor a partir de un residuo y fortalece la sostenibilidad del modelo productivo porcino.

“Ambientalmente mejoramos al 100%: ahora evitamos emisiones, generamos energía y producimos fertilizantes orgánicos”, destaca Daniel Fenoglio, presidente de PACUCA Bioenergía.

Un aliado clave: PROVIMI y la visión integral de la nutrición porcina

 Aunque el proyecto energético es liderado por PACUCA, la compañía sostiene que los avances en sostenibilidad no pueden separarse de una producción porcina eficiente, saludable y basada en el bienestar animal.

En este sentido, PROVIMI – Cargill Animal Nutrition & Health acompaña al criadero en el desarrollo de soluciones nutricionales diseñadas para optimizar el desempeño productivo, mejorar la eficiencia del sistema y promover animales más sanos y resilientes.

La compañía aporta tecnología, investigación aplicada y fórmulas de alto valor nutricional, integrando criterios de sustentabilidad en cada etapa del proceso: desde la nutrición de las madres hasta el crecimiento de los capones.

Este enfoque contribuye a una producción más estable, predecible y compatible con modelos de economía circular, en los que la calidad del efluente —y por lo tanto su potencial para generar biogás— también depende de una nutrición adecuada.

“La sostenibilidad de la producción porcina necesita de decisiones integrales: nutrición, bienestar animal y manejo responsable. Ver casos como PACUCA demuestra cómo el sector puede ser parte activa de la solución”, señala Gastón Britos, médico veterinario, referente del agro y embajador de PROVIMI.

 

Britos visitó recientemente las instalaciones de PACUCA Bioenergía, donde registró el funcionamiento del sistema, su impacto productivo y ambiental, y el modo en que la tecnología permite convertir un problema histórico en una oportunidad de desarrollo para la región.

 

Un modelo replicable para el agro argentino

 

La experiencia de PACUCA se suma a una tendencia global en plena expansión: hoy existen alrededor de 20 plantas de biogás operando en Argentina con distintos orígenes de biomasa. Sin embargo, el caso de Roque Pérez se destaca por la integración completa entre producción animal, gestión de efluentes, generación de energía y aprovechamiento de nutrientes.

Además del impacto ambiental positivo —reducción de GEI, reemplazo de fertilizantes sintéticos, mejor suelo—, el proyecto cuenta con un contrato de energía a 20 años que asegura su viabilidad económica y habilita nuevas oportunidades de inversión, incluyendo el aprovechamiento del calor excedente para usos productivos como calefacción de lechones.

 

PACUCA y PROVIMI: una visión compartida

 La articulación entre innovación, ciencia y manejo responsable convierte a PACUCA en un ejemplo tangible de cómo la producción porcina argentina puede avanzar hacia sistemas circulares, eficientes y sustentables.

Para PROVIMI, acompañar este tipo de iniciativas es parte de su misión: ofrecer soluciones nutricionales de calidad, basadas en la investigación y en el compromiso con el bienestar animal, para impulsar modelos productivos donde la eficiencia, la rentabilidad y el cuidado del ambiente conviven.

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Fuente: Provimi-Pacuca