“ No tengáis miedo ”

“ No tengáis miedo ”

Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 1-7

 

En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía, pues nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.
Por eso, lo que digáis en la oscuridad será oído a plena luz, y lo que digáis al oído en las recámaras se pregonará desde la azotea.
A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más.
Os voy a enseñar a quién tenéis que temer: temed al que, después de la muerte, tiene poder para arrojar a la “gehenna”. A ese tenéis que temer, os lo digo yo.
¿No se venden cinco pájaros por dos céntimos? Pues ni de uno solo de ellos se olvida Dios.
Más aún, hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados. No tengáis miedo: valéis más que muchos pájaros».

 

 

Palabra del Señor
“ Venid a mí ”

“ Venid a mí ”

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

 

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

 

 

 

Palabra del Señor
“Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu»

“Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu»

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 42-46

 

En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello.

¡Ay de vosotros, fariseos, que os encantan los asientos de honor en las sinagogas y los saludos en las plazas!

¡Ay de vosotros, que sois como tumbas no señaladas, que la gente pisa sin saberlo!». Le replicó un maestro de la Ley:
«Maestro, diciendo eso nos ofendes también a nosotros».

Jesús replicó:
«¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!»

 

 

Palabra del Señor
Confesión válida: ¿hay que contarle al sacerdote cada detalle del pecado?

Confesión válida: ¿hay que contarle al sacerdote cada detalle del pecado?

 

La confesión sacramental es insustituible para recibir el perdón de Dios, pero muchos fieles dudan: ¿hace falta narrar con minuciosidad la falta cometida? La respuesta de la Iglesia es más sencilla y tranquilizadora de lo que se cree.

 

 

 

Buenos Aires martes 13 octubre (PR/26)– La confesión es el sacramento que devuelve la vida espiritual que se pierde con el pecado grave o mortal. Pero surge una duda muy común: para que sea válida y Dios perdone todas las faltas, ¿hay que darle al sacerdote todos los detalles?

 

¿Por qué hay que decirle los pecados al sacerdote?

 

Antes de hablar de los detalles, conviene entender por qué los pecados se confiesan en voz alta. No es una invención humana: fue una orden directa de Jesús, tal como lo relata san Juan en el día de la Resurrección.

“Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos’” (Jn 20, 22-23).

 

Recibid el Espíritu Santo» - La reposteria de las monjas

 

La pregunta cae por su propio peso: ¿de qué otro modo podría el confesor conocer los pecados del penitente? Es necesario que los escuche de viva voz de quien se acerca a reconciliarse.

El Catecismo de la Iglesia católica lo dice con claridad: “la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento” (CEC 1424).

 

¿Debe ser una confesión muy explícita?

 

Aquí está el corazón de la duda: ¿qué tan detallada tiene que ser la explicación? Para responder, volvamos al Catecismo, que establece lo siguiente:

“En la confesión, los penitentes deben enumerar todos los pecados mortales de que tienen conciencia tras haberse examinado seriamente, incluso si estos pecados son muy secretos y si han sido cometidos solamente contra los dos últimos mandamientos del Decálogo (cf Ex 20,17; Mt 5,28), pues, a veces, estos pecados hieren más gravemente el alma y son más peligrosos que los que han sido cometidos a la vista de todos (Concilio de Trento: DS 1680)” (CEC 1456).

Como se ve, el texto habla de enumerar todos los pecados mortales. No dice “explicar a profundidad cada pecado”. Se trata de ser completo y sincero, no de ofrecer un relato extenso.

El Código de Derecho Canónico va en la misma línea. En su canon 988 § 1 señala lo siguiente:

Código de Derecho Canónico - Wikipedia, la enciclopedia libre

“El fiel está obligado a confesar según su especie y número todos los pecados graves cometidos después del bautismo y aún no perdonados directamente por la potestad de las llaves de la Iglesia ni acusados en confesión individual, de los cuales tenga conciencia después de un examen diligente”.

 

Lo necesario para que el sacerdote imponga la penitencia

 

Hay que aclarar que el sacerdote puede hacerle algunas preguntas al fiel, con un fin muy concreto: poder imponer una penitencia adecuada. Así lo explica el Catecismo:

“La penitencia que el confesor impone debe tener en cuenta la situación personal del penitente y buscar su bien espiritual. Debe corresponder todo lo posible a la gravedad y a la naturaleza de los pecados cometidos”.

 

La Confesión: por qué es un sacramento liberador y terapéutico - Revista Misión

 

Por eso, al hacer tu examen de conciencia, piensa cuántas veces cometiste el pecado y en qué circunstancias ocurrió. No necesitas darle al sacerdote un recuento extenso de la historia.

Lo que realmente importa es tu arrepentimiento sincero. Las lágrimas que derrames por tu falta serán siempre el mejor indicador de que estás haciendo una buena confesión.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente: Aleteia
El arcángel Miguel, el guardián que Dios envió para proteger a santa Faustina

El arcángel Miguel, el guardián que Dios envió para proteger a santa Faustina

La apóstol de la Divina Misericordia relató que Dios mismo ordenó al arcángel Miguel que la cuidara de manera especial frente a los ataques del mal.

 

 

 

 

Buenos Aires martes 13 octubre (PR/26)– Son muchos los beatos y santos que, en su camino espiritual, han contado con la ayuda de los ángeles. Santa Faustina Kowalska, una de las mayores místicas de la Iglesia católica, no fue la excepción: tuvo un vínculo muy especial con el arcángel san Miguel.

 

María Faustina Kowalska - Wikipedia, la enciclopedia libre

 

Nacida en Polonia en 1905, se hizo famosa por su Diario, donde recoge sus numerosas experiencias con Jesús Misericordioso. Por eso es venerada como la Apóstol de la Divina Misericordia, y fue beatificada en 1993 y canonizada en 2000 por el papa Juan Pablo II.

El nombre de sor María Faustina Kowalska está estrechamente ligado al apostolado de la Divina Misericordia, pero hay un rasgo de su camino espiritual del que se habla menos: la intervención de los ángeles en su vida.

 

Los ángeles, compañeros en las batallas más duras

 

En los relatos de su Diario aparecen importantes encuentros con seres celestiales que ayudaron a la santa polaca a alcanzar el éxito en el apostolado de la Divina Misericordia.

Sabemos que la presencia de los ángeles es una constante en la vida de todos. Participan en nuestros momentos de alegría, pero también, y sobre todo, cuando libramos nuestras batallas más duras.

 

 

El papa Gregorio Magno, honrado con el título de “Doctor Angelorum”, aclara el papel de los ángeles y los arcángeles en la vida de los seres humanos. Según nos explica, los ángeles del coro de los ángeles de la guarda son nuestros guías y tienen la tarea de encomendarnos misiones concretas.

Los arcángeles, por su parte, que son los más grandes de los ángeles, se encargan de las misiones más importantes. Lo resume así el propio san Gregorio: “Cuando se trata de hacer cosas maravillosas, es Miguel a quien se envía, para dar a conocer con sus acciones y con su nombre que nadie puede hacer aquellas cosas en las que solo Dios es eficaz”.

 

Un protector a la medida de su misión

 

Dada la grandeza de su misión, santa Faustina fue especialmente perseguida por los demonios. Por esa razón, el Creador ordenó al mayor de sus ángeles, el arcángel Miguel, que velara por ella de una manera muy especial.

Así lo cuenta ella misma en su Diario: “El día de San Miguel Arcángel, vi a este gran guía a mi lado. Me dijo estas palabras: ‘El Señor me ha encomendado que te cuide especialmente. Ten presente que el mal te odia, pero no temas. ¡Quién es como Dios!’ Y desapareció. Sin embargo, sigo sintiendo su presencia y su ayuda”.

 

Protegida por distintos coros celestiales

 

El Diario de santa Faustina revela episodios con su ángel de la guarda y con san Miguel. Cuenta que un día, al salir de una ceremonia en la que había estado ante la imagen de Jesús Misericordioso, la sorprendió una multitud de demonios que acudieron para repelerla y amenazarla. Ante ese enfrentamiento espiritual, pudo contar con la poderosa ayuda de su ángel custodio.

 

Al Ángel de la Guarda – Apostolicam

 

Ella lo narra así: “Al ver su terrible odio hacia mí, pedí ayuda al ángel de la guarda, e inmediatamente la figura clara y luminosa del ángel de la guarda apareció ante mí y me dijo: ‘No temas, esposa de mi Señor. Estos espíritus no pueden hacerte daño sin Su permiso’. Inmediatamente los espíritus malignos desaparecieron, y el fiel ángel de la guarda me acompañó visiblemente hasta el interior de la casa. Sus ojos eran modestos y apacibles, y un rayo de fuego brillaba en su frente”.

 

La Divina Misericordia, un misterio que asombra a los ángeles

 

El apostolado de santa Faustina fue, y sigue siendo, de suma importancia para la humanidad. Los ángeles cumplieron fielmente los designios de Dios para la protección y salvaguarda de María Faustina. Jesús le había pedido: “Hija mía, habla a todos de Mi inconcebible Misericordia. […] Mi Misericordia es tan grande que, a lo largo de toda la eternidad, ninguna mente, ni humana ni angelical, podrá sondear sus profundidades”.

Así lo confirma el angelólogo italiano, el obispo Marcello Stanzione, sobre la inexplicable misericordia de Dios hacia sus hijos más pecadores: “La admiración por la misericordia de Dios es un elemento común entre los hombres y los ángeles.

Podríamos afirmar que, mientras que en el hombre surge al ver cómo se derraman sobre él una misericordia ilimitada e inagotable a pesar de estar bajo el peso de sus pecados más monstruosos, por otro lado, el asombro de los ángeles radica en ver tanta misericordia para con nosotros, los pecadores, una misericordia casi inconcebible para quienes recuerdan la caída irreparable de sus hermanos angelicales”.

FELICI COME GLI ANGELI di don Marcello Stanzione - Abruzzo Popolare

Y continúa: “Algunos se preguntarán si no se mostró misericordia alguna hacia aquellos ángeles rebeldes. Recordemos esto: la misericordia desea un signo de arrepentimiento… pero en el caso de la ofensa causada por aquellos ángeles hay una profunda diferencia con respecto a la de los hombres. He aquí la respuesta: «Cuando reflexionaba sobre el pecado de los ángeles y su castigo inmediato, le pregunté a Jesús por qué los ángeles eran castigados inmediatamente después de pecar. Oí la voz: Por su profundo conocimiento de Dios. Ninguna persona en la tierra, por muy gran santo que sea, tiene tal conocimiento de Dios como lo tienen los ángeles»” (Diario 1332).

 

Ángeles y misericordia

 

Es posible que los ángeles no puedan concebir la Misericordia en su totalidad, pues se trata de un misterio que pertenece únicamente a Dios. Sin embargo, los santos ángeles anhelan nuestra salvación para dar gloria a Dios, y la única forma en que podemos salvarnos es mediante el arrepentimiento de nuestros pecados y la gracia que la Divina Misericordia nos concederá a cada uno en el momento final de nuestra muerte.

 

Así lo expresan estas palabras del Diario:

 

“Las entrañas de la Misericordia de Dios se abrieron para nosotros gracias a la vida de Jesús, tendido en la cruz; no debes dudar ni desesperarte, pecador, sino confiar en la misericordia, pues tú también puedes ser santo. Dos fuentes brotaron en forma de rayos del Corazón de Jesús, no para los ángeles, los querubines ni los serafines, sino para la salvación del pecador”.

 

 

Primicias Rurales
Fuente: es.aleteia.org