León XIV sobre la misión que tienen los laicos en la Iglesia y el mundo

León XIV sobre la misión que tienen los laicos en la Iglesia y el mundo

Continuando con sus catequesis sobre el Concilio Vaticano II, León XIV habló sobre la misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo

Ciudad del Vaticano, viernes santo 3 abril (PR/26) — Como ha hecho todos los miércoles desde principios de 2026, León XIV continuó su catequesis sobre el Concilio Vaticano II el 1 de abril.

Al comentar la constitución dogmática Lumen gentium durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro ante varios miles de fieles, declaró que el apostolado de los laicos «no se limita al espacio de la Iglesia, sino que se extiende al mundo».

¿Sabías que como laico tienes una espiritualidad propia?

¿Sabías que como laico tienes una espiritualidad propia?

Iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia, podemos precisar que el fiel laico, dado que tiene una vocación y misión particulares, también tiene una espiritualidad propia y auténtica

España, sábado 24 enero (PR/26) — La palabra ‘espiritualidad’ es utilizada por muy diversas personas, y con muy diversos significados, orientaciones y fines.

A primera vista, pareciera que no existe una definición formal y universal; pero mirando más al fondo es fácil encontrar un elemento común y constitutivo: La espiritualidad es la manera en que vivimos la vida a partir de la experiencia con Dios (para los teístas) o con el-lo trascendente (para los ateos).

Entre el universo de espiritualidades, la cristiana es fuente inagotable, auténtica y segura de espiritualidad toda vez que tiene a Dios Hijo como origen y meta. De ella han surgido muchas experiencias de encuentro y seguimiento de Jesucristo que han dado origen a diferentes escuelas y tradiciones de espiritualidad.

La espiritualidad laical

Hablar de una ‘espiritualidad laical’ conlleva una precisión particular que identifica la manera en que los laicos se encuentran con Jesucristo y lo testifican en el mundo; es decir, en la sociedad secular en la que viven, definida esta como ‘índole secular’.

La espiritualidad laical, enseña el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), “(…) edifica el mundo según el Espíritu de Jesús: hace capaces de mirar más allá de la historia, sin alejarse de ella; de cultivar un amor apasionado por Dios, sin apartar la mirada de los hermanos, a quienes más bien se logra mirar como los ve el Señor y amar como Él los ama” (n. 545).

Características de la espiritualidad laical

La espiritualidad laical, enraizada en la Divina persona y Evangelio de nuestro Señor Jesucristo; posee las siguientes características:

 

1íntima y activa

“Es una espiritualidad que rehuye tanto el espiritualismo intimista como el activismo social” (CDSI, n. 545).

En efecto, la espiritualidad laical evita la tentación del intimismo que aísla; así como del activismo que priva de la raíz cristiana. La síntesis saludable se puede resumir en una espiritualidad íntima (no intimista) y activa (no activista). Son como las dos alas de un ave que, de manera conjunta y sincronizada, le permiten remontar altos vuelos. 

2integral e integradora

Es una espiritualidad que “sabe expresarse en una síntesis vital que confiere unidad, significado y esperanza a la existencia, por tantas y diversas razones contradictoria y fragmentada” (CDSI, n. 545).

En medio de tantas contradicciones por las que transita el laico –que amenazan con fragmentarlo y dispersarlo–, el laico está equipado para una experiencia espiritual integral e integradora que lo une, lo concentra, lo llena de significado y de esperanza.

3testimonio de vida

Contribuye, desde su índole secular, a la santificación del mundo a modo de fermento que trabaja desde adentro. Para ello es esencial el testimonio de vida como acto primordial que cimenta el anuncio de la Buena Nueva (Cf. Lumen Gentium, 31).

4itinerario cristiano

Se fortalece en el itinerario cristiano: “La adhesión a la Palabra de Dios; la celebración litúrgica del misterio cristiano; la oración personal; la experiencia eclesial auténtica, enriquecida por el particular servicio formativo de prudentes guías espirituales; el ejercicio de las virtudes sociales y el perseverante compromiso de formación cultural y profesional” (CDSI, n. 546).

5Armoniza sus diferentes dimensiones

Es una espiritualidad que armoniza la vida personal, familiar y social con la fe: “En la experiencia del creyente, en efecto, ‘no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida espiritual, con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida secular, es decir, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura” (CDSI, n. 546, citando Christifideles laici, 59).

Hasta aquí podría decirse que las características señaladas son más o menos comunes a toda espiritualidad cristiana, lo cual es cierto; pero entonces, ¿qué característica es particular e identitaria de los laicos? Es fácil identificarlo:

6mundo como lugar de encuentro con Jesús

Es una espiritualidad ‘a ras del suelo’ pues tiene al mundo –su mundo: sociedad– como lugar teológico de encuentro y experiencia con Jesús. Por ello, esta forma de vida cristiana es perfectamente compatible con la vida social, económica, política, familiar y cultural en la que vive el laico; y, aún más, no solo compatible sino necesaria y natural a su estado de vida.

En conclusión, se trata de una espiritualidad que se particularmente se identifica con la Iglesia que vive en el mundo sin ser del mundo (cf. Jn 17,14-16). Ahí, justamente, se realiza el encuentro con Cristo y ahí, también, se testimonia tal encuentro: “a los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios” (Lumen Gentium, n. 31).

Esta relación tan íntima entre el ser laico y ser Iglesia queda manifiesto en el magisterio con aquella audaz y profética palabra del Papa Pio XII:

“Los fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por tanto ellos, ellos especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia; es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del Jefe común, el Papa, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia (…)”

(Discurso a los nuevos Cardenales, 20 Febrero 1946).

 

 

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Fuente: Aleteia

“El cristiano no está llamado a esconderse, sino a transformar la realidad”

“El cristiano no está llamado a esconderse, sino a transformar la realidad”

Siendo aún un joven, Uriel tiene claro qué tipo de país quiere construir para sus hijos. Su labor como activista ha estado encaminada a defender la libertad religiosa y la vida en México. Esta es su entrevista con Aleteia.

México, domingo 7 diciembre (PR/25) — Nacido en Guanajuato, Tierra de los Cristeros, en México, este joven, licenciado en Derecho, es activista Provida, ha participado activamente en movilizaciones y debates legislativos; además, es líder de Campañas de la plataforma digital Actívate y participante de la Corte Iberoamericana por la Familia, así como también de la Asamblea General de la OEA, en Paraguay.

“Hoy el católico se enfrenta a la intimidación, exclusión y censura. Se nos empuja a callar y se nos niega la congruencia entre lo que creemos y lo que hacemos. Vivimos un tiempo donde decir ‘soy católico’ parece, para algunos, peor que cometer un delito. Ese ambiente lleva a muchos a guardar silencio, cuando precisamente hoy deberíamos hablar con más firmeza”, explica para Aleteia.

Quien viviera como seminarista en familia durante su adolescencia y juventud después de sentir un llamado fervoroso a convertirse en sacerdote.

Después de un largo discernimiento encontró su llamado a servir a la Iglesia Católica como laico comprometido en construir el Reino de Cristo ante los escenarios adversos que enfrentan los cristianos en la sociedad actual; el mismo Uriel nos explica:

 

“El cristiano no está llamado a esconderse, sino a transformar la realidad. Necesitamos laicos que vivan coherentemente su fe y que hagan vida el Evangelio más allá de los templos. Jesús nos invita a ser una Iglesia viva y, como laicos, nuestro compromiso es construir el reinado social de Cristo en medio de la tierra, allí donde se deciden las leyes, las políticas y la cultura”.

 

Evidentemente, la misión a favor de la dignidad humana -ligada también a la libertad religiosa- no es fácil, pero vale la pena a pesar de los ultrajes, la violencia verbal, física e incluso cibernética que el joven activista ha tenido que soportar.

«Esas experiencias me han confirmado que vale la pena defender la fe y proclamar sin miedo: soy católico, y mi fe merece respeto”.

 

Para los jóvenes católicos en México, como Uriel Esqueda, la relación entre fe, justicia y participación ciudadana en el país es un tema urgente en el que, él mismo asegura, debemos participar de una manera más activa. Así lo señala:

«Veo con preocupación el crecimiento de ataques y persecuciones contra los cristianos en México. Lamentablemente, muchos laicos no dimensionan lo que está ocurriendo y lo han normalizado. El miedo al rechazo social hace que pocos levanten la voz, pero necesitamos más laicos valientes que defiendan la verdad. Sueño con un México donde los laicos comprendan su papel y asuman su compromiso de participar en lo social y lo político para defender la verdad».

Finalmente, Uriel Esqueda anima a otros a vivir la fe, no sólo en lo privado, sino a ser protagonistas en la transformación social a partir de su creencia.

 

“Siempre comparto una frase que me marcó profundamente: ‘De los tibios nunca se hizo historia’. Hoy necesitamos católicos que se atrevan a levantar la voz, a no ser indiferentes y a detener los ataques que se dan contra la fe, la vida, la familia y las libertades fundamentales. Está en nuestras manos el México que dejaremos a nuestros hijos (…) Para lograrlo, debemos salir de las parroquias y grupos, abrir los ojos a lo que pasa en los congresos, en las calles, en la cultura, y comprometernos a llevar el Evangelio allí donde más se necesita”, concluye.

 

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Fuente: Aleteia