Patronazgos
Santa Marta es patrona de los imposibles, del hogar, de las casas de huéspedes; también lo es de las cocineras, las amas de casa, las sirvientas, los hoteleros y lavanderas.
María, por su parte —a veces identificada con María Magdalena o con la mujer que enjugó los pies del Maestro con perfume— es patrona de quienes viven dedicados a la contemplación o la oración, así como de los vendedores de perfumes.
San Lázaro de Betania es patrono de los moribundos y los necesitados.
Lázaro vuelto a la vida
Jesús profesó un cariño muy especial por su amigo Lázaro. Prueba de esto es que, como dice el Martirologio Romano: “Lázaro, hermano de Marta, fue a quien lloró el Señor al enterarse de que había muerto, y al que resucitó” (ver: Jn 11).
De acuerdo al Evangelio, Lázaro había caído gravemente enfermo y sus hermanas enviaron gente para advertirle a Jesús —que no estaba en Betania— de que su amigo podría morir. Jesús, ocupado en su misión, no acude de inmediato al llamado y Lázaro muere.
Por eso, si hay una buena razón por la que los fieles recurren a Santa Marta para pedir su ayuda en las urgencias y dificultades, es porque ella conmovió a Jesús con su fe: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Luego le pide al Maestro con confianza absoluta que lo devuelva a la vida: “Pero aún ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá” (ver: Jn 11, 22).
Jesús le responde: “Tu hermano resucitará” (Jn 11, 23).




















