Ago 7, 2026 | Actualidad, Congresos y Cursos
En el marco del 34.° Congreso Aapresid, los líderes de los institutos de investigación de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Paraguay acordaron impulsar una agenda estratégica unificada. El objetivo central es acelerar la llegada de la innovación al campo mediante alianzas clave y tecnología de vanguardia.
Buenos Aires, viernes 7 de agosto agosto (PR/26)–Durante el emblemático 34.° Congreso Aapresid, los principales referentes del campo científico regional se reunieron en el panel “INIAs Cono Sur: cómo escalar la innovación que el agro necesita”.
El debate reunió a destacados líderes: Silvia Massruhá (Embrapa, Brasil), Carlos Furche (INIA Chile), Miguel Sierra (INIA Uruguay), Orlando Noldin (IPTA, Paraguay) y Nicolás Bronzovich (INTA, Argentina), bajo la moderación de María Beatriz “Pilu” Giraudo (Senasa).

Todos coincidieron en que el desarrollo rural no depende solo de inventar soluciones en laboratorios. El verdadero reto radica en crear alianzas institucionales sólidas, sumar al sector privado y coordinar inversiones para acelerar la llegada de tecnologías al productor.
Al abrir el espacio, Pilu Giraudo remarcó la enorme complejidad del escenario actual. Frente a demandas globales cambiantes e incertidumbre, enfatizó la urgencia de diseñar estrategias de largo plazo fundamentadas en una agenda de trabajo conjunta.

Inteligencia artificial y redes globales: la nueva cara del sector
Por su parte, Silvia Massruhá explicó que la agricultura contemporánea trasciende la sola producción de alimentos o fibras. Hoy se entrelaza fuertemente con dimensiones como la salud, la gastronomía y el turismo.
La titular de Embrapa remarcó que la meta principal es lograr la adopción efectiva de herramientas en el territorio. En este sentido, destacó el potencial del uso de datos, la inteligencia artificial y las tecnologías digitales.

A su turno, Nicolás Bronzovich explicó que el INTA se encuentra rediseñando su estructura hacia un modelo dinámico. Sostuvo que las cadenas de suministro y las exigencias del mercado dictan las prioridades científicas modernas.
El referente argentino subrayó la relevancia estratégica del Procisur como eje de integración. Aseguró que la velocidad del cambio exige construir redes de excelencia regional para afianzar al Cono Sur como potencia de innovación.
Sostenibilidad, gobernanza digital y adaptación local
Desde la visión uruguaya, Miguel Sierra abogó por unir la extensión rural tradicional con tecnologías avanzadas. Advirtió que para consolidar estos ecosistemas se deben resolver desafíos clave en gobernanza de datos y propiedad intelectual.

A su vez, Carlos Furche recordó que la presión mundial exige producir más utilizando significativamente menos recursos naturales. Argumentó que la ingeniería genética y la cooperación público-privada son palancas indispensables frente al cambio climático.

Finalmente, Orlando Noldin expuso el proceso de reestructuración operativa del IPTA paraguayo. Explicó que apuestan fuertemente al talento de sus equipos técnicos y al trabajo en red para mantener la agilidad institucional.

Primicias Rurales
Fuente: intainforma
Ago 5, 2026 | Actualidad, Economía / Economía del Agro
El Ejecutivo reorganizó el sistema de control alimentario del país y disolvió el Instituto Nacional de Alimentos. Sus funciones se reparten ahora entre el Senasa, que se queda con la fiscalización, y el Ministerio de Salud, que define la política sanitaria.
Buenos Aires, miércoles 5 agosto (PR/26)–El decreto lleva el número 697/2026 y se publicó este lunes en el Boletín Oficial. Con esta medida, el Instituto Nacional de Alimentos (Inal) deja de existir tal como se lo conocía y sus funciones pasan a otras dos casas.
Por un lado, el Senasa absorbe todo lo que tiene que ver con el registro, el control y la fiscalización de los alimentos en todo el país. Por otro, el Ministerio de Salud concentra la definición de las políticas alimentarias.
La lógica detrás del reparto no es casual: el Senasa ya cuenta con laboratorios, inspectores y presencia territorial en todo el país, algo que el Inal nunca llegó a desarrollar con esa escala. Es una cuestión de capacidad operativa, no de jerarquías.
Menos papeles, más agilidad
Uno de los objetivos centrales de la reforma es simplificar un sistema que hasta ahora obligaba a pasar por controles duplicados. Ahora, la fiscalización de importaciones queda concentrada en un solo organismo.

Además, se reconocerán por equivalencia las certificaciones de aditivos, coadyuvantes tecnológicos e ingredientes que ya cuenten con el aval de países con sistemas de control reconocidos, o que apliquen el Codex Alimentarius. Esto evita trámites redundantes.
También nace una Base Única de Datos, a cargo del Senasa, que centralizará la información de productos y establecimientos. La idea es agilizar la gestión y fortalecer la trazabilidad de los alimentos.
Por primera vez, además, se fija un plazo máximo de 45 días hábiles para actualizar el Código Alimentario Argentino, algo que hasta ahora no tenía un límite temporal definido.
La salud pone la mira en colorantes y saborizantes
El Ministerio de Salud suma a su estructura la definición de política alimentaria que antes manejaba el Inal, con un trabajo centrado en la evidencia científica sobre la composición de los alimentos.
La primera medida de esta nueva agenda apunta a la eliminación de colorantes y saborizantes de los alimentos procesados, en sintonía con estándares internacionales de alimentación saludable.

Esta función no compite con el trabajo del Senasa, sino que lo complementa: mientras uno fiscaliza que se cumpla la norma, el otro decide qué debe decir esa norma.
Más facilidades para el comercio exterior
La reforma también busca destrabar el comercio de alimentos. Se agilizan las importaciones de productos envasados para venta directa, con controles que ahora se realizarán después del ingreso al país, para evitar demoras innecesarias.

Del lado de las exportaciones, los productos deberán cumplir los requisitos del país de destino, y las certificaciones serán emitidas por un único organismo con reconocimiento internacional.
Un sistema más parejo entre provincias
El Senasa impulsará convenios con las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para avanzar hacia un sistema armonizado de registros, requisitos, aranceles y sanciones en todo el territorio.
También se crea un registro único para los establecimientos, con una identificación clara que servirá para la comercialización en todo el país, simplificando así la identificación de cada planta o local.
Primicias Rurales
Fuente: Rosario3
Ago 1, 2026 | Actualidad, Opiniones
A pesar de cosechas récord y balances exportadores históricos, el agro transita un escenario de incertidumbre y acumulación de pendientes estructurales de cara al ciclo 2026/2027.
Escribe Susana Merlo
Buenos Aires, sábado 1 agosto (PR/26) — Habiendo finalizado ya la Rural de Palermo, generalmente la última chance para que el gobierno de turno haga anuncios puntuales para el sector cada año (lo que no ocurrió), el campo emprende la recta final de la campaña 26/27, tal vez, con expectativas algo mayores a la realidad que transita.
Es cierto que buena parte de los principales indicadores son positivos, al punto que ya se prevé que, clima mediante, el nuevo ciclo permita repetir la excepcional perforamance de la última campaña, con guarismo que fueron reiteradamente reconocidos por todos los funcionarios, desde el Presidente para abajo.
Objetivamente, se está cerrando una cosecha de alrededor de 165 millones de toneladas, unos 20 millones superior al récord anterior, cuando “supuestamente” alcanzó 144 millones, en el 18/19, al final de la Administración de Mauricio Macri; y ahora con récords en maíz (71 millones de tn), trigo (29,5 mill de tn), y girasol (7 mill de tn).
La carne vacuna, aunque cae en volumen exportable, ubicándose en alrededor de 800-820.000 tn, sigue aumentando en monto por lo que va a superar los U$S 4.000 millones de ventas al exterior .
También, según el Indice de Actividad de la Cadena Agropecuaria (IACA) que elabora la Bolsa de Comercio de Rosario, se registró en junio una suba mensual desestacionalizada de 3%, impulsada por el avance de las labores agrícolas y el crecimiento de la actividad agroindustrial y agroexportadora, lo que permitió alcanzar un nuevo máximo histórico.
La cifra de junio, anualizada, arroja un llamativo +10,9%.
El propio Canciller, Pablo Quirno reconoció en una de sus varias visitas a la Rural que “fueron , 115 millones de tn, por más de U$S 52.000 millones, los exportados en 2025” (por el “campo” como conjunto). Esto representó el 60% del total de divisas ingresadas a la Argentina
Pero el número, seguramente, va a ser superado este año, por el incremento tanto del volumen agrícola, como por la suba de los precios ganaderos. De hecho, ya el primer semestre cerró con un monto cercano a los U$S 27.000 millones (+ 17% respecto al ´25), por más de 60 millones de tn (+ 15%) en igual lapso.
“Las exportaciones de girasol crecieron un 142%, las de trigo un 64% y, por primera vez en la historia, vendimos trigo y maíz argentinos en China”, dijo el Presidente Javier Milei, en la Tribuna de Palermo, durante el extendido reconocimiento que hizo al sector, y que llegó a niveles que hubieran sido insospechados en cualquier otro momento, como cuando afirmó que “cuando la política ataca al campo, no ataca un sector: ataca el cimiento mismo sobre el que se levantó todo lo demás, la base de nuestra Nación”.
O, “convirtieron al sector más pujante del país en el pagador de última instancia de la Argentina. Cuando había crisis, subían las retenciones; cuando faltaban dólares, desdoblaban el tipo de cambio; cuando había inflación, ponían precios máximos sobre la producción. Se dedicaron a faenar, año tras año, a la gallina de los huevos de oro”, dijo Milei ese día.
Pero, parece que semejante “cadena de éxitos”, no alcanza.
Tampoco las más de 1.000 medidas ya adoptadas para liberar al campo (y que se notan.)…
Sin embargo, la “térmica”, el humor del campo es incierto, y las razones también sobran, aunque de magnitudes muy distintas.
El vaso medio vacío
Se sabe que lo central en cualquier actividad, es la seguridad, la estabilidad en las reglas de juego, pero más aún, en el caso del campo cuya producción, e inversiones, son en general de mediano-largo plazo.
Así, al riesgo que siempre se afronta del clima (este año se espera Niño, con mucha humedad), y de los precios internacionales, que tampoco “manejan” los productores, hay que agregarle el de los conflictos internacionales con 2 guerras activas: Rusia-Ucrania, e Irán-Israel/EEUU, con evoluciones dispares e impactos, tanto en los precios de productos que exporta argentina (granos, aceites, carnes, combustibles, etc.), como en los que importa, como los estratégicos fertilizantes.
También los precios de los fletes (y los seguros por transitar en zona de conflicto) se elevan.
Los gobiernos, incluso el de Milei, conocen muy bien esto por el impacto alcista sobre la inflación que se genera.
Y, si bien con estos temas ya sería más que suficiente para sacudir cualquier inversión, hay otros varios de orden local que se suman para enrarecer el panorama.
Por ejemplo, para atraer a los grandes de la minería e energía, hubo que armas un RIGI y un SuperRIGI que, entre otras cosas, fija por ley la estabilidad de las normas marco que se les dieron a estos capitales para que hagan sus inversiones.
Para el campo la oferta fue muchísimo más acotada pero, ni en este sector, ni en otros varios, tanto locales como del exterior, hay seguridad absoluta sobre la continuidad de estas políticas, tema clave a la hora de las inversiones.
De hecho, el campo está sembrando ahora un ciclo que va a cosechar durante todo el año próximo (2027) en plena campaña presidencial, y frente a un cambio de Gobierno, que aún no se sabe si continuará la misma línea que el que está ahora en ejercicio.
Además, es necesario señalarlo, buena parte de las dudas proviene de las señales que dan otros poderes del Estado como el Judicial, y, más aún, el Legislativo que, hasta ahora, casi no pudieron sustraerse de las internas partidarias, para hacer el trabajo que les encargó la sociedad, o sea, en el caso del Congreso, legislar.
Es cierto que se tomaron muchas medidas y se removieron cantidad de escollos operativos, pero también es cierto que los pendientes continúan acumulándose sin que terminen de cerrarse (lo que facilitaría volverlos para atrás en caso de cambios de signo político).
El INTA, el Senasa (del que muy pocos hablan), las leyes de agroquímicos, de biocombustibles, la propiedad privada, la reforma tributaria, la flexibilización laboral, las retenciones, ley de semillas, las normas de tráfico fluvial, puertos, etc., etc., etc., cruciales para destrabar la actividad empresaria, siguen stand by en una rara pulseada entre el Ejecutivo y el Legislativo, como si ambos no tuvieran que defender, como prioridad, la causa máxima del país.
Algunas de ellas ya atravesaron varios gobiernos.
Lo mismo se puede decir de las licitaciones y las obras pendientes, incluyendo el muy promocionado FFCC Belgrano Cargas cuyos pliegos se siguen anunciando y no se concreta, mientras que a la cola siguen otras definiciones más de fondo aún, como la salida al Pacífico por el NOA, reivindicación histórica, que le daría vuelta la cara al país, y que está pendiente desde que se construyó el puerto de Buenos Aires.
El campo, paciente, espera todavía que se concrete el ingreso de las vacunas contra la aftosa para abaratar su costo excesivo, que comprometió el propio Milei hace 2,5 años; que se termine con el arrastre de medias reses “al hombro” que aún subsiste en varios lugares; que se destraben los permisos de experimentación de nuevos productos para evitar generar resistencia, tanto en agricultura como en ganadería, y que se apilan en los pasillos del Senasa; o que se termine con la anarquía de la “tasas” municipales que generan verdaderas aduanas interiores (que están “prohibidas”), pero que nadie parece controlar, entre infinidad de cuestiones más.
Y, aunque la lista puede ser infinita, a los efectos de la “credibilidad” y la expectativa sectorial, la pregunta es: ¿Antes de agregar más cambios, no convendría “cerrar” muchos temas aún inconclusos?. ¿Anclarlos, de alguna forma para evitar la sensación de que “están en el aire”?
El segundo planteo es: ¿Alguien en el gobierno ordena las prioridades de los temas sobre los cuales avanzar?
Por eso, como se señaló antes, nada es peor para la producción (de mediano y largo plazo, como la agropecuaria), que la inseguridad y la falta de horizonte.
Por eso, si el campo ya es récord aún con este déficit de cuestiones, ¿que pasaría si se avanza, aunque sea, en la mitad de los temas?.