Con playas de aguas transparentes, un clima estable todo el año y una fuerte apuesta al turismo sustentable, Aruba se convirtió en el segundo mercado emisor de turistas del mundo para la isla. Una guía completa para organizar el viaje familiar perfecto.
Buenos Aires miércoles 22 julio (PR/26)–El Caribe tiene mil opciones, pero Aruba logró algo que pocos destinos consiguen: volverse un fenómeno entre los viajeros argentinos. El clima estable, las playas libres de sargazo y una infraestructura pensada para la comodidad familiar explican buena parte de ese éxito.
Los números lo confirman. Según los últimos reportes de la Autoridad de Turismo de Aruba (ATA), la llegada de turistas argentinos creció un 152% durante 2025 y trepó a un asombroso 206% en el primer trimestre de 2026. Hoy, Argentina es el segundo mercado emisor de turistas a nivel mundial para la isla, solo detrás de Estados Unidos, y lidera cómodamente en toda Latinoamérica.
Este año, la propuesta se enmarca en la plataforma «Cuando Amas Aruba, Aruba te Ama», que invita a un turismo lento y consciente: playas de primer nivel, gastronomía local y un fuerte compromiso con la sustentabilidad, todo al mismo tiempo.
Playas para todos los gustos (y todas las edades)
Aruba tiene una ventaja que pocos destinos caribeños pueden ofrecer: está fuera de la zona de huracanes, lo que garantiza buen clima sin importar el mes elegido. La temperatura ronda los 28°C y la brisa constante de los vientos alisios hace que el calor nunca sea agobiante.
Cada playa tiene su propia personalidad. Eagle Beach, reconocida entre las mejores del Caribe, tiene arena blanca de origen coralino que se mantiene fresca incluso en los días más calurosos. Si el viaje dura más de cinco días, alquilar un departamento cerca de esta playa suele ser la opción más conveniente.
Para las familias con chicos, Baby Beach, en el extremo sur de la isla, ofrece aguas calmas y poco profundas, ideales para los más pequeños. Y para quienes buscan buceo y snorkel, Arashi Beach, Boca Catalina y Mangel Halto son la puerta de entrada a un ecosistema marino rico y bien preservado.
Naturaleza, cultura y sabores locales
Más allá de la costa, el Parque Nacional Arikok es uno de los grandes tesoros de la isla: protege cerca del 25% del territorio de Aruba y reúne senderos, cuevas con pinturas rupestres, paisajes desérticos y la espectacular Piscina Natural de Conchi.
La propuesta invita a bajar un cambio: recorrer Oranjestad a pie, conocer emprendimientos familiares y disfrutar de una gastronomía que refleja la enorme diversidad cultural de la isla, donde conviven más de cien nacionalidades. Platos como el Keshi Yena y el Pastechi combinan sabores caribeños, europeos y latinoamericanos.
Para cuidar el presupuesto familiar, muchos viajeros optan por hoteles con desayuno incluido o departamentos con cocina propia, que permiten reducir el gasto diario en comidas frente a los clásicos esquemas all inclusive.
Guía práctica para el viajero (valores 2026)
Una de las opciones más eficientes para viajar desde Argentina es Copa Airlines, con conexiones desde Ezeiza, Córdoba y Mendoza y una breve escala en el Hub de las Américas en Tocumen, Panamá. También hay vuelos directos con Aerolíneas Argentinas a precios convenientes. El avión aterriza en el moderno Aeropuerto Internacional Reina Beatrix (AUA), en la capital, Oranjestad.
Para ingresar a la isla se necesita pasaporte vigente durante toda la estadía y completar la ED Card, un formulario digital obligatorio. En ese mismo trámite se abona la Tasa de Sostenibilidad, de 20 dólares por visitante. La vacuna de fiebre amarilla no es obligatoria para los argentinos que viajan con conexión directa vía Panamá, salvo tránsitos de más de 12 horas en países endémicos.
Alquilar un auto es muy recomendable: Aruba es pequeña —apenas 32 kilómetros de largo— y segura para manejar. Las tarifas rondan los 50 a 70 dólares por día. El alojamiento va de 130 a 180 dólares la noche en aparthoteles, y de 300 a 600 dólares o más en hoteles de Palm Beach.
En materia de comida, cocinar en el departamento cuesta cerca de 30 dólares por persona por día (el supermercado Super Food Plaza es una parada obligada), mientras que un almuerzo o cena en un restaurante de rango medio ronda los 25 a 40 dólares por persona. Un detalle clave a la hora de presupuestar: la Tasa de Sostenibilidad se paga por cada integrante de la familia.
Lejos del turismo habitual, esta isla ubicada sobre el mar Tirreno se destaca por su aislamiento y la ausencia de infraestructura moderna, convirtiéndose en un destino único a solo unos pasos de Roma
Por Faustino Cuomo
Palmarola se posiciona como la isla más virgen del mar Tirreno, sin electricidad ni señal telefónica (Captura/YouTube)
Buenos Aires, sábado 31 enero (PR/26) –En el mar Tirreno, a pocos kilómetros al oeste de Roma, se esconde Palmarola, una isla que parece flotar fuera del tiempo y del bullicio turístico que caracteriza a gran parte de Italia.
Sin autopistas, sin señal de teléfono, sin electricidad y casi sin visitantes, este paraíso volcánico
Lejos de las multitudes que invaden la capital italiana, este lugar presenta un contraste radical con la vida urbana: no tiene pueblos, ni puertos, ni infraestructura moderna.
Apenas se accede por mar, ya que la única forma de llegar es en pequeñas embarcaciones privadas o de pescadores desde la vecina isla de Ponza, ubicada a unos ocho kilómetros de distancia. No existe un servicio regular de ferri ni muelle para atraque, lo que limita el flujo de visitantes y convierte cada llegada en una auténtica aventura.
El paraíso virgen, a un paso de Roma
Los acantilados volcánicos y las aguas cristalinas de Palmarola ofrecen un paisaje natural hipnótico (Captura/YouTube)
El trayecto desde Roma implica tomar un tren hasta el puerto de Anzio, embarcarse hacia Ponza y desde allí negociar una travesía con pescadores locales.
En Palmarola, la naturaleza dicta las reglas: la isla está modelada por abruptos acantilados volcánicos, cuevas marinas y calas solitarias donde el desarrollo es casi inexistente. El único signo de actividad humana es el restaurante O’Francese, enclavado en las rocas, que ofrece pescado fresco y unas pocas habitaciones talladas en antiguas grutas de pescadores.
Las reservas se efectúan con meses de antelación y el precio por noche parte desde 150 euros (USD 175), siempre en régimen de pensión completa.
“No hay mucho, pero tampoco poco para hacer”, relató Maria Andreini, una trabajadora remota de 44 años que viaja cada verano desde Treviso, en el norte de Italia, junto a su esposo y su hijo adolescente.
“Pasamos los días haciendo snorkel y tomando el sol en la playa de guijarros rosa frente al restaurante. Por la noche, nos tumbamos a contemplar las estrellas o caminamos con linternas. Al amanecer, los dueños nos despiertan para subir al punto más alto de la isla y ver el amanecer. Es impresionante”, añadió.
Senderos, ruinas y aguas cristalinas
El acceso a Palmarola sólo es posible en pequeñas embarcaciones privadas o de pescadores desde la cercana isla de Ponza (Captura/YouTube)
La única playa de Palmarola es pequeña y está conectada con el interior por una red de senderos que ascienden hacia las ruinas de un antiguo monasterio medieval y restos de un asentamiento prehistórico. “Cenamos pescado fresco recién sacado de las redes.
Durante una semana, sentimos que vivimos una experiencia primitiva, como si fuéramos los Picapiedra de vacaciones”, detalló Andreini a CNN, quien recomienda llevar calzado de montaña además del bañador.
En tierra, los únicos habitantes permanentes son cabras salvajes que se refugian entre las palmeras bajas que dan nombre a la isla. Más allá de la playa principal, el litoral se explora mejor en botes inflables: los acantilados forman esculturas naturales, túneles y grutas, mientras que las aguas transparentes atraen a buceadores y aficionados al kayak.
“El paisaje es hipnótico”, aseguró Andreini. “Y está en mi propio país. Cuesta creer que tengamos un lugar tan fantástico”, sentenció.
Para quienes se animan a navegar alrededor de Palmarola, la historia aflora en cada rincón. “Es un viaje a la prehistoria, cuando los hombres de las cavernas acudían aquí en busca de la obsidiana negra, aún visible en las vetas de los acantilados, que se usaba para fabricar armas y herramientas”, explicó el historiador local Silverio Capone a CNN.
Tradiciones, leyendas y el culto a San Silverio
En el mes de junio, pescadores y familias de Ponza celebran la festividad de San Silverio (Captura/YouTube)
La propiedad de Palmarola se remonta al siglo XVIII, cuando familias napolitanas que colonizaron Ponza se repartieron la isla. Hoy, sigue en manos privadas, dividida en numerosos lotes pertenecientes a descendientes de aquellos primeros colonos.
En lo alto de los acantilados, pequeñas cuevas han sido reconvertidas en refugios privados pintados de blanco y azul. Los pescadores las empleaban como resguardo durante tormentas, y muchas aún se mantienen abastecidas por si el clima impide el regreso a Ponza.
En el promontorio más elevado, una diminuta capilla blanca honra a San Silverio, papa del siglo VI exiliado en Palmarola, donde se cree que murió.
Cada junio, pescadores y familias de Ponza navegan a la isla para celebrar la fiesta de San Silverio, llevando flores a la capilla y desfilando con una estatua de madera del santo. Los participantes ascienden por escalinatas de roca hasta el altar principal para rezar y meditar.
“Es un ritual sagrado. Rezamos a San Silverio cada día”, afirmó Capone. Y agregó: “Muchos hombres de Ponza, como yo, llevamos su nombre: es nuestro patrón. Creemos que su espíritu aún habita las aguas de Palmarola”.
Capone resaltó que las leyendas locales cuentan historias de marineros sorprendidos por tormentas y rescatados tras orar al santo. “Una aparición de San Silverio surgió del mar y los guió de vuelta a Palmarola, donde sobrevivieron durante semanas en las grutas”, narró.
Así, con sus leyendas y atractivos, este islote volcánico permanece casi intocado, esperando a aquellos dispuestos a renunciar al confort para descubrir una Italia primigenia.
El archipiélago, a una hora y media de vuelo de Miami, se destaca por mar turquesa.
Arrecifes de coral, una cocina a base de langosta y playas con aguas cálidas y transparentes en el exclusivo destino del Caribe elegido por las celebridades
Por Silvina Pini
Buenos Aires, jueves 15 enero (PR/26) — Las islas de Turks and Caicos van ganándose de a poco su lugar entre los paraísos de agua turquesa y arenas blancas del Caribe, en gran parte gracias a las celebridades que las eligieron.
Ben Affleck y Jennifer Garner se casaron aquí en 2005 y Maluma, Keith Richards, Justin Bieber, Gwyneth Paltrow, Michael Douglas, Oprah Winfrey, Donna Karan y Bruce Willis son algunos de los que tienen casa o terrenos.
Eva Longoria la eligió para su luna de miel y Madonna, Paul McCartney, Kate Moss, las Kardashian y Beyoncé son pasajeros frecuentes.
Ubicado a una hora y media de vuelo desde Miami, entre las Bahamas y República Dominicana, este archipiélago de más de 40 islas y cayos, ahora también se va perfilando como una opción a los destinos ya conocidos por los argentinos.
Los vuelos llegan al aeropuerto Internacional Howard Hamilton en la isla de Providenciales, más conocida como Provo, la tercera más grande del archipiélago, la más poblada y el centro principal de la actividad turística.
Aquí está la playa de Grace Bay, cinco kilómetros de arena blanca y agua transparente, desprovista de algas, rocas o medusas y número repetido en los rankings de las diez mejores playas del mundo.
El curioso nombreturks proviene de un cactus autóctono llamado cabeza de turco (melocactus intortus), porque su fruto rojo se parece al sombrero turco o fez. Caicos significa cadena de islas en el idioma de los lucayan tainos, los primeros habitantes.
El destino del Caribe preferido por las celebridades va dejando de ser un refugio exclusivo para recibir a nuevos viajerosElmar Langle – Shutterstock
El primer extranjero en pisar las islas fue el propio Cristóbal Colón en 1492. Al igual que otras islas del Caribe, fueron disputadas por españoles, ingleses, franceses y piratas durante siglos. Desde 1873 pertenecieron a la colonia de Jamaica, luego pasaron a depender de las Bahamas y en 1973 eligieron su propio gobernador, convirtiéndose en Dependencia y Territorio Británico de Ultramar.
En 1982 el Reino Unido quiso concederles la independencia, pero prefirieron seguir como un territorio dependiente del Reino Unido. Los casi cincuenta mil habitantes saben de las ventajas de contar con un pasaporte británico.
Solo ocho islas están habitadas. De las Turks solo dos, Grand Turk y Salt Cay; mientras que de las Caicos tienen población Providenciales, North Caicos, Middle Caicos, East Caicos, South Caicos y West Caicos. Entre Providenciales y North Caicos hay varios cayos pequeños, en su mayoría tomados por resorts, como Pine Cay y Parrot Cay –donde se casaron Affleck y Garner–, a los que se llega en ferry. North y Middle Caicos son las únicas unidas por un puente.
Cockburt Town, la capital del país, está en Grand Turk, la isla más pequeña. Una visita debe incluir el museo Nacional y una caminata por sus calles de arquitectura colonial. En esta isla está el puerto de cruceros, donde llega la mayor cantidad de visitantes.
A North Caicos, al noreste de Providenciales, se puede llegar en un vuelo corto o por barco. Su encanto pasa porque es una isla aún en desarrollo y puede verse en estado casi virgen.
Middle Caicos, conectada a North Caicos por un puente, tiene un impresionante sistema de cuevas de roca caliza incluidas en el Parque Nacional Conch Bar Caves. El tour por estas cuevas, que están entre las más grandes del Caribe, dura aproximadamente una hora.
Una de sus curiosidades es que a fines del siglo XIX era un recurso económico porque los mineros buscaban estiércol de murciélago que exportaban como fertilizante.
Middle Caicos es la isla perfecta para los amantes del turismo aventura, además de las cuevas, cuanta con varios senderos para trekking y ciclismo y es la ocasión para toparse con la iguana de roca endémica de la isla que puede llegar a medir ochenta centímetros.
Y si en camino aparece un frondoso árbol con un fruto verde parecido a una manzana, será mejor ni tocarlo porque puede ser un manchineel (Hippomane mancinella), considerado el árbol más venenoso del mundo.
El solo roce de la corteza con la piel puede provocar una reacción alérgica; si se lo prende fuego, el humo puede causar ceguera, y quien muerda la falsa manzana –la llaman la “manzanilla de la muerte”–, podrá tener vómitos y diarrea tan severos que lo llevarán a una deshidratación segura.
Sólo ocho islas están habitadas
South Caicos, más conocidas como The Big South, es un paraíso marino y la capital pesquera, uno de los principales recursos de la isla. Salt Cay fue el centro de la industria salinera en el pasado, pero hoy es una isla ideal para el avistamiento de ballenas jorobadas que van a reproducirse entre enero y abril, y también de aves, como el pelícano pardo que es el ave nacional, además de colibríes y flamencos.
En cualquiera de ellas se puede disfrutar de la cocina tradicional a base de pescados, especialmente mero y pargo, y de frutos de mar, donde la estrella es la langosta de la que hay sobreabundancia. Fuera del mundo marino, la sopa de pollo es otro de sus platos típicos
. En muchos restaurantes suele haber música en vivo con grupos que tocan ripsaw, el género musical local, cercano al rake and scrape de las Bahamas.
El ripsaw tiene su museo en Providenciales, el Junkanoo. Lo interesante es que el guía es el músico local Kitchener Penn, líder de la banda We Funk, que no sólo explica los orígenes e influencias del ripsaw, sino que invita a tocar los instrumentos y a vestirse con trajes típicos.
Tortugas y mantarrayas
Más allá de sus aspectos culturales y tesoros de tierra, el mayor atractivo de Turks and Caicos son sus playas de un mar tan transparente y turquesa que parece que tuvieran un filtro de Instagram. Ocurre que sus aguas están protegidas por el tercer arrecife de coral más grande del mundo.
La iguana de roca endémica de la isla que puede medir 80 centímetros
Un acceso directo a los arrecifes Smith y Bight se da desde la playa misma en Providenciales. El Smith está cerca de Turtle Cove, en la costa norte, y el encuentro con tortugas verdes y mantarrayas está asegurado, además de un sinfín de peces de colores.
Además del snorkel apto para todo el mundo, este arrecife es accesible para buceadores principiantes y experimentados, que deben contar con el carnet de PADI.
A diferencia del Smith, el arrecife Bight, más conocido como Coral Garden, consiste en solo una cresta principal de coral que se extiende por 107 metros y en el extremo exterior, la pared cae cinco metros al océano.
Además de la famosa Grace Bay, en Providenciales hay otras playas vírgenes que vale la pena conocer, como Long Bay Beach, Sapodilla Bay Beach, Blue Hills Beach, Pelican Beach y Taylor Bay Beach.
Esta isla es la preferida de Lionel Messi y su familia, que suelen aterrizar en Provo para ir directamente a Amanyara, el hotel de lujo de la cadena asiática Aman, a cuarenta minutos en auto del aeropuerto internacional.
El resort de 7300 hectáreas está sobre la costa del Parque Nacional Marino North West Point y el campeón del mundo se aloja en una de las diecinueve “villas” que son un conjunto de cinco habitaciones que comparten piscinas, jardines y un gran living con sillones, un plasma gigante y una gran mesa redonda.
La ventaja de estas villas es la privacidad porque, además de una salida privada a la playa, cuentan con un servicio de chef para todas las comidas.
Famosos o no, los huéspedes se mueven en carritos de golf para ir hasta las canchas de tenis, el gimnasio, o para ver el atardecer sobre el mar desde el bar circular. Al estar dentro de un Parque Nacional Marino, las únicas actividades acuáticas son todas sin motor: stand up paddle, kite surf.
También organizan cabalgatas por la arena y paseos en kayak para explorar los humedales de manglares.
Más allá de lo extenso del bolsillo, el verdadero lujo en Turks and Caicos es su naturaleza privilegiada y virgen, por ahora.
Datos útiles
Requisitos. Contar con un pasaporte con seis meses de vigencia y un pasaje de regreso.
Cuándo ir. Entre diciembre y abril es la época con el mejor clima: cálido, seco y sin lluvias. En enero llegan las ballenas jorobadas. Entre junio y noviembre hay posibilidades de huracanes.
Con playas de arena blanca que parecen talco, una infraestructura de primer nivel y un clima privilegiado fuera de la ruta de los huracanes, la «Isla Feliz» se consolida como el destino definitivo del Caribe.
Buenos Aires, lunes 28 diciembre (PR/25) –Mientras otros destinos del Caribe miran con recelo el pronóstico del tiempo, Aruba descansa tranquila.
Ubicada estratégicamente en las Antillas Menores en el Caribe, esta pequeña isla de apenas 180 kilómetros cuadrados tiene una ventaja competitiva imbatible: se encuentra fuera del cinturón de huracanes, lo que garantiza cielos despejados y temperaturas promedio de 28°C durante casi todo el año.
Pero el clima es sólo la carta de presentación de un destino que ha sabido maridar la eficiencia europea —debido a su herencia neerlandesa— con la calidez y el ritmo pausado del Caribe.
Pero el clima es sólo la carta de presentación de un destino que ha sabido maridar la eficiencia europea —debido a su herencia neerlandesa— con la calidez y el ritmo pausado del Caribe.
1. Playas que desafían los filtros de Instagram
La joya de la corona es, sin duda, Eagle Beach. Elegida frecuentemente entre las mejores playas del mundo, es famosa por sus icónicos árboles Fofoti que se inclinan hacia el mar turquesa.
Para quienes buscan algo más dinámico, Palm Beach ofrece una hilera de resorts de lujo, casinos y centros comerciales a metros de la orilla.
2. Seguridad y bienestar: La «Isla Feliz»
No es sólo un eslogan de marketing. Aruba ostenta uno de los índices de seguridad más altos de la región. Esto permite a los turistas alquilar un auto y explorar la isla de punta a punta, desde el faro California hasta las cuevas del Parque Nacional Arikok, con total tranquilidad.
3. Un crisol de sabores y culturas
La gastronomía arubiana es un reflejo de su historia. Con influencias de más de 90 nacionalidades, la oferta culinaria va desde pescados frescos del día (como el pargo rojo o el mahi-mahi) hasta el clásico keshi yena (queso relleno). Además, la capital, Oranjestad, cautiva con su arquitectura colonial de colores pasteles que invita a perderse en sus calles.
4. Conectividad y facilidad para el viajero
Para los viajeros de América Latina y Norteamérica, Aruba es un destino sumamente accesible. La mayoría de los turistas no requieren visa, y la infraestructura de telecomunicaciones y servicios públicos funciona con una precisión que sorprende.
Para conectar desde Argentina a Aruba, las opciones incluyen vuelos directos con Aerolíneas Argentinas (con promociones desde U$D 530) y vuelos con escala vía Panamá con Copa Airlines.
Llos precios varían, pero se encuentran tarifas ida y vuelta desde aproximadamente $600.000 – $800.000 ARS o incluso menos con ofertas puntuales, aunque pueden superar el millón en temporada alta, siendo diciembre/marzo meses más baratos y febrero/mayo más caros, según la época del año.
Conexiones y aerolíneas
Vuelos Directos: Aerolíneas Argentinas (desde Buenos Aires, Córdoba, Mendoza).
Vuelos con escala: Copa Airlines (vía Panamá, con duraciones más largas) y Avianca Airlines (con escala, a menudo con buenas tarifas).
Precios y temporada
Rango de precios (Ida y vuelta): Se han visto ofertas desde los U$D 530 (aprox. $600.000 ARS) con empresas como Aerolíneas Argentinas, mientras que precios más habituales rondan los $800.000 ARS o más.
Meses económicos: Diciembre y marzo suelen tener mejores tarifas.
Meses caros: Febrero y mayo tienden a ser más caros.
¿Por qué elegirla hoy?
Dato clave: El agua del grifo en Aruba es reconocida como una de las más puras del mundo, destilada directamente del agua de mar en una planta de alta tecnología. Un detalle que habla del compromiso de la isla con la calidad de vida.
En un mundo donde el tiempo es el lujo más escaso, Aruba ofrece una garantía: la de no perder ni un solo día de vacaciones por mal clima. Ya sea para una luna de miel, un viaje familiar o una escapada de aventura, la isla demuestra que la felicidad, después de todo, tiene coordenadas geográficas.
Pero, además, la isla tiene algo muy especial dicen sus residentes: el Efecto Aruba, ese sentimiento embriagador que perdura en tu corazón, esa sonrisa que se despierta al recordar el sonido de las olas y esa felicidad que se queda contigo, incluso, luego de regresar a casa.
Puedes consentir tu lado salvaje al practicar windsurf y kitesurf, o dar un paseo en un catamarán sobre el mar de aguas tranquilas, turquesas y cristalinas. O puedes bucear y practicar esnórquel entre los arrecifes y los naufragios.
El cálido mar del Caribe Sur ha bendecido a Aruba con deportes acuáticos de primera categoría que la convierten en uno de los mejores destinos para el turismo de aventura internacional.
Aventúrate tierra adentro y encontraras aún más cosas por conocer. Explora las cuevas y las antiguas rocas de Arikok a pie, a caballo o en cuatrimoto. Zambúllete en las tranquilas profundidades de «Conchi», una piscina natural oculta. Deambular en busca de aventuras felices es fácil.
Los viajes de turismo de aventura en Aruba se han vuelto muy populares en los últimos años. Para los osados, si les gusta la velocidad, unas vacaciones de aventura en Aruba son ideales para ti.
Algunos de los mejores guías de recorridos aventureros en Aruba pueden acompañar a los turistas.
Aruba es el destino ideal para aventuras. Desde las impresionantes maravillas naturales que se pueden descubrir fácilmente a pie, en auto o en un vehículo todoterreno hasta las emocionantes actividades que revisten las costas y pueblos, existe una infinidad de posibilidades para divertir, ser curioso y encontrar la aventura perfecta.
Escapadas de golf
Con dos fantásticos complejos, Aruba ofrece la mejor escapada para vacaciones con golf en el Caribe.
Parque Nacional Arikok
El Parque Nacional Arikok en Aruba protege casi el 20% de la isla, destacando por su paisaje desértico con cactus, formaciones geológicas de lava, cuarzo y caliza, y una rica biodiversidad con especies endémicas como la serpiente y el periquito de Aruba.
Ofrece atractivos como la Piscina Natural (Conchi), cuevas con pinturas rupestres (Fontain Cave), playas vírgenes (Dos Playa), senderos para caminatas y la necesidad de vehículos 4×4 para ciertas áreas, todo mientras se preserva la historia y naturaleza únicas de la isla.
Además se puede practicar la fe: Hay iglesias para el domingo en Aruba! Hay muchas opciones, especialmente católicas (con misas en español e inglés) y protestantes (Wesley, Pentecostales), con servicios regulares los domingos por la mañana y tarde en distintas parroquias como St. Anna (Noord) y Birgen di Fatima (Dakota).
Cuando las ballenas se van, se ofrecen salidas embarcadas para ver los saltos de estos mamíferos marinos Mailen Palma
Se ofrecen salidas embarcadas para ver los saltos de estos mamíferos marinos; también es temporada de pingüinos
Por Andrea Ventura
Chubut, sábado 277 diciembre (PR/25) — Con la llegada del verano, las ballenas franca austral emprenden su largo viaje hacia el sur, luego de su temporada de nacimientos y apareamientos en el golfo Nuevo.
Y a las aguas calmas de la bahía de Puerto Madryn llegan nuevos protagonistas para un show natural único. Es tiempo de delfines. Con un sol y un calor implacables, sin los habituales vientos helados del invierno patagónico y en un mar azul intenso, se puede salir en paseos embarcados en busca de estos mamíferos marinos, de la especie oscura, un poco más chicos que los habituales grises.
Desde diciembre y hasta abril, los delfines se acercan a las costas de Madryn en busca de anchoítas, su alimento preferido, y practican frente a los barcos infinidad de saltos para la foto.
Las navegaciones, en este caso, parten desde el muelle Luis Piedra Buena de la ciudad, sin la necesidad de tener que viajar hasta Península Valdés, como sucede con las ballenas. Los delfines se ven de a decenas, mientras hacen piruetas y suben a la superficie para comer.
Madryn en verano se transforma en un destino de playa y sol, con arenas anchísimas y aguas calmas y frescas para practicar snorkeling, buceo, kayak, windsurf y stand up paddle.
Los delfines se acercan en busca de anchoítas, su alimento preferido, y practican frente a los barcos infinidad de saltos para la fotoMailen Palma
La biodiversidad marina en esta región costera de Chubut es abrumadora y un festín para los cada vez más viajeros volcados al turismo de naturaleza. Además de los delfines, en esta época se pueden ver elefantes y lobos marinos, pingüinos y cientos de aves. El Área Natural Protegida Península Valdés (Patrimonio de la Humanidad) y Puerto Madryn son en santuario de fauna marina de fama mundial.
Para ver pingüinos, se puede ir hasta la estancia San Lorenzo, en la Península Valdés, que es la más grande a nivel continental, con una población estimada en 600.000 ejemplares, que cada primavera llegan para hacer sus nidos, encubar los huevos y alimentar las crías antes de emigrar, en abril.
Además, la estancia ofrece un comedor en el antiguo galpón de esquila, donde se pueden adquirir productos regionales, recuerdos y degustar el exquisito cordero patagónico. La riqueza de la historia local se complementa con los fósiles marinos y la antigua factoría de lobos marinos que se encuentran en sus terrenos.
La reserva de Punta Tombo, a 170 km al sur de Madryn, es otro sitio histórico para ver pingüinos, mucho más económico que San Lorenzo. Se los pueden observar de muy cerca, caminando torpes por la arena y en sus nidos. La caminata por el circuito es libre y tiene una extensión de tres kilómetros entre ida y vuelta.
Un paseo de sabores
Durante enero y febrero, Puerto Madryn desplegará una agenda cultural diversa que incluirá ciclos de teatro independiente, presentaciones musicales, actividades en el Ecocentro, la clásica Noche de los Museos, propuestas para los chicos y una nueva edición de Verano, mar y libros, con la participación de escritores contemporáneos.
La biodiversidad marina en esta región costera de Chubut es abrumadoraMailen Palma
La feria gastronómica “Madryn Comestible, un paseo de sabores”, volverá a formar parte de la programación estival con una nueva edición que reunirá cocina local, cerveza artesanal, productores regionales, propuestas dulces, música y actividades para todas las edades, el 10 y 11 de enero, a partir de las 18. Como cada verano, la feria se desarrollará frente al mar, en el Playón Recreativo del Muelle Piedra Buena.
La vida nocturna también tendrá su espacio, con casino, bingo, pubs, cervecerías y bares frente a la costa que ofrecen diversas alternativas.
A solo 67 km de Puerto Madryn, por la ruta nacional 3, se encuentra Trelew, cuyo principal atractivo es el museo paleontológico Egidio Feruglio (MEF), uno de los más importantes de Sudamérica, que reabrió hace un año, luego de una importante obra de ampliación. Sus salas permiten conocer los dinosaurios que habitaron la región hace más de 65 millones de años, incluyendo especies emblemáticas descubiertas en la Patagonia.
Cada vez más viajeros viajan en esta época, dedicados al turismo de naturalezaMailen Palma
A pocos kilómetros se ubica el Parque Paleontológico Bryn Gwyn, un yacimiento a cielo abierto con hallazgos fósiles de 40 millones de años, ideal para comprender la evolución natural del territorio. También se puede visitar el museo histórico Pueblo de Luis, que reconstruye los orígenes de la colonización galesa.
Tomando la ruta nacional 25 hacia la costa, luego de Rawson, se llega a Playa Unión, un destino tradicional para disfrutar del mar, realizar avistaje de toninas overas y recorrer su pintoresco puerto.
Hacia el oeste, a 15 km de Trelew, se encuentra Gaiman, una histórica colonia galesa que mantiene vivas sus tradiciones a través del té galés, sus capillas centenarias y una identidad cultural única. Más adelante, tras 35 km, se llega a Dolavon, donde aún funciona el primer molino harinero de la región.
Las casas de té son un clásico de GaimanAníbal Greco
Regresando hacia la costa es posible recorrer el circuito de agroturismo del Valle del Río Encantado, compuesto por 10 establecimientos que ofrecen experiencias vinculadas a la producción local: vinos, fruta fina, lácteos, flores, hierbas aromáticas y visitas en chacras históricas.