La bandera argentina volvió a flamear en las Islas Malvinas tras 44 años: el homenaje en Puerto Argentino y Darwin

La bandera argentina volvió a flamear en las Islas Malvinas tras 44 años: el homenaje en Puerto Argentino y Darwin

Un excombatiente regresó al archipiélago para rendir tributo a su amigo, caído en la guerra.

 

 

La bandera argentina volvió a flamear en las Islas Malvinas.

Buenos Aires, martes 18 de agosto (PR/26) — A 44 años de la Guerra de Malvinas, el excombatiente Eduardo Canitrot volvió al archipiélago donde combatió como soldado conscripto en 1982 para concretar una promesa que había marcado su vida. Acompañado por una de sus hijas, recorrió Puerto Argentino, el cementerio de Darwin y otros escenarios del conflicto, donde rindió homenaje a sus compañeros caídos.

Canitrot, quien actualmente preside la Asociación de Veteranos Puerto Argentino de Pinamar, integró durante la guerra el Batallón Logístico 10 de la X Brigada de Infantería. Con menos de 20 años llegó a las islas y permaneció allí durante el conflicto bélico con el Reino Unido.

 

 

 

 

Cementerio de Darwin

 

 

El viaje tuvo un profundo significado personal. En distintos puntos del archipiélago desplegó una bandera argentina, una imagen que rápidamente se volvió viral en las redes sociales y despertó miles de mensajes de reconocimiento.

 

Una promesa cumplida después de cuatro décadas

Uno de los momentos más emotivos ocurrió en el cementerio argentino de Darwin, donde descansan los restos de numerosos soldados caídos durante la guerra. Allí, Canitrot visitó la tumba de Pedro Larrosa, uno de sus compañeros, a quien había prometido regresar.

 

El veterano Eduardo Canitrot fue quien hizo flamear nuevamente la bandera argentina en las Islas Malvinas tras 44 años.

Frente a la cruz blanca que recuerda a su amigo, el veterano recordó aquel compromiso asumido hace más de cuatro décadas y expresó su emoción por haber podido cumplirlo. En sus publicaciones escribió: «Cumplí con lo que te prometí, Pedro», un mensaje que sintetizó el sentido de todo el viaje.

Durante su recorrida también recordó a todos los combatientes fallecidos y a quienes sufrieron las consecuencias de la posguerra.

En otra publicación manifestó: «Por los caídos, por los que quedaron aquí en las islas y en el mar, por los que no pudieron soportar y se quitaron la vida. Por todos los argentinos y argentinas que dieron, dan y darían su vida por esta bandera».

 

La bandera argentina en Puerto Argentino

Otro de los momentos más difundidos ocurrió en Puerto Argentino, donde Canitrot corrió sosteniendo la bandera argentina en las inmediaciones de un mástil que exhibe la insignia británica.

 

El homenaje en Puerto Argentino y el Cementerio de Darwin. 

Además, llevó la bandera a distintos puntos del archipiélago, incluido Monte Harriet, donde registró un video mientras el viento hacía flamear la enseña nacional. Allí dejó una frase que resumió el significado del homenaje: «Mi bandera no se arrodilla ante nadie».

El excombatiente también logró localizar el lugar donde permaneció durante gran parte del conflicto

También pudo localizar su posición. “El lugar exacto en donde estuvo el pozo en el que todos los días eran iguales: hambre, frío, miedo. Pero pensar en defender la bandera hicieron que el cuerpo se adapte, porque el amor por la patria está ante todo”, aseveró a la Opinión Austral y recorrió sectores como Pradera del Ganso y Monte Kent, escenarios que volvieron a traer a su memoria los recuerdos de la guerra.

 

En su pechera se puede leer: Las Malvinas son Argentinas

 

 

A través de su cuenta de Instagram, el veterano de guerra compartió cómo fue su visita, qué lugares recorrió y los recuerdos que volvieron a su mente. Además, hizo flamear la bandera argentina.

“Fueron, son y serán por siempre. Gracias a nuestros jugadores por aquella victoria, por la garra con la que defendieron nuestra camiseta y por lograr que este reclamo se viralizara mundialmente”, escribió Canitrot en una de las imágenes en la que se lo puede ver usando una camiseta blanca con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” y en referencia al triunfo de la Scaloneta ante Inglaterra que los jugadores celebraron alzando la íconica bandera que reforzó el reclamo de soberanía.

“Fue emocionante llevar esta remera (regalo de mi hija Belu) a nuestras islas. Un homenaje a nuestra historia, a nuestra identidad y a una causa que llevamos en el corazón“, expresó junto a la foto que se tomó delante del cartel de “Welcome to The Falkland”.

Además de los requisitos migratorios, existen limitaciones específicas, reglas de conducta y prohibiciones para los argentinos que viajan a las islas, entre ellas, el pedido de abstenerse de agitar o exhibir en público banderas argentinas.

Sin embargo, Canitrot exhibió la insignia patria con las islas Malvinas en el centro de la bandera de día y de noche en al menos cuatro veces durante su estadía que se extendió del 8 al 15 de agosto pasado.

En Monte Harriet, con el viento a favor, la celeste y blanca se ondeó. “Mi bandera no se arrodilla ante nadie. Por ella murió mucha gente, desde nuestra independencia flameó en lo más alto. Nadie nos va a decir que podemos mostrarla solamente en el cementerio de Darwin y por debajo de la cintura“, reivindicó.

«Cumplí con lo que te prometí, Pedro», dijo en referencia al tributo a su amigo caído.

 

 

 

Fuente: Agencia NA / La Opinión Austral
Primicias Rurales
Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

Reconocido periodista inglés publicó que «las Malvinas no pueden ser británicas para siempre» y desató la polémica en el Reino Unido

Tras la polémica bandera en el Mundial 2026, el columnista inglés Simon Jenkins desafió la postura británica instando a retomar el diálogo. Downing Street ratificó la soberanía sobre las islas y elevó un pedido de investigación ante la FIFA, mientras la ONU reitera su llamado a negociaciones bilaterales a lo que Inglaterra se niega. Lea el artículo completo traducido.

 

 

Buenos Aires, sábado 18 julio (PR/26>) — El reconocido periodista inglés Simon Jenkins, columnista del diario The Guardian y de la BBC, publicó un editorial afirmando que las Islas Malvinas «no pueden seguir siendo británicas para siempre».
El artículo fue inspirado por la famosa bandera con la leyenda «Las Malvinas son argentinas» desplegada por los jugadores de la selección argentina tras vencer a Inglaterra en la semifinal del Mundial y que cayó de la tribuna en manos de integrantes de la selección albiceleste que la desplegó.
El Gobierno británico rechazó el festejo de la Selección Argentina tras el Mundial 2026, calificando de «inapropiado» el uso de una bandera con la consigna de las Islas Malvinas.
Londres ratificó la soberanía británica sobre el territorio, exigió una investigación de la FIFA y no descartó sanciones para los jugadores involucrados.
La bandera cayó de la tribuna en el festejo de la selección argentina por haber vencido 3 a 2 a Inglaterra

Mientras que el artículo inglés generó fuerte repercusión por varios puntos centrales del análisis de Jenkins:

  • Sentido común geográfico: Jenkins argumentó que tarde o temprano estas colonias se integrarán a sus continentes geográficos. 
  • Costos de defensa: Criticó el gasto de más de £60 millones al año que los contribuyentes británicos destinan a mantener la presencia militar en el archipiélago. 
  • Reapertura de negociaciones: Cuestionó la decisión del Reino Unido de congelar el diálogo durante más de 40 años e instó a que se retomen las negociaciones diplomáticas, citando como antecedente el acuerdo histórico sobre Gibraltar. 
  • El referéndum de 2013: Relativizó el plebiscito de los isleños «kelpers» al entender que no justifica frenar indefinidamente el debate de soberanía.

 

El Gobierno británico, a través de una portavoz oficial de Downing Street, ignoró deliberadamente el debate interno propuesto por la columna de opinión de Simon Jenkins en The Guardian.

En su lugar, el Ejecutivo liderado por el primer ministro Keir Starmer utilizó la conferencia de prensa con periodistas parlamentarios para contrarrestar el impacto del editorial con una respuesta tajante y directa.
La postura oficial de Londres frente a los argumentos del periódico se resume en los siguientes puntos:
  • Ratificación del statu quo: La portavoz del primer ministro enfatizó que la posición del Reino Unido sobre el archipiélago «no ha cambiado» y que el reclamo territorial argentino carece de validez ante sus ojos.

 

  • Uso de la ironía deportiva: En respuesta directa a la vinculación que el editorial hizo con los festejos del partido, la vocería oficial lanzó una frase de alto impacto técnico y político replicada por el medio británico Sky News: “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas Malvinas sin duda lo son”.

 

  • Defensa de la autodeterminación: El Gobierno británico desestimó la sugerencia de Jenkins de que las islas inevitablemente se integrarán al continente. Subrayaron que el compromiso de Londres para con los habitantes del archipiélago es «inquebrantable» y que la autodeterminación corresponde exclusivamente a los isleños, validando el referéndum de 2013 que el editorialista había relativizado.

 

  • Acción institucional frente a la bandera: En lugar de abrir una mesa de diálogo diplomático como sugería The Guardian, el Gobierno del Reino Unido —con el respaldo del secretario de Comercio, Peter Kyle— prefirió elevar un pedido formal de investigación de oficio ante la FIFA. Esto se fundamentó en que la exhibición de la bandera infringió las normas globales que prohíben estrictamente el uso de consignas políticas dentro del campo de juego

La vía del diálogo

 

 

 

La postura oficial del Comité Especial de Descolonización de la ONU (C-24) dictamina de manera unánime que la única vía para resolver el conflicto de las Islas Malvinas es la reanudación de las negociaciones bilaterales entre la República Argentina y el Reino Unido.

 

En su sesión de junio de 2026 realizada en Nueva York, el organismo internacional adoptó una nueva resolución por consenso reafirmando los siguientes ejes centrales: 
  • Estatus de soberanía en disputa: El Comité encuadra el archipiélago bajo la categoría colonial especial de «Territorio No Autónomo». Ratifica que existe una disputa territorial abierta que no puede ser cancelada unilateralmente por el Reino Unido. 

 

  • Llamado al diálogo pacífico: Exige formalmente a ambos países retomar las conversaciones diplomáticas para alcanzar una solución pacífica y definitiva. Dicha postura sostiene el mandato histórico planteado originalmente en la Resolución 2065 de la Asamblea General. 

 

  • Preocupación en el Atlántico Sur: El Comité manifestó su inquietud ante los reclamos expuestos por la delegación argentina, liderada por el canciller Pablo Quirno, respecto a la «militarización» de la zona y la explotación unilateral de recursos naturales (hidrocarburos y pesca) en aguas en litigio. 

 

  • Mediación internacional: Solicitó explícitamente al Secretario General de las Naciones Unidas ejercer su misión de buenos oficios para interceder y lograr que Londres acepte sentarse a la mesa de diálogo. 

 

  • Falta de poder coercitivo: Aunque la resolución cuenta con el copatrocinio y firme respaldo de toda Latinoamérica, analistas y medios especializados aclaran que el pronunciamiento de la ONU no obliga jurídicamente al Gobierno británico a negociar, sirviendo principalmente como una contundente herramienta de presión diplomática internacional.

 

El artículo completo: 

 

 

¿«Las Malvinas son argentinas»? No exactamente, pero las Falklands no pueden seguir siendo británicas para siempre

 

Simon Jenkins

 

La enemistad entre Londres y Buenos Aires se ha prolongado demasiado; tarde o temprano, prevalecerán las mentes sensatas.

Esta semana, Gran Bretaña y España acordaron demoler la frontera que divide Gibraltar de la península ibérica. Fue una buena noticia. Décadas de negociación llegaron a un feliz compromiso. Lamentablemente, el acuerdo no se celebrará este domingo en la final de la Copa del Mundo entre España e Inglaterra. Pero, ¿es demasiado esperar que una negociación similar pueda surgir de la semifinal de anoche, una derrota aplastante de Inglaterra a manos de Argentina, tras la cual el asunto Malvinas-Falklands levantó su cansada cabeza en forma de una pancarta en el campo? ¿Acaso no puede resultar nada bueno del generoso abrazo entre Lionel Messi y Harry Kane?

Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene un derecho eterno a permanecer como está, y mucho menos uno que cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras al año en gastos de defensa.

En el caso de las Falklands, su estatus como territorio de ultramar ha sido defendido ferozmente por sucesivos gobiernos, en gran medida como el precio de la victoria en la guerra de las Malvinas de 1982. En verdad, sospecho que esto tiene mucho que ver con el hecho de que los isleños, a diferencia de los habitantes abandonados de Hong Kong o Diego García, eran británicos blancos. La guerra también rescató al gobierno de Margaret Thatcher de la impopularidad y cubrió de gloria a la entonces primera ministra, a diferencia de posteriores aventuras militares.

Lo que se olvida es que, antes de la guerra, los gobiernos británicos estaban negociando realmente una transferencia de la soberanía de las islas con los argentinos. Esto siguió a un acuerdo de comunicaciones de 1971 alcanzado con Buenos Aires por el Ministerio de Relaciones Exteriores. Permitió a los isleños comerciar y viajar con el territorio continental adyacente, utilizando sus hospitales, tiendas y otras instalaciones. Incluso tenían becas en escuelas locales. Cientos de argentinos solían visitar la capital de las Falklands, Puerto Stanley, como turistas. Los isleños estaban ganando gradualmente relaciones sensatas con sus vecinos costeros, de las cuales se esperaba que surgiera un acuerdo futuro.

En aquella época, las Naciones Unidas alentaban a las antiguas potencias coloniales de Europa a deshacerse de los restos del imperio, incluidos los franceses, portugueses y españoles. En el caso de Gran Bretaña, estos incluían Hong Kong, Diego García, las Falklands y, se esperaba, Gibraltar. El problema no era el derecho histórico —un argumento eterno— sino el sentido común geográfico.

Para Gran Bretaña, era ridículo que un Estado europeo financiara una gran armada para defender tierras distantes y en disputa. Desesperado por ahorrar dinero, el gobierno ya se estaba retirando del Atlántico Sur. Las Falklands estaban expuestas y sin defensa.

Un ministro laborista del Ministerio de Relaciones Exteriores, Ted Rowlands, visitó debidamente las islas a finales de la década de 1970 y discutió la ampliación del acuerdo de comunicaciones a un acuerdo de arrendamiento posterior (leaseback), en el que Argentina tendría la soberanía, mientras que el control gubernamental permanecería en manos británicas.

En 1977, una opinión era que él los había convencido con garantías de autonomía continua y una garantía de seguridad bajo los auspicios de la ONU. El gobierno de Thatcher de 1979 heredó la propuesta de Rowlands. Aunque el nuevo ministro, Nicholas Ridley, carecía del poder de persuasión de Rowlands, fue autorizado por Thatcher para seguir adelante con ella.

Fue flagrantemente indignante que el ejército argentino invadiera las Falklands en 1982, cuando sus ministros estaban negociando con los británicos en Nueva York. El resultado inevitablemente hizo colapsar las conversaciones. Pero tal fue su plausibilidad que los esfuerzos tanto de Estados Unidos como de Perú continuaron buscando un acuerdo antes de que la fuerza de tarea británica en el Atlántico Sur realmente desembarcara. Aunque Argentina podría haber aceptado entonces, Gran Bretaña ya no estaba interesada. Tal era la lógica de la guerra, que una vez iniciada requería una «victoria». Un acuerdo podría haber salvado cientos de vidas y miles de millones de libras.

Lo que la guerra de 1982 no requirió fue la congelación total por parte de Gran Bretaña de cualquier discusión futura sobre la soberanía de las islas durante más de 40 años. El referéndum de las Falklands de 2013, en el que el 99,8% de los 1.517 votantes eligió respaldar el statu quo, se cita como el fin de la discusión.

La realidad es que estas colonias tarde o temprano se convertirán inevitablemente en parte de sus continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por un patrón europeo, y los reclamos de Argentina no van a desaparecer. Sin la guerra de 1982, las Falklands podrían haber hecho las paces con su vecino, Argentina, con suerte bajo algún tipo de autonomía mandatada por la ONU.

Tal como están las cosas, las Falklands deben continuar su existencia congeladas como una fortaleza militar aislada en el otro extremo del mundo respecto a su generoso protector, Gran Bretaña. Pero tarde o temprano, un gobierno del Reino Unido tendrá el coraje de comenzar las negociaciones nuevamente.

Mientras tanto, el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Defensa simplemente patean la lata por el camino. Sería gratificante si la pancarta de Malvinas-Falklands ondeada en un partido de fútbol en Estados Unidos pudiera sacudir a alguien para que actúe. De alguna manera, lo dudo.

 

Primicias Rurales/IA/The Guardian

 

 

Yo viajé en 1979 a Puerto Argentino y conviví una semana con los isleños sumamente amables y tuve contacto con los royal marines apostados en las Islas y a mi regreso escribí para el ya desaparecido diario cordobés Los Principios, que como se entiende en la nota de Jenkins que entre los isleños y los habitantes del continente se estaban tejiendo lazos visibles e invisibles que nos comenzaban a unir.
Todo terminó con la guerra en 1982. Pero la causa no está perdida. La entrega de nuestros héroes valdrá para su recuperación.
Matilde Fierro. Editora de Primicias Rurales