En la famosa isla japonesa de Okunoshima, la imprudencia humana y el exceso de comida para el turismo desequilibraron la naturaleza al grado de transformar a apacibles herbívoros en astutos depredadores activos.
Buenos Aires, jueves 6 agosto (PR/26)–Los jabalíes siempre se han caracterizado por ser animales oportunistas y omnívoros que basan su dieta en vegetales, raíces y frutos silvestres. Aunque no desperdician la oportunidad de alimentarse de carroña o presas debilitadas, jamás se los asoció con la caza activa de animales sanos.
Sin embargo, un sorprendente estudio publicado en la revista Journal of Ecotourism reveló una alarmante anomalía biológica en la isla japonesa de Okunoshima. En esta región, los jabalíes han comenzado a acechar, perseguir y capturar conejos vivos de forma coordinada y constante.
El fenómeno encuentra su origen directo en la desmedida interacción humana y el turismo masivo que visita la zona día a día.
Conocida globalmente por su abrumadora presencia de lepóridos domésticos, la isla atrae a miles de visitantes apasionados por alimentar a la fauna local.
lepórido es un mamífero perteneciente a la familia de los Leporidae, un grupo que incluye a los conejos, las liebres y los conejos silvestres. Son animales herbívoros de tamaño pequeño o mediano, famosos por sus orejas largas, sus patas traseras adaptadas para correr o saltar, y su gran capacidad de reproducción.
Un ecosistema insular contra las cuerdas
Esta continua entrega de restos de comida provocó que la densidad de conejos superara drásticamente la capacidad de carga natural del hábitat. El impacto ambiental resulta tan evidente que la vegetación muestra una impactante línea vertical donde las ramas bajas fueron arrasadas.
La abundancia imprevista de alimentos orgánicos sobrantes y cadáveres de conejos terminó atrayendo a depredadores mucho más grandes del ecosistema regional. Aves como cuervos y milanos negros, junto con los jabalíes, comenzaron a confluir de manera frecuente en los puntos de alimentación.
El equipo científico liderado por Shingo Kaneko, ecólogo de la Universidad de Fukushima, expresó su asombro ante semejante hallazgo. Las altísimas concentraciones de animales provocaron encuentros cara a cara tan habituales que empujaron al jabalí a desarrollar este inédito patrón predatorio.
Acciones urgentes para frenar el impacto
Los investigadores remarcan con énfasis que la presencia del jabalí cazador no constituye la principal amenaza, sino la descompensación provocada por las actividades humanas. Resulta urgente implementar regulaciones estrictas que prohíban a los turistas continuar alimentando sin control a los ejemplares.
Asimismo, los expertos aconsejan llevar a cabo monitoreos constantes sobre el crecimiento poblacional y evaluar la regeneración de la cubierta vegetal. La educación ambiental de visitantes y funcionarios resulta la herramienta decisiva para preservar la biodiversidad de estos frágiles territorios insulares.
En Argentina
Al tratarse de una especie introducida en el ecosistema local, el jabalí carece de depredadores naturales específicos, con la contada excepción de algún puma ocasional. Esta ventaja biológica los vuelve altamente prolíficos y genera una superpoblación incontrolable que ya se extiende por todo el territorio argentino.
En la región bonaerense, su presencia es histórica en la zona costera y en distritos como Marisol, Coronel Dorrego y Coronel Pringles. Cada vez es más habitual ver cómo cruzan las calzadas asfálticas, por lo que los especialistas sugieren extremar precauciones viales y mantener a estos animales alejados de las viviendas.
El jabalí tiene una alta capacidad reproductiva. La maduración sexual ocurre entre los 5 y los 12 meses de vida, y tiene una gestación corta de aproximadamente 120 días. Cada camada suele tener hasta 10 crías. Esta capacidad reproductiva, junto con una alta tolerancia a diferentes condiciones climáticas, ha permitido que la población se extienda exitosamente por casi todo el territorio nacional.
Históricamente el abordaje nutricional de la fertilidad se ha centrado casi exclusivamente en el peso corporal y el conteo de calorías. Sin embargo, la evidencia científica actual demuestra que la capacidad reproductiva está profundamente ligada a un ecosistema vivo en nuestro interior: la microbiota intestinal y uterina.
Por Lic. Leila Grynwald
Buenos Aires ju,eves 25 junio(PR/26)–De cara al Día Mundial de la Microbiota, que se conmemora el 27 de junio, se impulsa un enfoque integrativo que prioriza la salud digestiva y el equilibrio global del organismo como el verdadero punto de partida para lograr un embarazo exitoso.
Más allá de la balanza: El órgano oculto que rige la fertilidad
La microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan en nuestro cuerpo y, lejos de cumplir una función meramente digestiva, hoy sabemos que opera como un órgano endocrino y metabólico clave.
Cuando este ecosistema se desequilibra (un estado conocido como disbiosis), se altera la permeabilidad intestinal y se desencadena una inflamación crónica de bajo grado que afecta de forma directa la calidad de los óvulos y los espermatozoides, dificultando la implantación.
Por eso podemos decir que el peso es solo un indicador superficial, no el diagnóstico definitivo. Una persona puede encontrarse en un peso normativo y estar metabólicamente inflamada, mal nutrida o con una disbiosis severa que bloquee sus procesos reproductivos.
Los profesionales de la salud Insistimos en que el enfoque real debe ser celular y sistémico: preparar el terreno biológico antes de sembrar la semilla.
Los cuatro pilares biológicos para preparar el terreno celular
Los pilares biológicos de la fertilidad integral. Para que un tratamiento de fertilidad sea efectivo desde la nutrición, se debe intervenir sobre variables que van mucho más allá de la estructura del plato de comida:
Inflamacióny ambiente uterino: Una alimentación rica en antioxidantes, fibra prebiótica y ácidos grasos esenciales (como el Omega-3) actúa modulando la microbiota digestiva y vaginal, reduciendo la inflamación y favoreciendo un tejido endometrial receptivo.
El eje estrés-microbiota-hormonas: El estrés crónico eleva los niveles de cortisol. Esta hormona compite directamente en las rutas metabólicas con la progesterona (clave para mantenerel embarazo) y, además, altera la composición de la flora intestinal, perpetuando el ciclo inflamatorio.
Descanso e impacto celular: Durante el sueño profundo se produce melatonina, que ademásde regular los ritmos circadianos, actúa como uno de los antioxidantes más potentes del cuerpo, protegiendo a los ovocitos del estrés oxidativo.
Hidratacióny detoxificación hepática: El agua es el medio de transporte celular por excelencia y garantiza la correcta eliminación de disruptores endocrinos (toxinas ambientales que mimetizan hormonas) a través del hígado y el intestino.
HaliGut: Tres etapas hacia la sincronización metabólica y sin restricciones
Por eso, la primera pregunta que nos podemos hacer es ¿cómo arrancar un tratamiento de fertilidad bajo este enfoque? HaliGut es un programa de acompañamiento profesional de 19 días enfocado en la reeducación de hábitos y nutrición, y consta de tres etapas fundamentales, sin someterse a restricciones severas que sumen más ansiedad:
Diagnósticofuncional integral: En lugar de iniciar con una pauta estricta para bajar de peso, se realiza una evaluación exhaustiva de la sintomatología del paciente (gases, distensión abdominal, dolores menstruales crónicos, calidad del sueño). Se analizan biomarcadores de inflamación, salud tiroidea y niveles de vitaminas clave.
Reparación de la barrera intestinal: Se remueven alimentos ultraprocesados y proinflamatorios,y se incorporan nutrientes específicos para sanar las uniones estrechas del intestino y diversificar la microbiota. Esto disminuye la carga inflamatoria sistémica de forma drástica.
Sincronización metabólica y de hábitos: Se alinean los ritmos de alimentación con el descanso,se pautan herramientas de gestión del estrés y se reeduca al paciente para que aprenda a escuchar las señales de su propio cuerpo.
Al devolverle la homeostasis (el equilibrio interno) al organismo, la fertilidad emerge como una consecuencia natural de un cuerpo sano.
Lo que comenzó como el desafío de llevar agua a la árida meseta de Río Negro, se convirtió en un modelo productivo que combina riego, tecnología y construcción de suelos. Un campo y «una fábrica» que albergan 16 bombas, cinco kilómetros de canales y 10 pivotes de riego.
Por Alan Agustini
Buenos Aires, viernes 19 de junio (PR/26)–Todo empezó con un recorte de diario. Un aviso clasificado que llegó a las manos de Luis Fernando Defferrari, fundador de una empresa agropecuaria familiar del sudeste de Buenos Aires, despertó una inquietud que terminaría cambiando el rumbo de la firma. Lo que en 2014 era apenas una idea (y para muchos una apuesta difícil de imaginar) se convirtió una década después en uno de los desarrollos agrícolas bajo riego más importantes del norte de la Patagonia.
Un clasificado en Buenos Aires y un sueño en la Patagonia
El Refugio Sur SA es una empresa familiar integrada por los hermanos Luis, María y Clara Defferrari, junto a sus padres, Luis Fernando y María Estela, quienes continúan participando activamente en el directorio. El origen productivo de la firma está en Necochea, donde desarrollan agricultura y ganadería en secano, pero hace más de diez años comenzaron a mirar hacia el sur.
La historia arrancó de manera inesperada. “Un día papá vino con un recorte de un diario de papel. Era un clasificado de un campo en venta en Río Negro con costa de río. Me lo dejó y me dijo: ‘Vos sabés de esto’. Agarré el teléfono y llamé a Guillermo Pailhé”, recuerda Luis Defferrari.
Pailhé, ingeniero agrónomo y responsable de producción de la firma, conocía la región porque había participado en desarrollos agrícolas previos en el norte patagónico. A partir de ese llamado comenzó una extensa recorrida por el Valle Medio del río Negro y el Valle de Viedma.
Clara, Luis y María Defferrari a la izquierda. A la derecha sus padres, Luis Fernando y María Estela.
El campo del aviso finalmente no fue adquirido. Estaba fuera del alcance económico de la empresa. Sin embargo, la búsqueda continuó durante casi un año hasta que apareció una alternativa distinta: un campo de monte virgen sobre la meseta de Guardia Mitre que ni siquiera tenía acceso al agua.
Paradójicamente, esa limitación terminó siendo una oportunidad. La empresa buscaba precisamente un campo de barda. Pailhé ya había trabajado en un desarrollo similar en Carmen de Patagones y los estudios de suelo confirmaron el potencial productivo del lugar. Las calicatas mostraron perfiles de clase 1 y clase 2, entre los más aptos para agricultura.
El desafío era otro: llevar el agua hasta allí. “Mirábamos los mapas y los estudios nos decían que se podía hacer. Pero yo veía la barda y decía: ‘Esto es imposible, no se puede traer agua hasta acá’. Parecía un sueño”, admite Defferrari.
Guillermo Pailhé y Luis Defferrari, junto a un pivote de riego y un lote de vicia, en Río Negro, Patagonia.
Ese sueño comenzó a tomar forma en 2015 con la compra del establecimiento, bautizado como Cuatro Chañares, y posteriormente con la incorporación de La Medialuna, un campo ubicado en el valle, también en la zona de Guardia Mitre. Lo que siguió fue la obtención de permisos y una inversión sostenida para construir infraestructura y desarrollar un sistema de riego capaz de convertir monte árido en superficie agrícola
Hoy la empresa produce soja, trigo, maíz, cebada, garbanzos, maíz pisingallo, cebollas, papas, alfalfa y verdeos de invierno, además de sostener un sistema ganadero de ciclo completo.
La «industria» detrás de un campo en la Patagonia
Cuando se le pregunta a Defferrari qué es realmente Cuatro Chañares, la respuesta sorprende. “Más que un campo, esto es una obra hidráulica puesta en valor”. La frase resume la lógica con la que funciona el establecimiento.
El sistema comienza en el río Negro. Dos bombas de alto caudal impulsan el agua hacia un canal principal. Cuando el agua llega a la base de la barda, entra en funcionamiento una estación de rebombeo equipada con cinco bombas que elevan el recurso hacia una segunda etapa del canal. En total, son 5 kilómetros de canales.
Desde allí, el agua alimenta dos nuevas estaciones de bombeo. La primera posee tres motores que abastecen parte de los pivotes; la segunda cuenta con otros tres equipos. A este esquema se suman las tres bombas que operan en La Medialuna. En plena temporada de riego, la empresa pone en marcha 16 motores y sus respectivas bombas de manera simultánea.
El comienzo de la obra hidráulica: se toma agua del río Negro, que es conducida por un primer tramo de canal hasta su rebombeo hacia la desértica meseta de la Patagonia.
“Todo tiene que funcionar coordinadamente y en armonía. Hay sistemas de control, automatización y una demanda operativa completamente distinta a la de un campo tradicional”, explica Defferrari.
La infraestructura permite abastecer actualmente ocho pivotes en Cuatro Chañares y dos en La Medialuna. Además, la firma tiene superficie bajo riego por manto en La Medialuna.
Para Pailhé, esa complejidad obliga a pensar la producción desde otra perspectiva. “Hoy estas unidades productivas son industrias. Arrancás con una obra eléctrica e hidráulica, la combinás con suelo, genética, agronomía y terminás obteniendo un producto. Si no se maneja como un proceso industrial, no hay forma de alcanzar la eficiencia necesaria”.
La versatilidad del campo en Río Negro y la búsqueda de la rentabilidad
La diversidad productiva de El Refugio Sur no responde a una filosofía romántica de diversificación. Es una estrategia económica. “No tenemos una rotación fija. Estamos en una búsqueda constante de alternativas que permitan rentabilidad dentro de un sistema sustentable”, señala Defferrari.
En ese esquema hay cultivos permanentes, como trigo y maíz, que cumplen un rol central en la construcción de suelo. Pero también aparecen cultivos como soja, garbanzo y maíz pisingallo, además de producciones hortícolas desarrolladas junto a terceros, como papas y cebollas.
Los rindes muestran el potencial de la región. En los lotes más evolucionados la empresa ya alcanza entre 13.000 y 15.000 kilos de maíz por hectárea y entre 7.000 y 8.000 kilos de trigo. Es importante el trabajo diario de Tomás Jauge, ingeniero agrónomo encargado de la parte operativa de la unidad.
El objetivo es seguir creciendo. “Estamos convencidos de que estos suelos pueden llegar a 18.000 kilos de maíz. Los lotes evolucionan muchísimo con los años”, afirma Defferrari.
En horticultura, las expectativas son igualmente altas. Los rendimientos de papa rondan los 70.000 kilos por hectárea en lotes que entran en producción, aunque aseguran que las 100 toneladas son perfectamente alcanzables bajo niveles tecnológicos más intensivos.
En paralelo, la empresa está experimentando con sistemas de intersiembra que permitan implantar soja mientras el trigo aún permanece en pie. El objetivo es ganar tiempo y lograr una doble cosecha en una región donde las limitaciones térmicas suelen impedir los esquemas tradicionales trigo-soja.
Vicia, maíz y ganadería en pleno desierto de la Patagonia.
La otra gran apuesta es la ganadería. El establecimiento cuenta con unas 900 vacas madres y desarrolla ciclo completo. Los índices reproductivos se ubican alrededor del 93% de preñez y 85% de destete. La recría se realiza sobre verdeos y alfalfas bajo riego, mientras que la terminación se completa a corral utilizando maíz producido dentro del propio sistema.
“Con la ganadería agregamos valor en origen. Transformamos los kilos de maíz en carne”, resume Defferrari.
Construir suelo en el desierto de la Patagonia
Quizás el aspecto más llamativo del proyecto sea que la principal transformación no ocurrió sobre la superficie, sino debajo de ella. Cuando la empresa llegó a la meseta encontró suelos arenosos, con escasa materia orgánica y prácticamente sin actividad biológica. El desafío consistía en construir fertilidad.
La estrategia combina riego, fertilización, siembra directa y una secuencia de cultivos pensada para generar raíces y tener cobertura durante la mayor parte del año.
Los lotes nuevos suelen comenzar con horticultura. Como la preparación inicial exige remover el suelo para eliminar raíces y restos del monte original, la empresa aprovecha esa etapa para implantar cultivos intensivos. Luego aparecen las gramíneas, especialmente trigo y cebada, que aportan biomasa y estructura. Más tarde llegan maíz, soja o garbanzos.
Cinco círculos de riego en Cuatro Chañares, el productivo campo agrícola, hortícola y ganadero que se hace lugar en la árida barda del norte de la Patagonia.
“Las gramíneas empiezan a construir suelo. Las raíces generan canalículos, mejoran la infiltración y permiten que el agua penetre cada vez mejor”, explica Pailhé.
Los verdeos de invierno cumplen un doble rol. Por un lado mantienen la actividad biológica; por otro, alimentan la ganadería. El resultado es un sistema donde agricultura y ganadería se complementan permanentemente.
Los animales pastorean dentro de los pivotes, consumen los cultivos de servicio y devuelven nutrientes al suelo mediante sus deyecciones. Esa interacción acelera la acumulación de materia orgánica y mejora progresivamente la estructura física del perfil.
Cosecha de maíz en Cuatro Chañares: es un cultivo clave en la rotación agrícola del establecimiento.
A ello se suman condiciones naturales excepcionales: abundancia de agua de excelente calidad proveniente del río Negro, elevada radiación solar y una sanidad ambiental difícil de encontrar en otras regiones agrícolas del país.
“Las condiciones agroclimáticas son extraordinarias. Hay muy pocos lugares donde se puede pensar en 18 toneladas de maíz por hectárea como una meta alcanzable”, sostiene Pailhé.
Seguir apostando al agro de Río Negro
La actualidad no es sencilla. El aumento de los costos energéticos y algunos precios deprimidos configuran una coyuntura desafiante. Sin embargo, en El Refugio Sur la mirada sigue puesta en el largo plazo.
La empresa continúa invirtiendo, instala un nuevo pivote y espera que futuras obras eléctricas permitan ampliar la disponibilidad de energía en Guardia Mitre para seguir desarrollando superficie bajo riego. “Al final del día somos productores agropecuarios. Este proyecto es sólido, es rentable y esta situación se va a modificar”, afirma Defferrari.
La frase tiene el mismo espíritu que aquel recorte de diario que inició todo. Diez años después, donde antes había monte y dudas, hoy funcionan canales, bombas, pivotes, cultivos y rodeos. La obra hidráulica ya está hecha. Y quienes apostaron por ella siguen convencidos de que el potencial recién empieza a desplegarse.
A propósito del Día del Padre, una transformación histórica redefine la mesa familiar: la salud reproductiva y el paso del tiempo ya no son una preocupación exclusiva de las mujeres. Hoy, los hombres también se enfrentan a sus propios límites biológicos y al profundo anhelo de criar en la madurez.
Una evolución invisible en la mesa familiar
Durante generaciones, la conversación alrededor del reloj biológico recayó casi de manera exclusiva sobre las mujeres. Sin embargo, los tiempos han cambiado de forma drástica.
Con la llegada del Día del Padre, el panorama actual nos invita a visibilizar una transformación histórica en la sociedad: la salud reproductiva masculina y las decisiones de planificar una familia a edades más avanzadas han tomado el centro del escenario.
Hoy, los hombres asumen un rol activo y las consultas espontáneas en los consultorios andrológicos van en aumento, reflejando una mayor conciencia sobre cómo el paso del tiempo y los hábitos diarios impactan en la calidad seminal.
Actualmente se sabe que el factor masculino interviene en la mitad de los casos de infertilidad de pareja. Por eso, cada vez más varones deciden informarse y realizarse estudios preventivos antes de planificar un embarazo.
Abrazar la paternidad después de los 40 años es una elección que transita un delicado equilibrio entre el deseo profundo de criar y las realidades biológicas.
Aunque la madurez aporta una perspectiva única, mayor estabilidad económica y una contención emocional invaluable para el desarrollo de los hijos, la ciencia nos recuerda que el cuerpo también tiene sus propios tiempos.
La ciencia derriba los viejos mitos masculinos
A pesar de las ventajas socioemocionales, la medicina es clara: el tiempo no pasa en vano para nadie. Estudios recientes confirman que la calidad del esperma y la fertilidad masculina disminuyen de forma gradual con los años.
A partir de los 40, el semen experimenta cambios progresivos, como una menor motilidad espermática y la fragmentación del ADN. Este daño en el material genético no solo puede reducir hasta en un 30% las probabilidades de concebir en el transcurso de un año, sino que también incrementa las tasas de abortos espontáneos en el primer trimestre.
Para evaluar este panorama, el estudio fundamental es el espermograma, que funciona como una radiografía del estado actual de los espermatozoides.
Por supuesto, el envejecimiento celular no es el único factor en juego; el contexto y las rutinas diarias determinan en gran medida la salud testicular.
Los principales enemigos de la calidad seminal son el estrés crónico, el sedentarismo, la mala alimentación, el sobrepeso y el tabaquismo. Asimismo, condiciones médicas como el varicocele —la dilatación de las venas del escroto— y los desequilibrios hormonales requieren una intervención temprana para evitar daños irreversibles. Por esta razón, los especialistas insisten en la importancia de la prevención y el cuidado integral de la salud mediante consultas médicas periódicas.
El valor de una crianza consciente e informada
Más allá de los desafíos clínicos, el verdadero motor de esta tendencia es el vínculo humano. Diversos estudios señalan que una edad paterna mayor a los 45 años eleva el riesgo relativo de ciertas condiciones neurocognitivas en la descendencia, como el autismo o el TDAH. Sin embargo, los expertos enfatizan la necesidad de leer estos datos con absoluta tranquilidad: el riesgo absoluto sigue siendo muy bajo y la gran mayoría de los niños nacen completamente sanos.
La intención de la ciencia no es frenar el deseo de ser papá, sino promover decisiones informadas y una crianza consciente, donde las prioridades están más claras y el tiempo compartido con los hijos se valora desde una madurez enriquecida.
Ante la tendencia de postergar la llegada de los hijos, surge con fuerza el debate sobre la criopreservación de semen por razones sociales, emulando la vitrificación de óvulos. Aunque congelar esperma por elección personal es una opción totalmente válida para asegurar el futuro, la urgencia médica real se reserva para pacientes previos a tratamientos oncológicos o cirugías complejas.
Al final del día, la edad madura no representa un impedimento, sino una variable más dentro de un diagnóstico integral. Mejorar los hábitos a tiempo y entender la fertilidad como un proyecto compartido es, fundamentalmente, el primer lazo de amor hacia el futuro hijo.
Un estudio histórico con casi 700.000 personas identificó las bases genéticas de los trastornos de ansiedad y abre una nueva era en la comprensión de la salud mental.
Buenos Aires, sábado 13 de junio (PR/26)–La ansiedad no es sólo una cuestión de actitud o de «pensar demasiado». Detrás de ese nudo en el pecho, de esa inquietud que no se va, hay algo mucho más profundo: la genética.
Un equipo de científicos acaba de dar un paso enorme al identificar 74 variantes genéticas vinculadas a los trastornos de ansiedad, en lo que se considera el mayor estudio realizado hasta hoy sobre este tema.
La investigación fue liderada por el King’s College de Londres junto al Instituto de Investigación Médica QIMR Berghofer de Brisbane, Australia, y sus resultados fueron publicados en la prestigiosa revista Nature Human Behaviour.
La muestra es impresionante: participaron casi 700.000 personas de origen europeo, lo que convierte a este trabajo en una referencia ineludible para entender la biología de la ansiedad.
Más de la mitad son hallazgos completamente nuevos
De las 74 variantes genéticas detectadas, 39 nunca antes habían sido relacionadas con la ansiedad. Es decir, más de la mitad del hallazgo es territorio virgen.
Muchos de los genes identificados son particularmente activos en el cerebro y tienen un papel clave en la comunicación entre células nerviosas. Esto refuerza la idea de que la ansiedad tiene una raíz biológica concreta, no es solo una respuesta al entorno.
El equipo fue liderado por Thalia Eley, y el análisis permitió ir más allá de la genética pura: también abrió ventanas para comprender cómo estas variantes interactúan con factores como las experiencias de vida y el contexto social de cada persona.
La ansiedad no viaja sola: sus sorprendentes conexiones con el cuerpo
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es que la ansiedad comparte terreno genético con una serie de condiciones, tanto mentales como físicas.
Las correlaciones genéticas encontradas incluyen la depresión, el síndrome del intestino irritable, el dolor crónico, la enfermedad coronaria, la endometriosis y las migrañas. Un mapa que deja muy claro que la mente y el cuerpo están mucho más conectados de lo que solemos pensar.
«Estas correlaciones ponen de relieve la interconexión entre la salud mental y la salud física. Nuestros hallazgos no revelan una relación de causa y efecto, pero plantean interrogantes importantes para futuras investigaciones», señaló Brittany Mitchell, autora principal del estudio junto con Megan Skelton.
Tener los genes no significa tener el destino escrito
Aquí viene uno de los mensajes más importantes del estudio, y también el más tranquilizador: el riesgo genético no es una condena.
Como explicó Megan Skelton: una persona con alto riesgo genético puede no desarrollar ansiedad, mientras que alguien con bajo riesgo genético sí podría hacerlo. Los genes son una parte de la ecuación, no toda la historia.
Lo valioso de conocer ese riesgo, agrega Skelton, es que permite identificar a las personas más susceptibles a las influencias del entorno.
Y eso, a su vez, abre la puerta a estrategias de prevención y tratamiento más precisas y eficaces. En un mundo donde la ansiedad crece especialmente entre los jóvenes, ese conocimiento vale oro.
Primicias Rurales
Fuente: Agencia Noticias Argentinas / Nature Human Behaviour / ANSA