El nuevo mapa del vino argentino: regiones emergentes, empleo, inversión y desafíos

El nuevo mapa del vino argentino: regiones emergentes, empleo, inversión y desafíos

Desde los Valles Calchaquíes hasta la Patagonia, la actividad vitivinícola gana terreno con propuestas diferenciadas que combinan identidad territorial, innovación y desarrollo regional.

 

Buenos Aires, martes 23 junio (PR/26) — Antes de la explosión de etiquetas premium, del auge del enoturismo y de la consolidación de Argentina como productor de vinos de calidad a nivel mundial, la vitivinicultura tenía una geografía bastante definida donde Mendoza y San Juan concentraban casi toda la actividad.

En los últimos años, el mapa del vino argentino comenzó a expandirse: “Estamos viendo un crecimiento y una extensión de la actividad vitivinícola en distintas regiones del país, con bodegas más boutique, proyectos más pequeños y una fuerte presencia de vinos de autor que se van sumando a toda la cadena productiva», explica Daniel Romero, secretario de Prensa de FOEVA, “las zonas que más se destacan son Cafayate, en Salta, algunos desarrollos emergentes en Jujuy y diversas regiones del sur argentino”, suma Romero.

Además de la producción tradicional de vinos, estas zonas comienzan a desarrollar otros productos derivados de la uva que amplían el alcance económico de la actividad: turismo, comercio y las industrias proveedoras encuentran nuevas oportunidades a medida que aumenta la producción y se desarrollan nuevos proyectos.

«Además de las bodegas, se benefician el turismo, la gastronomía, el comercio y toda la cadena de insumos que acompaña a la actividad, desde la producción de vidrio hasta el corcho, las etiquetas y el papel», afirma Romero.

 

Vinos con identidad propia

 

 

 

 

Una de las principales fortalezas de estas regiones es que ofrecen perfiles enológicos muy diferentes a los de las zonas tradicionales. Las condiciones climáticas, la altitud y las características de los suelos imprimen una identidad única a cada producción.

En las zonas de altura encontramos vinos con mucho cuerpo y gran intensidad aromática, especialmente en los blancos. En cambio, en el sur del país, las temperaturas más bajas permiten obtener vinos más suaves y con menor graduación alcohólica.

“Esta diversidad no solo amplía la oferta para los consumidores, sino que también abre nuevas oportunidades comerciales tanto en el mercado interno como en el exterior, donde cada vez existe mayor interés por etiquetas con identidad regional y producciones de escala limitada, señala Romero”.

 

Un motor para las economías regionales

 

 

 

Aunque Mendoza y San Juan continúan liderando ampliamente la producción nacional, las regiones emergentes vienen ganando participación de manera sostenida.

El fenómeno se refleja tanto en el crecimiento del consumo interno como en la llegada de inversiones de empresas y grupos vinculados al sector.

«Algunos actores importantes de la industria están comenzando a asentarse en estas nuevas zonas productivas, lo que demuestra el potencial que tienen para seguir creciendo», destaca Romero.

La expansión de la actividad también tiene un fuerte componente social. La vitivinicultura demanda mano de obra en múltiples etapas del proceso productivo, desde las tareas agrícolas hasta los puestos más especializados dentro de las bodegas

 

 

 

. «La génesis de la vitivinicultura aporta y sigue sosteniendo una enorme cantidad de actividades vinculadas al trabajo rural, como la siembra, la poda, la atada y la cosecha. A su vez, las bodegas incorporan cada vez más tecnología y generan empleos especializados», señala Romero.

Esta capacidad de generar trabajo local contribuye además al arraigo de las comunidades, especialmente en zonas alejadas de los grandes centros urbanos.

 

Los desafíos para consolidar el crecimiento

 

A pesar de las oportunidades, la expansión de la actividad enfrenta desafíos importantes. La vitivinicultura requiere inversiones significativas y tiempos largos para recuperar el capital invertido, una característica que la diferencia de otras actividades productivas.

«La inversión inicial es elevada y la rentabilidad llega en el largo plazo. Por eso, uno de los principales desafíos del sector es sostener esas inversiones durante el tiempo necesario para que los proyectos alcancen su madurez productiva», concluye Romero.

 

 

Con nuevos terroirs ganando reconocimiento, inversiones que comienzan a diversificarse y una creciente demanda por productos con identidad propia, la vitivinicultura argentina continúa ampliando sus fronteras.

Un proceso que no solo enriquece la oferta de vinos del país, sino que también fortalece el entramado productivo y el desarrollo de las economías regionales.

 

 

 

Primicias Rurales
Fuente FOEVA
¿Nueva crisis en la vitivinicultura?

¿Nueva crisis en la vitivinicultura?

La vitivinicultura argentina enfrenta una compleja realidad marcada por la caída del consumo y factores climáticos, lo que genera una fuerte incertidumbre en toda la cadena productiva por la falta de precio para la uva.

 

Buenos Aires, jueves 21 mayo (PR/26) — La caída del consumo interno, menor exportación, contingencias climáticas y salarios que pierden frente a la inflación, configuran un escenario de fuerte incertidumbre para toda la cadena productiva de la vitivinicultura

En ese contexto, desde la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) advierten que la situación ya impacta tanto en trabajadores como en productores: “hay uvas en la bodega que todavía no tienen ni precio”, asegura Daniel Romero, Secretario de Prensa de FOEVA, que describe el nivel de imprevisibilidad que atraviesa hoy el sector.

Según explica Romero, la actividad viene acumulando dificultades desde hace al menos dos años.

A la retracción del consumo y las complicaciones para exportar se sumaron fenómenos climáticos que afectaron la producción en distintas regiones vitivinícolas: heladas tardías, lluvias y caída de granizo impactaron especialmente en las zonas altas.

La preocupación también alcanza al plano laboral.

Desde FOEVA sostienen que el salario de los trabajadores quedó muy rezagado respecto del aumento de precios.

“El precio que está un vino en la góndola no coincide con lo que está cobrando hoy un trabajador vitivinícola”, planteó Romero.

Actualmente, según detalló, un trabajador de viña percibe alrededor de 786 mil pesos, mientras que en bodega los salarios rondan los 955 mil pesos.

Otro de los puntos críticos es el funcionamiento de las negociaciones paritarias.

Desde el gremio denuncian demoras en las homologaciones de acuerdos salariales y cuestionan los límites impuestos a las discusiones.

“Las paritarias libres son mentira”, sostuvo Romero, al señalar que los aumentos terminan perdiendo valor frente a la inflación acumulada.

La crisis también se refleja en la dinámica de la cosecha.

Según FOEVA, este año hubo menos circulación de trabajadores temporarios debido a los bajos valores pagados por el tacho de uva.

Incluso, aseguran que en algunos casos los precios fueron inferiores a los de la temporada pasada.

Sin embargo, el gremio también busca diferenciar la coyuntura actual de un colapso estructural de la industria.

Meses atrás, desde FOEVA habían rechazado versiones que hablaban de una “crisis terminal” del sector, y advirtieron sobre discursos alarmistas en plena discusión paritaria.

“No hemos recibido comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas”, había señalado Romero en ese momento.

Mientras tanto, productores y trabajadores permanecen a la expectativa de cómo evolucionará el precio de la uva y de si el mercado podrá recuperar algo de dinamismo en los próximos meses.

La incertidumbre, por ahora, sigue siendo una de las principales características de una actividad histórica para las economías regionales argentinas.

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Fuente: FOEVA

La Corporación Vitivinícola frente a su hora más crítica: El respaldo de las bodegas al nuevo esquema de aportes voluntarios

La Corporación Vitivinícola frente a su hora más crítica: El respaldo de las bodegas al nuevo esquema de aportes voluntarios

Tras el fin del aporte obligatorio, las bodegas celebran la recuperación de su autonomía financiera mientras la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) enfrenta el desafío de subsistir únicamente mediante la voluntad del sector privado. La medida del Gobierno desmantela un sistema de recaudación coactivo que, tras veinte años, no logró cumplir con las metas de exportación prometidas.

 

 

Buenos Aires, miércoles 6 mayo (PR/26) — El ecosistema vitivinícola argentino atraviesa un sismo institucional tras la decisión del Gobierno nacional de desarticular el modelo de financiamiento de la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).

Lo que durante dos décadas fue una estructura sostenida por la obligatoriedad, hoy se enfrenta a un desafío de supervivencia: las bodegas y establecimientos productivos han recuperado la potestad sobre sus recursos, celebrando el fin de una carga que afectaba su rentabilidad y competitividad.

La medida, oficializada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, extingue el flujo de fondos automáticos provenientes de cada litro de vino. Este cambio de paradigma coloca a la Coviar en una posición de examen constante, donde su continuidad dependerá exclusivamente de la voluntad del sector privado para sostenerla mediante aportes voluntarios.

Las bodegas recuperan autonomía frente al «impuesto» privado

 

Para la gran mayoría de las bodegas, la eliminación de la contribución obligatoria representa un alivio financiero inmediato. El sector privado ha manifestado de forma contundente que el esquema anterior —donde el Estado actuaba como agente de cobro para una entidad privada— era una distorsión que restaba agilidad al mercado.

Desde la perspectiva de los industriales, si la Coviar desea seguir representando los intereses del sector, debe hacerlo bajo las reglas de la libertad de asociación.

«Si una institución aporta valor real, los privados invertirán en ella de forma voluntaria», es la premisa que hoy recorre los pasillos de las principales cámaras bodegueras, quienes comparan este nuevo camino con el éxito de entidades como Wines of Argentina, financiadas genuinamente por sus socios.

Mendoza y la mirada de los directores: «Si no funciona, se cambia»

 

El pulso de la provincia de Mendoza, motor de la industria, también se ha inclinado a favor del cambio.

El Ministro de Producción local, Rodolfo Vargas Arizu, quien posee una silla en el directorio de la Coviar, fue uno de los más directos al analizar la situación. Reconoció que la corporación no logró cumplir con las metas de exportación y mercado interno planteadas originalmente, y que el estancamiento de los últimos años obligaba a una reforma profunda.

Vargas Arizu ha hecho un llamado a «desdramatizar» la pérdida del financiamiento estatal. Según su visión, este es el momento para que la vitivinicultura argentina demuestre su madurez.

El ministro mendocino sostiene que la industria debe enfocarse en vender más y mejor, dejando atrás las estructuras que no lograron adaptar sus resultados al aporte que exigían de los productores.

Sturzenegger y el cuestionamiento a la gestión de fondos

Desde el ámbito nacional, el ministro Federico Sturzenegger ha sido el principal crítico de la gestión de la Coviar. El funcionario detalló que, bajo el amparo del Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI), se le extrajeron al sector cerca de U$S 300 millones en dos décadas, sin que eso se tradujera en un aumento de la cuota de mercado mundial, que sigue clavada por debajo del 2,5%.

El Gobierno sostiene que la Coviar intentó «autoprorrogarse» facultades y financiamiento sin el aval correspondiente, lo que derivó en la intervención administrativa actual.

Con la nueva resolución, se ordena un cierre administrativo de tres meses para que la entidad rinda cuentas detalladas sobre el uso de los activos percibidos y el cumplimiento real de las metas de competitividad que justificaban su existencia.

El futuro institucional: Entre la judicialización y la unión

 

 

Mientras la Coviar evalúa posibles presentaciones judiciales para defender su anterior estatus, el resto de la cadena ya mira hacia adelante. La propuesta de unificar los grandes eventos del sector —como los clásicos almuerzos y desayunos de la Vendimia— gana fuerza como un símbolo de la nueva era: una vitivinicultura unida por objetivos comerciales y no por leyes de contribución forzosa.

La Coviar mantiene su personería jurídica, pero el mensaje de las bodegas y el Gobierno es claro: el tiempo del financiamiento coactivo ha terminado. El éxito de la entidad ahora depende de su capacidad para convencer a los productores de que su gestión es, efectivamente, una inversión y no un gasto.

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La Ruta del Vino en Argentina: Un viaje sensorial entre los Andes y la estepa

La Ruta del Vino en Argentina: Un viaje sensorial entre los Andes y la estepa

Desde los viñedos de altura en el norte hasta la frescura patagónica, Argentina ofrece un itinerario enológico que combina bodegas de vanguardia, gastronomía de autor y paisajes imponentes.

Buenos Aires, martes 5 de mayo (PR/26) .- Explorar la Argentina a través de sus copas es sumergirse en una de las rutas más fascinantes de Sudamérica. Este recorrido no es simplemente una acumulación de visitas a bodegas; es un equilibrio perfecto entre la geografía, la altitud y la identidad de cada terruño. Es un viaje que se recuerda tanto por la retina como por el paladar, donde la experiencia cambia drásticamente al ritmo del relieve.

Mendoza: El epicentro de la tradición y la innovación

Mendoza es la gran puerta de entrada y el corazón vitivinícola del país, concentrando más del 70% de la producción nacional. En zonas como Luján de Cuyo y Maipú, el viajero puede optar por recorridos en bicicleta entre viñedos históricos o disfrutar de almuerzos con maridaje frente a la majestuosa Cordillera de los Andes. Es aquí donde la gastronomía se vuelve inseparable del paisaje, ofreciendo desde bodegas boutique hasta proyectos arquitectónicos contemporáneos de nivel internacional.

Valle de Uco: Altura y sofisticación

Si Mendoza es la puerta, el Valle de Uco es el destino para bajar el ritmo. Regiones como Paraje Altamira, Los Chacayes o Gualtallary se han consolidado como polos de vinos premium. Bodegas como Zuccardi Valle de Uco y Salentein son referentes mundiales no solo por su calidad enológica, sino por su arquitectura integrada al entorno. La recomendación experta es dedicar al menos una noche a esta zona para ver caer el sol sobre los viñedos y disfrutar del silencio andino.

Cafayate: El carácter del desierto y la altura

Hacia el norte, en los Valles Calchaquíes, el paisaje se vuelve árido y rojizo. Llegar a Cafayate a través de la Quebrada de las Conchas es una experiencia escénica en sí misma. Bajo un cielo que presume más de 300 días de sol al año, el Torrontés se convierte en el protagonista absoluto. Las catas a altitudes que superan los 1.500 metros ofrecen una atmósfera luminosa y distinta, donde el vino se entiende en perfecta sintonía con la aridez del entorno.

Patagonia: Frescura en el fin del mundo

Finalmente, la ruta se abre hacia el sur. En Neuquén y Río Negro, los viñedos aparecen entre mesetas y horizontes infinitos. Esta es la cara menos obvia y más tranquila del vino argentino. Aquí, la luz es más limpia y los vientos patagónicos aportan una frescura singular a las cepas. Es el cierre ideal para un itinerario que demuestra que, en Argentina, cada valle tiene una historia diferente que contar.

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Fuente: Agencia NA

Rutas del vino: buscan potenciar el enoturismo en Jujuy

Rutas del vino: buscan potenciar el enoturismo en Jujuy

Productores y especialistas impulsan en Jujuy el programa “De la vid a la experiencia”, una iniciativa que busca profesionalizar el enoturismo de altura. El objetivo es transformar las bodegas en unidades de negocio turísticas competitivas, aprovechando la identidad única de los vinos extremos de la Quebrada y los Valles.

Buenos Aires, sábado 11 abril (PR/26) – Productores y especialistas participaron en Jujuy de la jornada “De la vid a la experiencia” y trabajaron con herramientas de marketing y gestión para transformar los viñedos y bodegas en destinos turísticos de primer nivel y posicionar a la provincia en el mapa nacional de las rutas del vino.

El encuentro reunió a referentes del sector y equipos técnicos para dotar a las bodegas de herramientas comerciales que permitan convertir la producción de vino en un motor económico y turístico sostenible.

El nuevo mapa del vino argentino: regiones emergentes, empleo, inversión y desafíos

Actualmente, la provincia cuenta con viñedos que se encuentran entre los más altos del mundo, situados entre los 2.000 y 3.329 metros sobre el nivel del mar, lo que otorga a variedades como el Malbec, Syrah y Cabernet Franc características organolépticas únicas debido a la amplitud térmica y la radiación solar.

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el objetivo es que los productores no sólo se enfoquen en la calidad del vino, sino que se busca profesionalizar la atención al cliente y diseñar circuitos que permitan a los turistas recorrer los viñedos de altura, conocer los procesos de elaboración y degustar los sabores únicos de la región en entornos cuidados.

La integración de la Quebrada de Humahuaca (Patrimonio de la Humanidad) con la oferta vitivinícola representa una ventaja estratégica para captar el turismo internacional y el creciente segmento del turismo de lujo sustentable.

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Fuente: NA/Otras