Con solo 85 vecinos y rodeado de bosques de nogales y castaños, Valverde de los Arroyos ofrece un refugio único en la Sierra Norte de Guadalajara.
Por Álvaro Martínez Fernández / Sara Fernández García
Buenos Aires miércoles 21 octubre (PR/26)– Existe un rincón lejano y silencioso donde el otoño despliega sus mejores colores. Se trata de un pequeño municipio de la Sierra Norte de Guadalajara que parece detenido por completo en el tiempo.
A mediados del siglo XIX, el historiador Pascual Madoz registró allí tan solo cuatro tejedores, tres batanes y un molino harinero. En ese entonces, el lugar albergaba a 246 habitantes distribuidos en sesenta viviendas de piedra.
Por aquel tiempo la localidad se llamaba simplemente Valverde. Fue recién en la reforma del nomenclátor de 1916 cuando recibió el apellido que rinde homenaje a los caudalosos arroyos que bajan velozmente de la montaña.
Llegar a este poblado representa una hermosa travesía de dos horas en coche desde Madrid. El tramo final discurre por sinuosas carreteras de montaña hasta alcanzar los 1.255 metros de altitud sobre el nivel del mar.
Desde las calles del caserío se contempla el impactante pico Ocejón, que eleva su cumbre imponente hasta los 2.049 metros. Todo el entorno forma parte del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara.
En el año 2013, la localidad hizo historia al convertirse en el primer municipio de Castilla-La Mancha en ingresar a la prestigiosa asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España.
Arquitectura negra y calles con historia
El municipio destaca por su impactante arquitectura negra, caracterizada por tejados y fachadas construidos con gruesas lajas de pizarra. Las paredes incorporan también piedra de cuarcita, que resplandece dorada al atardecer.
Las viviendas son más altas que las habituales en la comarca, con llamativos balcones de madera orientados al exterior. Además, conservan en sus muros exteriores los antiguos hornos de pan de la época tradicional.
Su trazado urbano invita a caminar sin prisa hasta desembocar en la pintoresca Plaza Mayor. Allí se sitúan la sede del Ayuntamiento, una fuente central y la histórica iglesia de San Ildefonso, escoltadas por el pico Ocejón.
El templo actual fue iniciado en 1854 e inaugurado el 7 de diciembre de 1858. La obra contó con el impulso financiero de dos hermanos franciscanos nacidos en el pueblo que oficiaban como misioneros en Filipinas.
Aunque los retablos originales se perdieron en 1936, en 2011 se restauró su cúpula en estilo mudéjar. Su joya patrimonial más valiosa es una espectacular cruz procesional de plata realizada en el siglo XVI.
Cultura local y el famoso camino de la cascada
En la antigua escuela municipal funciona el Museo Etnográfico, abastecido completamente por donaciones de los propios vecinos. Alberga valiosas herramientas agrícolas, útiles de matanza y piezas textiles históricas.
El museo abre sus puertas sábados y domingos de 12:30 a 14:30. En el mismo edificio opera el reconocido restaurante La Tarihuela, ideal para degustar la gastronomía tradicional de la sierra de Guadalajara.
La caminata preferida por los visitantes es el Camino de la Chorrera (sendero CM5). Se trata de una ruta de cuatro kilómetros ida y vuelta, de baja dificultad y muy accesible para mayores de 65 años.
El trayecto se inicia en la antigua era del pueblo y atraviesa frondosos huertos de nogales. Luego se adentra en un deslumbrante bosque de robles y castaños que en otoño exhibe intensos tonos ocre.
Al culminar el sendero aparecen las majestuosas Chorreras de Despeñalagua. El arroyo de la Pineda se precipita por la ladera de la montaña formando saltos de agua que suman 120 metros de caída.
Senderismo exigente y pueblos con encanto
Para los montañistas experimentados, la cumbre del Ocejón ofrece una emocionante ruta conocida como el Cervino manchego. Son doce kilómetros ida y vuelta con un pronunciado desnivel de 840 metros.
El recorrido asciende por la Loma de la Pineda y se conecta con el camino que proviene de Majaelrayo. La falda final incluye peldaños formados por grandes lajas de pizarra natural hasta alcanzar la cima.
La comarca alberga otras joyas de la arquitectura negra como Campillo de Ranas y Campillejo. A pocos kilómetros destaca también Umbralejo, un poblado restaurado como centro educativo artesanal.
Muy cerca se sitúa el célebre Hayedo de Tejera Negra en Cantalojas, protegido como Patrimonio Mundial de la UNESCO. Un paraje boscoso fascinante que requiere reserva previa para el aparcamiento.
En plena sierra cordobesa, un pueblo de casas encaladas se agarra a la piedra bajo un castillo árabe, y muy cerca una cueva con pinturas rupestres guarda un recorrido subterráneo de 700 escalones y miles de años de historia.
Buenos Aires Jueves 8 octubre (PR/26)– Hay destinos que se llenan de fotos en redes sociales y otros que se guardan casi en secreto. En el corazón de Córdoba, entre montañas de caliza y un océano de olivos, espera uno de esos lugares que sorprenden incluso a quien conoce bien Andalucía: Zuheros.
Se trata de un pueblo blanco colgado de la roca, bajo un castillo de origen árabe y con una cueva cercana donde se conservan pinturas rupestres neolíticas y un recorrido subterráneo de 700 escalones. Un plan perfecto para una escapada corta con mucho más de lo que parece a primera vista.
Zuheros, el balcón blanco de las Sierras Subbéticas
Zuheros se esconde en pleno Parque Natural de las Sierras Subbéticas, en la provincia de Córdoba, y tiene todo lo que se espera de un pueblo andaluz… y algo más. Las casas encaladas se agrupan en la ladera, como si se agarraran a la roca.
Sobre ellas, un castillo de origen musulmán domina el conjunto desde un peñón de piedra caliza. El impacto visual al llegar es fuerte: el pueblo aparece de golpe, rodeado de un mar de olivos y paredes de montaña.
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Lo más cómodo es dejar el coche en la parte baja y seguir a pie. Las calles son estrechas, con pendientes suaves, macetas en las fachadas y pequeños rincones donde el tiempo parece ir más despacio.
En un paseo tranquilo se descubren miradores naturales hacia el valle y las sierras, ideales para ver atardeceres anaranjados sobre los olivos. También hay plazas pequeñas donde se concentra la vida local, con bares sencillos y terrazas al sol.
Y no faltan las calles que terminan literalmente en la roca, un recordatorio de que el pueblo está incrustado en la montaña. Zuheros no es grande, y precisamente por eso invita a caminar sin prisa, entrar en una tienda de productos locales o sentarse en un banco y simplemente mirar. Es de esos sitios donde apetece quedarse un rato más de lo previsto.
La Cueva de los Murciélagos: 700 escalones hacia el pasado
A unos cuatro kilómetros del casco urbano, en el Cerro de los Murciélagos, se encuentra uno de los grandes tesoros del pueblo: la Cueva de los Murciélagos, una cavidad que combina geología, arqueología y un buen ejercicio de piernas.
El acceso se hace por carretera de montaña hasta el aparcamiento habilitado, y desde allí un breve tramo lleva a la entrada. El recorrido turístico suma unos 700 escalones de piedra entre bajada y subida, así que conviene llevar calzado cómodo y asumir que las agujetas están casi garantizadas.
Durante la visita guiada se recorren unos 450 metros acondicionados, aunque la red subterránea supera los dos kilómetros. El itinerario pasa por salas con estalactitas y estalagmitas de formas caprichosas, iluminadas de manera suave para no dañar el entorno.
También se atraviesan galerías oscuras donde se entiende por qué los murciélagos siguen usando las zonas más profundas como refugio, y paredes rocosas donde se conservan pinturas rupestres de distintas épocas prehistóricas.
El valor de la cueva no es solo paisajístico. Las investigaciones han demostrado que fue ocupada de forma continuada desde alrededor del 6000 a.C., con restos que hablan de comunidades cazadoras y ganaderas.
Entre los hallazgos hay representaciones de animales como caballos, osos o ciervas de época paleolítica, además de figuras humanas y cabras asociadas al Neolítico. Aparecieron también restos humanos y ajuares que indican que se utilizó como lugar de enterramiento ritual.
La sensación al salir de nuevo a la luz es curiosa: después de haber bajado tantos escalones y haber visto rastros de vida de hace miles de años, el paisaje de olivos y montañas parece casi nuevo.
Castillo árabe y museo: historia a pie de peñón
Tras la inmersión subterránea, el siguiente paso lógico es mirar hacia arriba. En la parte alta se alza el castillo de Zuheros, una fortaleza que nació en el siglo IX, en época de al-Ándalus, y que fue cambiando con los siglos hasta incorporar un palacio residencial en el siglo XVI.
Hoy se conservan torres, lienzos de muralla y restos de estancias que permiten imaginar cómo fue la vida en este enclave defensivo. La visita tiene dos grandes recompensas, y la primera son las vistas.
Desde lo alto se domina el caserío blanco, el cañón del río y las sierras que rodean el pueblo, uno de los mejores puntos para entender la geografía de la zona. La segunda es la mezcla de épocas: se percibe la huella musulmana, las reformas posteriores y la adaptación del castillo a usos más residenciales.
Junto al castillo se encuentra el Museo Arqueológico Municipal, pequeño pero muy interesante para quien quiera profundizar. En sus vitrinas se exponen cerámicas procedentes de la Cueva de los Murciélagos y de otros yacimientos cercanos.
También hay herramientas de piedra y hueso que muestran cómo se organizaba la vida cotidiana en la Prehistoria, además de objetos de adorno y restos que ayudan a reconstruir los rituales funerarios.
La combinación de cueva, castillo y museo permite recorrer, en un solo día, un arco temporal que va desde las primeras comunidades neolíticas hasta la época moderna. No es solo una escapada bonita: también es un viaje compacto por la historia del sur peninsular.
Sabores, ritmo lento y consejos para organizar la escapada
Zuheros se disfruta mejor sin prisas. Después de las visitas más intensas, cueva y castillo, lo ideal es reservar un rato para simplemente estar en el pueblo y probar su gastronomía local.
En las terrazas de la plaza principal y en los bares del centro se pueden degustar productos que son casi una carta de presentación del lugar. Empezando por el queso de cabra autóctono, de textura cremosa y sabor potente, perfecto para compartir en tabla.
Lo acompaña el aceite de oliva virgen extra de la Denominación de Origen Baena, que suele servirse generosamente sobre pan o junto al queso. Completan la mesa platos tradicionales cordobeses, como salmorejo, guisos de carne o tapas sencillas pero bien hechas.
Y algunos consejos prácticos para planificar la visita. Conviene reservar la cueva con antelación, sobre todo en fines de semana y festivos, ya que el acceso es guiado y con aforo limitado.
El recorrido incluye muchos escalones y tramos irregulares, por lo que no es recomendable para personas con movilidad reducida. Es importante llevar calzado cerrado y cómodo.
El pueblo se recorre a pie sin dificultad, pero hay cuestas. Mejor evitar las horas centrales de calor en verano y apostar por primavera u otoño, cuando el clima es más suave.
Para completar la escapada, el entorno del Parque Natural de las Sierras Subbéticas ofrece rutas de senderismo y miradores adicionales, ideales para quien quiera alargar la estancia una noche más.
Mientras otros destinos andaluces concentran la mayoría de flashes, Zuheros sigue ahí, tranquilo, colgado de la roca, con su castillo vigilando desde arriba. Es un lugar perfecto para quienes buscan algo diferente sin renunciar a la esencia de los pueblos blancos.
Una oportunidad única para nómadas y viajeros que buscan recorrer el mundo. A cambio de cuidar algunos animales y la tierra, los anfitriones ofrecen alojamiento gratuito en una isla verdaderamente paradisíaca.
Buenos Aires miércoles 7 octubre (PR/26)– La posibilidad de vivir gratis en La Palma durante unas semanas ha dejado de ser una fantasía. Es ideal para quienes anhelan una experiencia distinta en Canarias.
Una pareja residente en la isla ha publicado un anuncio muy llamativo. Ofrecen alojamiento a viajeros de cualquier parte del mundo, sin cobrarles ni un solo euro.
La única condición es estar dispuestos a colaborar en el día a día de su hogar. Esta fantástica fórmula es cada vez más popular entre quienes viajan con un presupuesto mínimo.
El entorno de esta propuesta juega claramente a favor de los aventureros. Se trata de una vivienda rural en plena naturaleza, en una isla llena de enorme encanto natural.
La Palma es mundialmente conocida por sus frondosos bosques y hermosos senderos. Además, destaca enormemente por la calidad de su cielo nocturno.
Conoce a los anfitriones y sus requisitos
Los impulsores de este voluntariado son Anita y Daniel, que viven en Breña Alta. Se encuentran en la preciosa vertiente este de la paradisíaca isla canaria.
Ella es profesora de idiomas y dirige su propia academia local. Allí se dedica a enseñar alemán y español a alumnos entusiastas de todas las edades.
Daniel trabaja activamente en agricultura y educación ambiental. Imparte cursos, talleres y es fundador de una asociación ecologista local, según Workaway.
Su hermosa casa se encuentra ubicada en una tranquila zona rural. Está muy cerca del bosque, de la playa y de Santa Cruz de La Palma.
En la propiedad tienen un increíble huerto ecológico y frutales. También poseen varios campos donde recogen castañas y deliciosas setas silvestres.
Además, los voluntarios compartirán su vida con una gran variedad de animales. Tienen dos perros, ovejas, gallinas, burros y abejas que necesitan cuidados.
Las tareas del campo y las condiciones
La ayuda que buscan se centra fundamentalmente en el trabajo de campo. Las tareas incluyen cuidar jardines, mantener frutales y limpiar los inmensos castañares.
También será sumamente necesario cosechar, procesar y conservar los alimentos. Estos se almacenarán cuidadosamente para el consumo durante el resto del año.
Cuando haga falta, los voluntarios se encargarán de alimentar a los animales. Deberán brindarles atención y asegurar sus cuidados básicos todos los días.
A cambio, la amable pareja ofrece dos excelentes opciones de alojamiento según disponibilidad. Puede ser un apartamento en la casa o una habitación independiente en el jardín.
Sobre la comida, a los anfitriones les gusta mucho compartir la mesa con sus invitados. También facilitan alimentos para que el voluntario cocine por su propia cuenta.
Entre las condiciones principales, piden una estancia mínima de dos semanas. Tienen la capacidad de recibir a más de dos voluntarios al mismo tiempo.
Un dato verdaderamente genial es que aceptan familias, nómadas digitales y mascotas. Además, disponen de un amplio espacio especialmente preparado para autocaravanas.
Durante la estadía, ofrecen un enriquecedor intercambio de idiomas en alemán, inglés, español y francés. El horario de colaboración suele ser de cuatro a cinco horas al día.
El encanto de La Palma y cómo aplicar
Para contactar con los anfitriones, hay que usar la plataforma Workaway. Se requiere una cuota anual de 69 dólares para personas individuales o 79 para parejas.
Los viajeros de fuera de la Unión Europea deben consultar qué visado necesitan. Breña Alta está lejos de la zona que lamentablemente arrasó el volcán Tajogaite.
Toda la isla entera está declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco. Además, en 2012 fue el primer destino en obtener la prestigiosa certificación Starlight.
Este sello reconoce la inmensa calidad de su cielo nocturno para la observación astronómica. Los anfitriones destacan esta actividad junto al increíble senderismo o el buceo.
La pareja insiste amablemente en que quieren compartir su forma de vida. Buscan intercambiar valiosos conocimientos de la isla con personas de otros países.
Actualmente, su perfil figura como anfitrión nuevo en la gran plataforma de viajes. Tienen una tasa de respuesta cercana al 89%, dato clave antes de armar las maletas.
Con más de 2000 especies, seis senderos y reconocimiento mundial como sitio Ramsar, la Reserva Ecológica Costanera Sur es el mayor espacio verde porteño y una de las reservas más importantes de la región, a metros de Puerto Madero.
Buenos Aires martes 29 septiembre (PR/26)– Con sus 350 hectáreas, la Reserva Ecológica Costanera Sur es el mayor espacio verde de la Ciudad de Buenos Aires y una de las reservas más importantes de la región. Es también uno de los paseos preferidos para caminar, andar en bicicleta, trotar, hacer senderismo o pasar el día en familia durante el fin de semana.
Bosques, pastizales, lagunas y bañados forman un espacio único y una propuesta inigualable para conocer la flora y fauna nativas en plena ciudad. Tan valioso es este ecosistema que en 2005 fue declarado sitio Ramsar por su importancia mundial como humedal.
Un recorrido pensado para que todos lo disfruten
Desde 2023, las nuevas pasarelas interpretativas se extienden sobre los antiguos senderos peatonales. Garantizan un recorrido seguro y crean un ambiente propicio para que visitantes de edad avanzada, personas con discapacidad y niños puedan disfrutar de la reserva.
Parte de una gran ruta verde
La Reserva forma parte de la Ecoruta del Río de la Plata, un circuito de más de 100 kilómetros que conecta los espacios verdes y áreas protegidas del AMBA y alrededores. Entre ellos se destacan la Reserva de la Biósfera Delta del Río Paraná, el Parque Nacional Ciervo de los Pantanos y la Reserva Natural Municipal del Pilar.
Más de 2000 especies y un valioso entorno patrimonial
Como si le hiciera falta algún plus, sus seis senderos permiten conocer más de 2000 especies: plantas, animales, hongos, insectos, tortugas, lagartos y coipos. A eso se suma su valor patrimonial. Ubicada a metros de Puerto Madero y muy cerca del casco histórico, la reserva está circundada por obras artísticas y arquitectónicas emblemáticas.
Un paraíso para el avistaje de aves
Párrafo aparte merece el avistaje de aves. Especialistas de todo el mundo se acercan a la Reserva Ecológica para contemplar las más de 343 especies que vuelan su cielo. En apenas dos horas, se pueden avistar al menos 50 distintas.
Un reconocimiento histórico y un imperdible
En 1986, la Reserva Ecológica Costanera Sur fue declarada Parque Natural y Zona de Reserva, un reconocimiento que hoy sigue más vigente que nunca. Y un imperdible: contemplar desde los miradores el paisaje a la sombra de los ceibos, la flor nacional argentina.
Croacia es mucho más que ciudades amuralladas y una hermosa y enorme costa con agua transparente, también ofrece rincones verdes y naturales de primer nivel. Por eso en mi viaje no dude en visitar el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, y ustedes tampoco deberían.
Croacia emergió, hace ya un tiempo, como uno de los nuevos destinos top para disfrutar el verano europeo. Y entiendo porque: precios amigables, hermosas ciudades, la belleza del Adriático y sus aguas cristalinas.
Pero claro, no solo sus playas merecen una visita, también podemos encontrar parques nacionales compitiendo entre los más lindos del mundo. Uno de los más reconocidos, muy cerca de la ciudad de Split, una de las ciudades más visitadas por los turistas, es Krka.
Pero hay otro conocido por ser el primero y más grande del país, una inmensa reserva natural con lagos, cascadas, pasarelas, senderos, cuevas y bosques que abarca una basta área de aproximadamente 300km2: el Parque Nacional de los Lagos de Plitvice.
En mi visita a Croacia no dudamos (junto al amigo Borja de Buscando al Unicornio, con quien recorrí Croacia) en dedicarle un día entero a la visita al parque.
Si sos amante de la naturaleza no podes perdértelo, por eso te voy a contar todo info para que le saques el mayor jugo a tu visita.
Parque Nacional de los Lagos de Plitvice
¿Cómo llegar al Parque Plitvice?
El parque se ubica hacia el norte del país, cerca de la frontera con Bosnia, y a 120km. De Zadar, y 130km. De Zagreb, la capital de Croacia.
El cartel en el parking del Parque te avisa de los osos.
Desde ambas ciudades salen buses con tours por el día, pero si quieren hacerlo por su cuenta lo mejor es llegar hasta la zona del parque en bus (o con auto como yo), hacer noche cerca de ahí y luego ir hasta el parque bien temprano.
Entradas
El parque cuenta con 2 entradas: la entrada 1 (Norte) y la entrada 2 (Sur). Ambas pueden ser usadas indistintamente.
Claro que no son gratuitas, y su costo cambia dependiendo de la temporada en que se visite el parque.
Temporada alta: del 01.06 al 30.09, verano europeo, con un costo de aproximadamente 35-40 Usd (250 Kunas croatas).
Temporada intermedia: del 01.04 al 31.05 y del 01.10 al 31.10 el costo es de 15 Usd (100 Kunas).
Temporada baja: del 01-11 al 31.03, la época fría, cuestan 9 Usd (60 Kunas).
Por alguna extraña razón pagamos solo 150 Kunas la entrada, ¡no quise preguntar por las dudas!
Estos precios son para adultos, si viajan con carnet de estudiante o con chicos de entre 7 y 18 años, pueden consultar las tarifas acá. Los menores de 7 años ingresan gratis.
También hay entradas válidas para 2 días, en caso de querer pasar más de un solo día recorriendo el parque.
Si quieren comprar las entradas online, pueden hacerlo en la web del parque.
Las puertas del Parque Plitvice abren todos los días de 7 a 20 hs.
Senderos y lagos
Existen diferentes trails o caminos ya armados para poder recorrer y disfrutar de todos los conjuntos de lagos y cascadas. Todo esta perfectamente señalizado para no tomar mal el camino que queremos seguir.
Están divididos por letras y hay para todos los gustos en cuanto a la distancia que queremos caminar, con barco incluido, solo caminata, etc. (el barco está incluido en la entrada).
Existen 4 posibles recorridos por cada entrada al parque, o también pueden caminar por donde quieran, pero eso haría que quizás se pierdan algunas partes.
Nosotros elegimos el C que recorre unos 8 km. (ingresé por la entrada Norte, sobre la ruta 1), que es bastante completo con barco incluido y son 4-5 horas de caminata aproximadamente. El único recorrido más largo es el K, que en lugar de usar el barco bordea toda la zona que este atraviesa, con un total de 18 km. De caminata.
La verdad es que fue una buena elección, ya que se hace el rápido cruce en barco que suma y ademas se recorre casi toda la zona de los lagos y unos lugares espectaculares.
Recomendaciones
Seguramente vayan a visitar el parque durante el verano, lo que se traduce en altas temperaturas, temporada alta y mucha gente.
Por eso la primera recomendación es llegar bien temprano al parque, de hecho, yo llegué cuando abrió las puertas para ser de los primeros en ingresar y evitar a la gran cantidad de gente que llega desde ciudades cercanas en buses y tours.
Si bien toda esa gente entrará luego y seguro la veamos, comenzar a caminar desde temprano permite tomar la delantera y llegar primero a los mejores lugares bien dentro del parque y poder realizar fotos, videos y disfrutar del lugar sin grupos y chinos metiéndose en el medio.
Para poder hacerlo lo mejor es hospedarse cerca del parque. Yo lo hice en un pequeño bongalow muy cerca del parque en Korana Camp, donde también se puede acampar.
El desayuno buffet fue espectacular, las duchas compartidas muy limpias y el lugar en general está super cuidado y en perfecto estado. También hay oficinas donde pedir mapas, consultar sobre el parque, restaurante, bar y una pequeña despensa. Muy completo y super recomendado.
Llevar agua y snacks para el recorrido. Si bien hay donde comprar dentro del parque, siempre es bueno llevar algo: frutas, barras de cereal, frutos secos, y porque no algún almuerzo liviano si no se quiere gastar mucho en algún restaurante del lugar, que obviamente tienen precios algo más elevados que los normales.
Ya están listos para visitar el hermoso Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, un lugar que vale muchísimo la pena.
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