A 110 kilómetros de la ciudad de San Luis, San José del Morro florece en primavera entre las antiguas postas del Camino Real, una iglesia del siglo XVIII y un volcán que corona el paisaje. Una experiencia turística tan auténtica como inolvidable.
Buenos Aires martes 22 septiembre (PR/26)– A 110 kilómetros de la ciudad de San Luis y a 49 kilómetros de Villa Mercedes, San José del Morro conserva, casi como un secreto a cielo abierto, una historia que atraviesa siglos y un paisaje que parece haber sido modelado para detener el tiempo.
Cuando llega la primavera y las serranías y llanuras se cubren de verde y de flores silvestres, El Morro adquiere una belleza particular. Sus calles tranquilas, las antiguas construcciones de adobe y piedra, el aroma de las comidas caseras y la hospitalidad de sus habitantes construyen una experiencia en la que el viajero no solo contempla: entra en contacto con una forma de vivir y de contar San Luis.
En el horizonte se recorta el volcán El Morro, una formación geológica de enorme interés científico y turístico que domina el paisaje y funciona como referencia natural de toda la región. Invita a caminar, a fotografiar y a aventurarse por un territorio donde la naturaleza se expresa en cada rincón.
El trekking, el senderismo, las cabalgatas y la observación de flora y fauna autóctona permiten recorrer un ambiente de serranías y llanuras que en esta estación se transforma en una verdadera paleta de colores.
Un templo que guarda siglos de memoria
Para comprender El Morro hay que detenerse frente a uno de sus mayores tesoros: la Iglesia de San José del Morro. La historia de la villa nació alrededor de este templo, construido durante la segunda mitad del siglo XVIII, con una arquitectura sencilla de una sola nave y torre campanario que refleja la austeridad de aquellos tiempos.
Desde 1981 es Monumento Histórico Nacional, un reconocimiento que dimensiona su importancia dentro del patrimonio argentino. A su lado funciona un pequeño Museo de Arte Religioso, donde se conservan piezas litúrgicas de los siglos XVII y XVIII, entre ellas antiguos cálices y una prenda vinculada al Cura Brochero.
Visitar el templo y su museo es, también, emprender un viaje hacia una época en la que los caminos eran de tierra, las distancias se medían en jornadas a caballo y las iglesias eran verdaderos centros de encuentro comunitario.
Una posta en el Camino Real y una tierra de frontera
El Morro no nació al margen de la historia. Su ubicación lo convirtió en un punto estratégico del antiguo Camino Real que comunicaba Buenos Aires con Cuyo. Por allí circularon arrieros, viajeros y tropas, y la localidad funcionó como posta y como fortín defensivo.
También fue escenario de enfrentamientos y ataques de malones, episodios que marcaron profundamente su evolución. En 1841, durante el gobierno de Pablo Lucero, el pueblo fue reconstruido, y en 1844 se estableció allí el regimiento ‘Los Dragones de La Unión’.
La memoria histórica de El Morro también se enlaza con uno de los capítulos fundamentales de la historia argentina: en 1818, el general José de San Martín pasó por este territorio mientras preparaba la campaña libertadora y transmitió a los vecinos conocimientos y tácticas vinculadas con la defensa. Así, sus calles y paisajes conservan la memoria de una época de tránsito, frontera, esfuerzo y sacrificio, pero también de solidaridad y hospitalidad.
Tradiciones que siguen vivas
El valor de El Morro no está solamente en sus monumentos o en sus acontecimientos históricos. Está también en aquello que permanece vivo: las celebraciones populares y religiosas, las costumbres rurales, la gastronomía casera y el vínculo cotidiano entre sus habitantes y el territorio.
En sus antiguas casas de adobe y piedra todavía puede reconocerse la arquitectura de otros tiempos. En sus fiestas aparecen las tradiciones, y en la mesa se encuentra otro modo de conocer el lugar: a través de los sabores de la cocina regional.
Naturaleza para caminarla y contemplarla
El entorno natural de El Morro es una invitación permanente al turismo activo. Los senderos que se internan en los alrededores del volcán permiten descubrir diferentes perspectivas del paisaje, mientras que las caminatas y cabalgatas acercan al visitante a la flora y fauna autóctona.
La fotografía encuentra aquí un escenario privilegiado: serranías, llanuras, cielos abiertos, formaciones geológicas y una vegetación que en primavera explota en colores. Es un territorio para caminar sin apuro, respirar aire puro y dejar que el paisaje marque el ritmo.
Para quienes buscan experiencias vinculadas con la naturaleza y la aventura, El Morro representa mucho más que una postal: es una formación geológica singular que invita a conocer, interpretar y valorar el territorio.
Entre la memoria y el paisaje
San José del Morro es un lugar donde la historia está en la iglesia, en las viejas construcciones, en los caminos, en las historias familiares, en las tradiciones y en el paisaje. Es frontera colonial y memoria de la epopeya libertadora; es patrimonio religioso y arquitectura rural; es volcán, serranía, fauna, cielo estrellado y primavera.
Entre el silencio de sus calles, el campanario de San José, las huellas del antiguo Camino Real y la presencia majestuosa de su volcán, El Morro guarda una parte esencial de la historia de San Luis: un rincón donde naturaleza, cultura e historia se entrelazan para convertir una visita en una experiencia que permanecerá siempre en la memoria.
Descubre Jujuy a través de sus cerros multicolores, pueblos históricos y salares infinitos, consolidándose como la opción perfecta para unas vacaciones inolvidables o una pausa de desconexión total.
Buenos Aires lunes 21 septiembre(PR/26)– Planificar una escapada hacia el norte argentino garantiza un viaje fascinante donde la naturaleza impetuosa y las tradiciones ancestrales se fusionan armónicamente a cada paso de tu camino.
Consagrada recientemente como el mejor destino montañoso de la región, la provincia de Jujuy invita a armar las valijas para emprender un inolvidable recorrido escénico repleto de contrastes únicos.
A través de sus impresionantes caminos de cornisa, los viajeros descubren una gastronomía autóctona exquisita y encantadores pueblos tradicionales que parecen haber quedado completamente detenidos en el tiempo.
La increíble versatilidad del territorio jujeño permite estructurar una travesía sumamente dinámica en muy pocos días, aprovechando al máximo cada jornada de viaje.
Gracias a las distancias accesibles entre sus principales atracciones, es posible contemplar imponentes picos rocosos, internarse en valles verdes y caminar sobre desiertos salados.
Los imperdibles para diseñar un itinerario inolvidable
Para aprovechar al máximo la experiencia, conviene organizar el trayecto explorando las características únicas que ofrecen sus cuatro regiones naturales tan fascinantes.
En la Quebrada de Humahuaca, resulta indispensable hacer base en Purmamarca para admirar el célebre Cerro de los Siete Colores y caminar fascinado por el Paseo de los Colorados.
El circuito continúa hacia Tilcara para explorar la riqueza histórica del Pucará, pasa por Maimará con la Paleta del Pintor y culmina deslumbrando en Humahuaca.
Desde allí se accede a las majestuosas Serranías del Hornocal y su deslumbrante Cerro de los 14 Colores, una verdadera maravilla natural que quita el aliento a los visitantes.
Travesías de altura, selva exuberante y sabores ancestrales
Subiendo por la impactante Cuesta de Lipán —un serpenteante camino de montaña con vistas panorámicas— se accede a la inmensidad blanca de las Salinas Grandes a más de 4.000 metros.
Allí, los guías locales acompañan los recorridos hacia los profundos ojos de agua y explican con maestría el proceso ancestral de extracción de sal.
Por su parte, la región de las Yungas ofrece frondosa vegetación en el Parque Nacional Calilegua y apacibles termas ideales para el senderismo y la desconexión.
Finalmente, la zona de los Valles y San Salvador de Jujuy invitan a saborear deliciosas empanadas jujeñas, tamales, humita en chala, locro y platos de llama o quinua.
Consejos prácticos para una aventura perfecta en la montaña
Para disfrutar de la travesía sin contratiempos, es altamente recomendable el alquiler de un auto o la contratación de excursiones guiadas para desplazarse con total libertad.
La hidratación constante y las caminatas a paso pausado resultan ser aspectos fundamentales para aclimatar el cuerpo a la altura de manera segura y placentera.
Asimismo, la amplia amplitud térmica exige vestir en capas, combinando ropa liviana durante las horas de sol con abrigo pesado para refrescantes noches de montaña.
Con un patrimonio histórico incalculable, rutas panorámicas impactantes y la calidez de su gente, Jujuy se consolida como el destino perfecto para redescubrir la Argentina.
Lejos de las grandes ciudades y del turismo masivo, esta remota isla de Nueva Zelanda ofrece senderos, fauna salvaje y cielos nocturnos prácticamente intactos.
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La isla Stewart, también conocida como Rakiura, es la tercera isla más grande de Nueva Zelanda y uno de los territorios más salvajes y menos poblados del país.
Raúl Barroso Valle
Redactor de Viajes National Geographic
Viajar sigue siendo para muchos la vía de escape de un mundo cada vez más frenético, interconectado y sobreestimulante. Una huida de las responsabilidades y el estrés diario que, más que un capricho, se ha convertido en una auténtica necesidad para nuestro cuerpo y nuestra mente.
Es aquí donde entran en juego conceptos como las quietcations (vacaciones del silencio) y donde nace el primer Índice de Lugares Incontaminados (Unspoilt Index) de BookRetreats.com, un portal especializado en retiros por todo el mundo. Este ranking, basado en datos satelitales y cartográficos, ha utilizado los criterios de la Agencia Europea de Medio Ambiente para clasificar las 100 islas más tranquilas del planeta.
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Halfmoon Bay, en la isla Stewart, con sus aguas azules, barcos anclados y vegetación costera.
¿Qué hace que un lugar sea realmente tranquilo?
Aunque todos tengamos en la cabeza una idea general de lo que significa la calma y la paz de un lugar, «el silencio significa algo diferente para cada uno de nosotros«, explicaba la investigadora y participante en este estudio Olga V. Lehmann.
Es por ello que resulta necesario recurrir a «indicadores objetivos» que sean comunes para todos. Factores como «los bajos niveles de decibelios en nuestro entorno» o «las cualidades naturales y arquitectónicas de un lugar» ayudan a determinar cómo experimentamos la calma y el descanso en un destino, explica la profesora de psicología.
Basándose en los criterios de la Agencia Europea de Medio Ambiente, el estudio de BookRetreats ha sido elaborado a partir de seis criterios claros para identificar el grado de tranquilidad que aporta un lugar: naturaleza exuberante, pocas carreteras, poco tráfico aéreo, espacios poco concurridos, cielos nocturnos oscuros y paisajes costeros naturales.
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Las playas de la isla Stewart destacan por sus paisajes naturales y su entorno prácticamente intacto.
Entre las seleccionadas, casi todas las islas españolas han conseguido hacerse un hueco en este top 100, con la gran excepción de Gran Canaria. Mientras que Fuerteventura obtiene 51,5 puntos y escala hasta la posición 48, El Hierro llega con sus 62,2 hasta la 38 y La Gomera se sitúa en una privilegiada posición número 25, con 68,2 puntos. Más lejos en la clasificación aparecen otras islas españolas como Mallorca, Ibiza, Lanzarote o Tenerife.
Aunque si hay un lugar en el que las prisas dan paso a un auténtico espectáculo de naturaleza en calma, ese se encuentra en la salvaje y desconocida isla Stewart, al sur de la Isla Sur de Nueva Zelanda.
Sorprende saber que es la tercera isla más grande del país, con una superficie que triplica aproximadamente la de Phuket, y que, aun así, mantiene prácticamente intacta su naturaleza, con una población de apenas 500 habitantes, la mayoría concentrados en Oban, su principal localidad.
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La costa de la isla Stewart, con sus aguas cristalinas, playas y abundante vegetación nativa.
Es gracias a ello que ha escalado hasta la primera posición del ranking de BookRetreats.com, con una puntuación general de 94,6 sobre 100, llegando incluso a rozar la perfección (99/100) en el indicador que mide la modificación humana del terreno. No es casualidad que los maoríes la conozcan como Rakiura, un nombre que hace referencia a «la tierra de los cielos resplandecientes».
En la tierra de los cielos resplandecientes
La isla Stewart presume de tener un firmamento tan único y espectacular como el entorno en el que se encuentra. No en vano, cuenta con el Santuario Internacional de Cielos Oscuros más austral del mundo, un lugar que permite disfrutar de un auténtico espectáculo celestial como pocos en el país, con un 2,3 % del territorio de la isla registrando alguna aurora.
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Una aurora austral ilumina el cielo nocturno de la isla Stewart Island, conocida en maorí como «la tierra de los cielos resplandecientes».
Esta total desconexión se entiende mejor al conocer el Parque Nacional Rakiura, un espacio natural protegido que ocupa nada menos que el 85 % de la isla. Es por ello que la presencia humana está muy limitada, con apenas una pequeña pista de aterrizaje y algunas carreteras secundarias, dejando paso a especies en peligro de extinción como el kiwi marrón de la isla Stewart, que hace de este lugar uno de sus principales refugios en el mundo, con una población estimada de 20.000 ejemplares en todo el territorio.
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El kiwi marrón de la isla Stewart, una de las especies emblemáticas de Rakiura y uno de sus principales refugios naturales.
Con sus 280 kilómetros de senderos en plena naturaleza, la isla Stewart ofrece rutas de senderismo de distintos niveles de dificultad, en las que disfrutar de una extraordinaria variedad de paisajes: desde recónditas bahías hasta frondosos bosques, pasando por tranquilas calas y la aislada y salvaje Māori Beach, donde enormes troncos arrastrados por el mar descansan sobre la arena blanca y el bosque nativo llega prácticamente hasta la costa.
Costa Rica no se recorre a las apuradas: hay que elegir bien cada parada, calcular las horas de ruta y respetar el clima de cada región. Esta guía reúne todo lo necesario para armar un itinerario que combine volcanes, selva, playa y fauna sin perder tiempo en el camino.
Buenos Aires 21 julio (PR/26)–Costa Rica parece un país fácil de recorrer con solo mirar el mapa. Pero las distancias reales se miden en horas, no en kilómetros: las carreteras de montaña, los cambios bruscos de clima y el acceso limitado a algunos parques obligan a planear cada etapa con cuidado. Organizar bien el viaje es, sobre todo, saber combinar regiones compatibles.
¿Cómo Viajar a Costa Rica?
Todo depende de la costa y de los parques que se incluyan en el recorrido. En el Pacífico y el Valle Central, la estación seca se extiende de diciembre a abril, con jornadas despejadas ideales para recorrer Guanacaste, Manuel Antonio o la península de Osa.
Entre mayo y noviembre domina la temporada de lluvias: las mañanas suelen ser claras y los chaparrones llegan por la tarde. El paisaje se vuelve más verde, los ríos crecen y algunos destinos reciben menos visitantes, una ventaja para quienes buscan tranquilidad.
El Caribe sigue su propio ritmo: en Tortuguero, Cahuita y Puerto Viejo llueve buena parte del año, aunque septiembre y octubre suelen ser más secos, justo cuando el Pacífico se moja más. Y en las alturas de Monteverde, conviene llevar siempre una campera liviana y calzado que seque rápido.
Los lugares que no pueden faltar en la ruta
La Fortuna y el volcán Arenal ofrecen una de las paradas más completas: senderos entre bosques y coladas de lava antiguas, la catarata del río Fortuna y aguas termales para descansar después de caminar.
Más al oeste, Monteverde protege uno de los bosques nubosos más conocidos de Centroamérica, con árboles cubiertos de musgo, puentes colgantes y caminatas pensadas para observar aves entre la niebla.
En el Pacífico, el Parque Nacional Manuel Antonio combina playa, selva y fauna de fácil acceso: monos capuchinos, perezosos e iguanas aparecen a cada paso por los senderos señalizados.
El sur guarda el rincón más remoto del país: el Parque Nacional Corcovado, en la península de Osa, conserva selva tropical primaria y exige reserva previa. A cambio, regala la posibilidad de ver tapires, pecaríes, guacamayos y reptiles poco comunes.
Y en el Caribe, Tortuguero se recorre en barca por canales rodeados de selva, donde es posible cruzarse con caimanes, monos aulladores, aves acuáticas y tortugas marinas que llegan a desovar en la playa.
El río Celeste, el volcán Poás, las playas de Guanacaste y el Parque Nacional Cahuita completan la lista, aunque no conviene meterlos todos en el mismo viaje: la respuesta siempre depende de los días disponibles y de lo que se pierde manejando.
Cómo armar el itinerario según los días que se tengan
En Costa Rica, cien kilómetros pueden significar varias horas de ruta. El relieve, el tráfico, la lluvia y el estado de algunos caminos aconsejan no exigirse etapas demasiado largas, y siempre conviene llegar al alojamiento antes de que caiga la noche, entre las 17.30 y las 18.
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Una distribución práctica podría ser: 10 días para La Fortuna, Monteverde y Manuel Antonio; 14 o 15 días sumando Tortuguero; y 21 días para agregar Corcovado, el Caribe Sur o la península de Nicoya.
Quedarse dos o tres noches en cada zona permite disfrutar de las actividades sin rehacer las valijas todos los días. El auto de alquiler da libertad para parar donde uno quiera, aunque los traslados privados y las combis compartidas también conectan los destinos principales sin necesidad de manejar por zonas desconocidas.
La fauna que se puede encontrar en cada zona
Ver fauna en Costa Rica depende de atravesar los hábitats adecuados. Los perezosos aparecen en La Fortuna, Manuel Antonio y el Caribe; los monos aulladores se escuchan en Guanacaste y Tortuguero, y los capuchinos suelen verse en Manuel Antonio y Corcovado.
Monteverde es uno de los mejores puntos para buscar el quetzal resplandeciente, mientras que los tucanes habitan las selvas del Caribe y las llanuras del norte. Corcovado, por su parte, concentra especies más esquivas como el tapir, el ocelote y hasta el jaguar.
En Tortuguero, las tortugas verdes llegan a desovar en determinados meses del año. Las visitas nocturnas deben hacerse con guías autorizados, sin luces ni ruidos, manteniendo distancia y sin alimentar a los animales.
Sabores locales y consejos antes de viajar
La cocina costarricense se apoya en el arroz, los frijoles, el maíz, la yuca, el plátano, el pescado y las frutas tropicales. El gallo pinto es clásico del desayuno, y el casado reúne arroz, frijoles, ensalada, plátano y carne o pescado en un mismo plato.
En la costa caribeña se suman sabores de herencia afrocaribeña: arroz y frijoles cocidos en leche de coco, pescados especiados y pan de coco. Las sodas, pequeños locales de comida casera, son la mejor forma de probarlo todo a precios accesibles.
Antes de salir conviene reservar el ingreso a los parques más visitados, chequear los requisitos sanitarios y migratorios, y llevar repelente, protector solar y una botella reutilizable, ya que muchos espacios naturales restringen los plásticos de un solo uso.
Una buena guía de Costa Rica no sirve para acumular paradas, sino para tomar mejores decisiones: elegir regiones compatibles, dejar margen para los traslados y respetar el ritmo de cada parque es, al final, la mejor forma de conocer el país.
Una guía completa para hacer trekking en Merlo, San Luis: descubrí cómo recorrer por tu cuenta Pueblo Escondido y el Salto del Tigre, un antiguo pueblo minero y una imponente cascada en plena montaña.
Buenos Aires, ¿Pensando en irte a descansar unos días a Merlo, San Luis? Bueno, si el plan es realmente descansar, dejate 1 día para poner el cuerpo en movimiento y prestá atención que te voy a contar toda la info para que puedas hacer uno de los treks más famosos de Merlo: Pueblo Escondido y Salto del Tigre. Un antiguo pueblo minero abandonado (o casi) en medio de la nada a la vera del rio y un salto de casi 30mts con una enorme olla abajo para darte un buen chapuzón. A todo esto sumale 1 día de full montaña en medio de la nada.
A mí me suena a planazo, y si tenés pensado seguir leyendo, es porque a vos también (vengan esos 5 🖐️)
Si ya andás por Merlo, seguro habrás visto que estos destinos son ofrecidos por todas las agencias de viajes locales, porque claro, como te dije antes son clásicos de la zona.
Podés optar hacerlo con guía, pero desde ya te digo que no es obligatorio y podés hacer todo el recorrido por tu cuenta sin contratar ni pagar nada.
Como dicen por ahí, la información lo es todo, y para eso estoy acá, para compartírtela y que solo tengas que pensar que día vas a poner el cuerpo en movimiento. Lo primero que voy a aclarar es que es necesario contar con auto o movilidad (taxi, remis, traslado) para poder llegar hasta el puesto desde donde arrancás a caminar. Si contás con 4×4 vas a poder avanzar un poco más todavía, pero la diferencia solo suma 10-15′ de caminata, nada grave. Hecha esta aclaración, ponemos primera…
Pueblo Escondido y Salto del Tigre
Como comenté recién, lo primero que hay que hacer es llegar hasta el puesto donde podés dejar el auto/moto/camioneta y empezar a caminar. Estamos hablando del Parador La Loica. Este punto es importante porque tiene wifi libre (único de la zona, aprovechá a mandar un último mensaje), ya que en medio de la montaña solo ocasionalmente te puede agarrar algo de señal el celular y te caerán algunas notificaciones, pero no más que eso.
TENER EN CUENTA QUE VAN A NECESITAR EFECTIVO (en La Loica si agarrás el wifi podes transferir, más adelante ya no). Acá vas a estacionar (se pide una colaboración a voluntad por dejar el auto todo el día), también si es tu primera vez te van a comentar de como hacer todo el recorrido, y al mismo tiempo vas a poder comprar algo para tomar o comer, solo hay algunas opciones ya que es en medio de la nada. Aclaración importante: no hay baño disponible, desde acá en adelante todo queda en manos de la naturaleza (?).
Así que agarrá todo lo que necesites, cerrá bien el auto, asegurate de tener agua, escuchá las indicaciones, recargá el termo de agua caliente si te la tomaste en el camino de ida hasta ahí y arrancá a caminar. Desde Merlo hasta este punto son aprox. 45-60′ de auto, podés buscarlo con su nombre fácilmente en Google Maps, es pasando el famoso Filo de Merlo. Desde este último punto el camino se vuelve de ripio en estado aceptable para hacerlo con cualquier vehículo. Les dejo el link a la ubicación en el mapa.
Llegando al puesto de Tono
Luego de uno 15-20′ de caminata vas a llegar al Puesto de Tono Albornoz (también aparece en Google Maps), este es el lugar donde vas a poder dejar tu 4×4 si andás con una, desde acá todos tienen que caminar, no hay más camino. Nuevamente te van a dar unas indicaciones y por tener que pasar por sus tierras te van a pedir pagar una módica suma de $2.000.- por persona. Habiendo hecho todo esto, a seguir caminando…
Toda esta parte es bastante sencilla, solo deben preocuparse por seguir la huella/sendero y disfrutar de la nada misma: solo monte y pastos. Su próximo objetivo es llegar hasta la siguiente tranquera (tal como les van a explicar en lo de Tono Albornoz). Son aproximadamente unos 30′. Una vez ahí van a tener que tomar una difícil decisión: naaa mentira, solo la parte de elegir. Si doblan hacia la derecha, en unos 15-20′ van a encontrarse con el Salto del Tigre. Para comenzar este recorrido también piden una módica suma por tratarse de tierras de otros dueños, lo cierto que cuando nosotros lo hicimos no había nadie, así que no tuvimos que pagar. La verdad es que este tramo es bastante sencillo, van a llegar primero a un mirador por sobre el salto, y si continúan caminando agarran la bajada hasta el pie de la olla y el salto: solo resta elegir un lugar para relajar un rato.
Si te lo preguntás, si, el agua está fría
Por otro lado, si doblan hacía la izquierda, y yendo siempre del lado derecho del alambre, van a dirigirse hacia Pueblo Escondido. Esta quizás es la parte más fuerte de todo el recorrido. Bueno, la ida al ser todo en bajada (tengan en cuenta que están en la parte alta de la sierra y Pueblo Escondido queda a la vera del río) es más sencillo, pero cada paso que des hacia abajo después lo vas a tener que hacer en sentido opuesto para volver. Ojo! nada alarmante, se hace sin problema. En su camino van a pasar por una vieja construcción de piedra, y hacia la derecha sobre la ladera de un cerro van a ver un camino zigzagueante que une el pueblo con la entrada a la mina en lo alto (desde el pueblo hasta se llegan a ver las torres donde seguramente operaba el cable carril). Ya realizada la gran bajada hasta cerca del río van a ver el pueblo desde un mirador, ya casi estamos!! Ahí nomás bajan esa última parte, y luego de cruzar el río van a entrar en la zona del pueblo. Momento de disfrutar de este pequeño rincón de historia de Córdoba y San Luis (se accede por Villa de Merlo pero el pueblo se ubica dentro de la provincia de Córdoba).
Historia: Si te preguntás sobre el origen de la mina, comenzó a operar a finales del siglo XIX, de allí se extraía el tungsteno (wolframita), un mineral fundamental principalmente para, por ejemplo, la industria armamentista y aeronáutica, además de herramientas de corte, blindajes, etc, ya que es extremadamente duro y su punto de fusíón es altísimo: más de 3400°C. No es casualidad que sus momentos de mayor auge fueran durante las guerras mundiales. Por el agotamiento del mineral de alta calidad y la caída del precio internacional del mineral fue que en 1969 la mina cerró definitivamente y el pueblo quedó en el abandono, siendo hoy un punto turístico de la zona. Pero en su auge llegó a tener una usina propia, hospital, viviendas para mineros y personal, cable carril de 300 mts y oficinas.
En el pequeño pueblo, aparte de sacar muchas fotos y caminarlo, vas a poder comer algo (hay una especie de cafetería/resto que ofrece algunas opciones, llevar efectivo si o si), o como hicimos nosotros, nos llevamos el almuerzo y metimos picnic junto al rio.
Recargá energías para la vuelta que hay que subir un poco, Pero atentos, tenés la opción de contratar caballos para que te lleven de vuelta, cuando fuimos había unos baqueanos con caballos ofreciéndolo (cobraban algo así como $45mil por caballo/persona). Nosotros volvimos a pie y nos fuimos directo para el Salto del Tigre para tomarnos unos mates allá, pero queda en cada uno.
El sendero por la montaña para llegar al pueblo
Como ya mencioné, una vez dejado atrás Pueblo Escondido, hay que deshacer el camino de nuevo hasta el punto donde eligieron hacia donde doblar después de la tranquera. Presten atención a la vuelta de hacerlo siempre con el alambre a su derecha, es muy fácil confundirse porque el terreno es prácticamente todo igual con sus clásicos pastizales.
Nuestro plan fue almuerzo en Pueblo Escondido y mates y chapuzón por la tarde en Salto del Tigre, y la verdad que estuvo muy bien. Nos llevamos almuerzo, termo lleno, fruta, algún snack, mucha agua y malla para cambiarnos y no volver todos mojados. Clave llevar gorra, protector solar (si les toca despejado como a nosotros el sol es fuertísimo) y agua suficiente.
Adivinen quienes se olvidaron los gorros… siempre con glamour 😅
Una vez hecho el recorrido por ambos lugares solo queda tomar la vuelta por donde comenzamos y llegar nuevamente hasta el Parador La Loica (o el Puesto de Tono Albornoz si andás en 4×4) para subirse al auto y volver a casa después de un gran día. Como pueden ver se puede hacer tranquilamente sin guía ni tour, lo más complicado en caso de no contar con auto es conseguir transporte hasta La Loica para la ida y que los busquen a la vuelta. ¿Te quedó alguna duda? Si vas a hacerlo contame como te fue cuando volviste!